Inicio Bitácora del Peregrino Rocamadour

Rocamadour

por Horacio Espinosa
vista panorámica de la colina de Rocamadour.

Un poblado bellísimo en la cima de un acantilado. Cómo María fue ganando mi corazón sin que yo lo notara.

Enclavado en el valle del Dordoña en la región de la Occitana Francesa, a unos 254 km de la ciudad de Burdeos y 160 km de Toulouse el pueblo de Rocamadour se eleva sobre un acantilado calcáreo de aproximadamente 150 metros de altura. Desde la cima se toma real dimensión del bosque que lo rodea, es uno de esos sitios en donde se puede admirar la creación del Señor. Uno comprende entonces el motivo por el que este lugar sagrado es uno de los más visitados de Francia.

Se cree que antes de la llegada de los romanos ya era considerado un lugar santo. No obstante, los primeros vestigios de alguna capilla datan del siglo VI y los relatos escritos de milagros otorgados por Santa María de Rocamadour son aún posteriores.

El santo del nombre

Alrededor del año 1160 monjes benedictinos encontraron el cuerpo incorrupto de San Amador bajo una roca en la zona que hoy lleva el nombre de Ròc Amador. Se dice que un habitante del lugar quiso ser enterrado (por inspiración divina) a la entrada del oratorio y que cuando se comenzó a cavar en la tierra aparecieron los restos del santo. Tras el hallazgo, los religiosos decidieron colocarlos en el altar de la iglesia y mostrarlo a quien lo quisiera ver.

Según una leyenda difundida por los propios monjes, Amador era en realidad Zaqueo, el personaje bíblico de baja estatura que en Jericó trepó a un árbol sicomoro para ver a Jesús. Luego del encuentro se convirtió al cristianismo y, en cumplimiento de una promesa hecha al Hijo de Dios, repartió la mitad de sus bienes y todo aquello que había adquirido ilegalmente.  

Se cree que Zaqueo se casó con la Verónica (la mujer que secó la cara de Jesús durante el vía crucis con un paño en el que quedó impreso el santo rostro). Ambos habrían navegado gracias a un viento divino hasta  la montaña de Rocamadour y vivido como eremitas en una de sus grutas.

Madre de los Peregrinos

Con el tiempo, se construyó la primera capilla de la localidad. Data de 1479 y está dedicada a Nuestra Señora de Rocamadour, en honor a la imagen que guarda.

Hubo un tiempo en el que se pensaba que la escultura de María había sido obra de San Amador y que San Lucas lo había ayudado, pero la verdad es que se trata de una estatua realizada en el siglo XII. Se la conoce cariñosamente como Virgen Negra debido a su tez oscura. Posiblemente, como ocurre con el Cristo Negro de Esquipulas en Guatemala, el color esté relacionado con las velas e inciensos allí encendidos durante años.

La Santa Madre tiene los ojos cerrados y en su rodilla izquierda está sentado el niño Jesús. Ambos están coronados. La imagen se corresponde con las llamadas “relicarias” o “maiestas mariae” (la Virgen representa el trono de su hijo y a la Iglesia frente a la divinidad), que fueron muy populares durante la Edad Media y tuvieron gran aceptación en los estilos románico y gótico.

Desde hace varios siglos, la escultura mariana de rostro fervoroso, sonrisa esbozada y manos tendidas recibe a peregrinos de distintos países. Reyes (Luis IX de Francia, Enrique II de Inglaterra y Alfonso III de Portugal), predicadores (Domingo de Guzmán y Antonio de Padua), y nobles se han acercado para pedir, agradecer y alabar a Dios a través de María.

En la Edad Media, el Camino Francés de Santiago comenzaba en Santa María de Rocamadour. Aunque en la actualidad inicia en otra localidad, en el sendero hay imágenes de la Virgen Negra en clara referencia al camino original.

Si bien se puede ir descendiendo desde la parte alta de la ciudad, históricamente el peregrinaje no consistía sólo en llegar al poblado sino también en subir de rodillas los 216 peldaños de la escalera que conduce a la ciudad religiosa (siete iglesias). Hoy en día, hay gente que lo sigue haciendo y ofreciendo. Es algo realmente doloroso, los escalones son de piedra caliza y es necesario realizar un gran esfuerzo físico para ir escalando de esa forma. Sin embargo, no hemos visto rostros de sufrimiento, al contrario, percibimos la fe y la esperanza de los devotos. Al alcanzar el punto más alto, los peregrinos visitaban los santuarios y dejaban objetos en ofrenda.

Muchos católicos han testimoniado sobre los favores obtenidos gracias a la intercesión de Nuestra Señora de Rocamadour en el “Libro de los Milagros”, encontrado en 1172. La obra presenta más de 126 hechos narrados como crónicas personales.

El poblado y los templos

Para ir desde la zona más baja de la ciudad hasta los templos religiosos, hay que seguir un camino entre edificios que se adentran en el acantilado. Paso a paso, uno va descubriendo el poblado que surgió alrededor de la Virgen.

