“La Iglesia no evangeliza si no se deja evangelizar constantemente” (EG 121)
En tiempos de inmediatez, viralidad y tendencias fugaces, la Iglesia también se hace presente en el universo digital, donde millones de personas —sobre todo jóvenes— buscan respuestas, sentido y consuelo. En este entorno, han surgido sacerdotes católicos que han decidido utilizar plataformas como TikTok, Instagram o YouTube para anunciar el Evangelio con un lenguaje nuevo y formas creativas. Su presencia es valiosa. Sin embargo, no está exenta de tensiones. ¿Cómo mantenerse fiel al mensaje de Cristo sin diluirlo en entretenimiento vacío? ¿Cómo evangelizar sin caer en la banalidad?
La exhortación apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco señala con claridad: “La Iglesia no evangeliza si no se deja evangelizar constantemente” (EG 121). Esto implica que también los sacerdotes que usan las redes sociales deben estar en constante discernimiento espiritual para no desvirtuar su misión. La evangelización digital no es una estrategia de marketing, sino un acto de entrega, de testimonio, de servicio.
En un mensaje a comunicadores católicos, el Papa León XIV advirtió: “No basta con estar en las redes, es necesario saber por qué estamos allí. La evangelización no es una atracción para ganar multitudes, sino una misión que toca el alma.” Esta frase resume la urgencia de no dejarse llevar por la lógica del algoritmo, sino por la lógica del amor, de la verdad y de la fidelidad a Cristo.
El Papa Francisco también lo expresa en Evangelii Gaudium: “La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (EG 114). Ese debe ser el espíritu que mueva también las redes sociales: mostrar un rostro auténtico de la Iglesia, cercano, esperanzador y sin máscaras.
Los sacerdotes influencers tienen una oportunidad única: llegar a miles de personas que quizá nunca entrarían a una iglesia, pero que pueden abrir su corazón a través de una pantalla. Sin embargo, esa oportunidad viene con una enorme responsabilidad: la de ser fieles a su vocación, cuidar la dignidad de su ministerio y evitar que el deseo de reconocimiento desvíe el centro de su mensaje.
No se trata de eliminar la creatividad —la Iglesia necesita evangelizadores alegres, inteligentes y actuales—, sino de recordar que “la novedad del Evangelio no consiste en las formas externas, sino en el fuego interior del amor de Dios” (León XIV, Mensaje a la Pastoral Juvenil, 2024).
Frente al riesgo de banalización, el discernimiento es clave. Cada publicación, cada video, cada mensaje en redes debe preguntarse: ¿Esto edifica? ¿Anuncia a Cristo? ¿Lleva al encuentro con Dios?
La evangelización digital puede ser terreno fértil si se siembra con verdad, humildad y alegría. El reto no es menor, pero tampoco es imposible. Como recordaba el Papa León XIV: “El influencer de Dios no busca aplausos, sino almas que quieran caminar hacia la luz.”
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