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Wenceslao Pedernera, buen padre, buen esposo y hombre fiel a Dios

por Editor mdc
wenceslao pedernera

Este sábado 27 de abril, en La Rioja (Argentina) al igual que Mons. Enrique Angelelli y los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville, el laico Wenceslao Pedernera, miembro de la Acción Católica Argentina será elevado a los altares como beato mártir. Conozcan su historia.

Hombre de campo, esposo y padre de familia, trabajador solidario, Wenceslao  nació en Los Jagüeles, San Luis el 28 de setiembre de 1936. Tuvo tres hermanos. Se conocieron con “Coca” su futura esposa, en 1961, en Mendoza, adonde llegó junto con otro grupo de trabajadores que se dedicaban a enmaderar las viñas.” Cuando éramos novios yo soñaba casarme de blanco y por la Iglesia, yo era muy religiosa pero él no, `yo a los curas no los quiero`, me decía, entonces le dije que no me casaba. Después de unos días volvió para decirme que estaba dispuesto a casarse por la Iglesia”, recordó Coca. Y así lo hicieron el 24 de marzo de 1962.

Wenceslao fue tomado como empleado efectivo en las Bodegas Gargantini trabajando en el control de los viñedos. En la misma finca de Gargantini, se construyó una Iglesia en donde se hacían procesiones y novenas a cargo de sacerdotes misioneros y a las que asistían muchísimos fieles. En una novena, Wenceslao fue tocado por un mensaje bíblico que cambió su forma de pensar sobre la fe y la Iglesia.

Con Coca trabajarán activamente junto al P. Plaza en la Comisión ProTemplo. Cuenta Coca: “A partir de eso Wenceslao se entusiasmó mucho, no le importó más nada. Lo único que le interesaba era Cristo y la Iglesia. En ese contexto, conocieron a Carlos Di Marco y Rafael Sifréque  que  tenla animación del cooperativismo rural en Mendoza, (a través del Movimiento   Rural  de Acción  Católica (1)) y más tarde en La Rioja. A través de ellos se vinculan a Mons. Angelelli. (2)

Rumbo a La Rioja

En una Iglesia junto a los pobres en la defensa de los derechos de los trabajadores de la tierra, y la mejora de sus condiciones de vida. En 1973 se trasladó con su familia a La Rioja luego de haber sentido el llamado de Mons. Enrique Angelelli que convocaba a los campesinos a formar el MOVIMIENTO RURAL DIOCESANO , nueva denominación del Movimiento Rural de AC cuando la CEA lo disuelve a nivel central y lo deja en manos de cada Iglesia diocesana para animar la promoción del trabajo cooperativo de los campesinos, la defensa de los derechos de los trabajadores de la tierra, y la mejora de sus condiciones de vida.

En una Iglesia que había optado por estar junto a los pobres y marginados, Wenceslao con su esposa y sus hijas se sumaron a este proyecto desde el ancho surco de la tierra riojana, sedienta de respeto y dignidad de los trabajadores.

Wenceslao vivió como un vecino más en Sañogasta, intentando hacer concreto y práctico el mensaje del Evangelio y defendiendo los derechos de sus compañeros campesinos.

Maria Rosa su hija lo recuerda así  “son los más bonitos y preciados, fue un hombre callado no era de mucho hablar, pero siempre hacia las hijas tenía el consejo muy latente de que fuéramos unas personas de bien, siempre inculcándonos la solidaridad que el practicó, fue generoso y un hombre de no estar metido en problemas, al contrario trataba de solucionar los problemas principalmente de la gente humilde y en lo que él pudiera colaborar estaba presente”.

“No odien”

Por su compromiso de trabajador cristiano fue salvajemente acribillado a balazos en su propia casa el 25 de julio de 1976.  Julio Saquero, compañero de Wenceslao, relata: “Los sicarios fueron a la casa parroquial de Chilecito buscando al cura francés André Serieye a quien no encontraron. Después, frustrados, fueron a buscar al sacerdote van a Sañogasta, al predio donde Wenceslao iniciaba con su esposa las tareas para la creación deuna cooperativa de trabajo. Llegaron al anochecer, él les abrió la puerta, le preguntaron por el cura. «No sé dónde está» respondió, y eso fue todo. Lo mataron frente a su esposa y sus tres niñas. No le dieron tiempo a terminar de comprender, a entender de qué se trataba la cosa. Llenaron su cuerpo de balas y allí quedó, tendido en el umbral del sueño que comenzaba a acariciar.

Los  testigos presenciales cuentan  que entre sus últimas palabras dijo a sus hijas: “No odien.” Como Jesús, tuvo palabras de perdón hacia quienes lo habían matado.

Fuente: Acción Católica Argentina y Vatican News.

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