La iglesia más grande del Santuario de Rocamadour es la Basílica de San Salvador, en cuya cripta descansan las reliquias de San Amador. La parroquia está catalogada como Patrimonio Mundial por la UNESCO. Su nave central es un enjambre de arcos diagonales que acaban en bóvedas de crucería.

Cerca está la capilla de Nuestra Señora de Rocamadour. En el exterior, llama la atención una espada incrustada en la roca. Se dice que el arma se llama “Durandal” y que el héroe Roldán (sobrino de Carlomagno) la clavó en ese lugar para que no cayera en manos enemigas.

También se puede visitar la Capilla de San Juan Bautista. Es la de menor dimensión pero tiene en su interior una pila bautismal (es el único de los lugares santos en donde se permite el bautismo). Fue construida en el siglo XV y conserva su pórtico gótico original. Tiene pinturas murales de los reyes y personajes más importantes que llegaron a Rocamadour como peregrinos anónimos.

A finales de la Edad Media, la Iglesia adjudicó perpetuidad de indulgencias plenarias a las personas que reciben los sacramentos de la penitencia y de la comunión en Rocamadour el día de la fiesta de San Juan Bautista (24 de junio) cuando la fecha coincide con Corpus Christi.

Hay también otra capilla, que desde el domingo 16 de octubre de 2011 está consagrada a Nuestra Señora de la Ovalada (por la forma de la pelota de rugby). Si bien no es antigua, creo que es la que usó María para motivarme a visitar este Santuario. Siempre me gustaron los deportes y llegar allí no fue casualidad.

La existencia de templos relacionados con el Rugby no es una novedad. En la comuna francesa de Larrivière-Saint-Savin hay una capilla bajo el patronazgo de “Nuestra Señora del Rugby” y sus feligreses regalaron a Rocamadour una réplica de esa advocación esculpida en madera. 

Según el rector del santuario, la capilla es el lugar de oración de jugadores activos y veteranos y de sus familias y amigos. Por eso es que se ven muchas camisetas de clubes de rugby entregadas como agradecimiento.

Por otra parte, se pueden recorrer asimismo las capillas de San Blas, San Miguel y Santa Ana. En todas se manifiesta la gracia de Dios.

Vía Crucis

Siguiendo el recorrido lógico del pueblo, uno llega a Nuestra Señora del Oval. Desde allí hay tres maneras de bajar. Una es volver por el mismo camino que subimos; la segunda es tomar un ascensor; y la tercera, que es la que recomendamos como cierre de esta visita es el Vía Crucis.

El sendero es muy lindo porque permite ver bien el bosque, el acantilado y el valle. Pero sobre todo, es emocionante. Uno tiene la oportunidad de agradecer en cada estación por la creación ante sus ojos, mientras medita sobre el padecimiento de nuestro Señor. La última parada está dentro de una cueva natural que se formó en la base del acantilado.

La visita

Aunque visité este pueblo como turista, al tiempo me di cuenta de que en realidad Mamá María era quien guiaba mis pasos. Estaba iniciando mi camino, sin que yo lo notara.

Muchas veces he escrito estas crónicas tratando de plasmar lo experimentado en cada lugar. Sin embargo, no tengo recuerdos de haber sentido mucho en Rocamadeur, nada especial en realidad. Seguramente esto fue porque en ese momento mi corazón estaba cerrado y era María quien estaba empujando la puerta para abrirlo. Hoy, mirando en retrospectiva, entiendo todo.

Nuestra Madre no quiso invadirme. Sabía que ese no era el camino para ganar mi corazón. Así y todo, me acercó con paciencia y sabiduría. Me hizo visitar “como turista” la imagen de Nuestra Señora de la Oval, y desde ese día algo se movió en mi interior.

El impresionante acantilado invita a maravillarse admirando la ciudad suspendida entre la tierra y el cielo. Más allá de los siglos de historias y guerras padecidas, tanto la Iglesia como la imagen permanecen de pie, gracias a la oración constante de nuestra Madre.

Esta bitácora es el ejemplo de que cuando uno tiene el corazón cerrado no ve bien, pero también es la clara explicación de que ese corazón duro, no es impedimento para Maria.

Sinceramente, no noté que estaba en un lugar santo hasta cierto tiempo después, cuando mi corazón se había ablandado. Entonces les pido que no dejen que su corazón se endurezca. Si ya esta duro, sean inocentes como niños para que Maria pueda hacer de las “suyas”.

Vía Crucis

Tips de viajero

• Rocamadour es un pueblo increíble, uno de los lugares más bellos de Francia y además es un lugar Santo.
• Recuerden a tantos peregrinos “famosos” que visitaron el Santuario de forma anónima.
• Prueben el queso de Rocamadour, es un queso de cabra elaborado exclusivamente con leche entera cruda.
• Como en varias regiones de Francia el vino es algo especial, el Amadour rojo es un blend de uvas agradable para beber.
• Imperdible el foie gras, así como el cordero y el pastel de nuez.
• Abran su corazón, sientan en cada paso la dulce compañía de María.

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