Inicio Personajes “No teníamos nada porque lo habíamos perdido todo a causa de la guerra”

“No teníamos nada porque lo habíamos perdido todo a causa de la guerra”

por Editor mdc

Martinho Mateus da Silva es un mozambiqueño que se ha establecido en Italia. Es el fundador y ex presidente de los mozambiqueños que viven en la península. Le pedí que compartiera su historia en el contexto de la visita que el Papa Francisco hará a su país del 4 al 6 de septiembre.

“Mi padre murió durante la guerra civil. Fue quemado en un coche. Lo redujeron a cenizas, ni siquiera vimos su cuerpo. Pero no fue sólo él”. Martinho me narra su drama, que es mucho más grande del pequeño círculo de sus seres queridos. “También perdí muchos tíos y parientes durante la guerra. Muchos mozambiqueños abandonaron el país y terminaron como refugiados en Zimbabwe, Zambia, Malawi y Tanzania. Nuestra familia no fue a un campo de refugiados. Nos quedamos en casa, pero de niños pasamos nuestras vidas huyendo de nuestro pequeño pueblo de InhaIania Barue (provincia de Manica) al bosque, donde nos escondíamos por miedo de los combates o de ser capturados”.

Cuando le pedí a Martinho una entrevista estaba precisamente buscando algunos testimonios breves de un líder de la comunidad mozambiqueña en Italia. Quería tener su impresión general sobre la visita del Papa a su tierra natal. Sólo cuando empecé a hablar con él me di cuenta de lo mucho que esta visita del Papa Francisco tiene un impacto personal para él y para muchos otros mozambiqueños. Agradecen que el Papa haya elegido dar voz a su dolor y a sus luchas. La visita del Papa Francisco significa mucho más para ellos.

Sobreviví por la gracia de Dios y por nuestra madre

Las primeras impresiones son engañosas. Cuando conocí a Martinho, estaba tratando con una persona amigable, sociable, de sonrisa relajada y cálida. Habla cuatro idiomas europeos. Trabaja para el Vaticano y ha pasado los últimos 15 años en Italia. Martinho está casado con una keniana y tiene tres hijos. Pero a pesar de este aparente éxito, las cicatrices de una brutal guerra civil y de una infancia robada siguen vivas en su corazón.

“Nunca tuve la oportunidad que tienen tantos niños pequeños de jugar y ser despreocupados como ellos. Muchos de nuestros vecinos y familiares murieron durante la guerra civil”, me repite con una mirada que revela un dolor sordo.

“¿Cómo sobreviviste y llegaste adonde estás?”, le pregunto. “Fue sólo gracias a Dios y a mi madre”, confiesa. “La familia se mantuvo viva gracias al ingenio de nuestra madre, que insistió también en que sus hijos fueran a la escuela a pesar de todo”. Para Martinho es un episodio difícil de contar.

“No teníamos nada porque lo perdimos todo a causa de la guerra. Mamá iba a buscar la comida que nos permitiese seguir adelante y así comíamos”, dice. Hasta ahora, no sabe cómo su madre haya podido encontrar para la familia esas pocas cosas que poner bajo sus dientes desafiando la guerra y la implacable sequía que azotó el sur de África en la década de 1990. Y las cosas no siempre iban bien: “La mayor parte del tiempo nos quedábamos sin comida. A menudo sólo comíamos una vez al día. Las tiendas más cercanas donde se podía comprar cualquier cosa estaban en Zimbabwe, al otro lado de la frontera, a casi 100 kilómetros de distancia. Era un viaje peligroso. Uno podía morir o ser capturado a lo largo del camino”, recuerda Martinho. Y existía siempre el peligro de las omnipresentes minas antipersonas.

Martinho Mateus da Silva con su familia y amigos en la parroquia Santa Ana en el Vaticano

Un nuevo acuerdo nacional de paz para Mozambique

Mozambique obtuvo su independencia de Portugal en 1975. Pero la euforia de la independencia pronto se evaporó. Luego estalló una guerra civil entre las fuerzas gubernamentales, Frelimo, y el movimiento rebelde de oposición, Renamo. Resultó ser una guerra amarga y demasiado larga. Un millón de personas murieron en los dieciséis años de lucha, algunas de ellas a causa del hambre, pero otras miles por heridas o mutilaciones causadas por las minas antipersonas. Cinco millones de ciudadanos se vieron obligados a huir de sus hogares.

El Acuerdo de Paz de Roma de 1992, con mediación internacional, puso fin oficialmente a la guerra civil. En líneas generales, Mozambique ha vuelto a una forma de paz y normalidad, aunque en el fondo siempre ha permanecido una atmósfera de tensión. En 2013, Renamo fue acusado de haber atacado autobuses, trenes y estructuras. El gobierno reaccionó con fuerza y de repente la nación parecía estar al borde de una nueva guerra civil.

Ahora no hay terreno fértil para la guerra en Mozambique y esto hace que las perspectivas de paz sean más posibles. Frelimo también entendió que para hacer prevalecer la paz es necesario, de alguna manera, compartir el poder a través de un gobierno descentralizado o federal.

Los medios locales afirman que el nuevo acuerdo de paz (firmado en agosto de 2019) es prometedor, porque es una iniciativa local. Los mediadores internacionales de la comunidad de Sant’Egidio de Roma, el ex presidente Jakaya Kikwete de Tanzania, las Naciones Unidas, la SADCC, el embajador suizo en Mozambique, Mirko Manzoni, los mediadores Neha Sanghrajka y Jonathan Powell, han contribuido. Pero al final, es sobre todo un pacto de paz nacional y local. Fue guiado por el Presidente Filipe Nyusi y el difunto líder de Renamo, Afonso Dhlakama. Posteriormente, continuó el diálogo entre Nyusi y el nuevo líder de Renamo, Ossufo Momade.

Sorprenderemos al Papa Francisco con alegría

Le pregunté a Martinho qué piensa de la visita del Papa Francisco a Mozambique. Me dijo: “Sorprenderemos al Papa Francisco con alegría, especialmente durante la Misa en el estadio de Zimpeto. Estamos felices porque sabemos que el Papa Francisco irá a Mozambique a consolar a la gente y a traer paz y esperanza, especialmente esperanza. Necesitamos esperanza en Mozambique ahora mismo. Nunca hemos tenido realmente paz desde los tiempos coloniales en 1964, cuando comenzó la guerra de liberación por la independencia”, dice Martinho.

Perdón, perdón y perdón

¿Cuál es el futuro de los mozambiqueños?

“Para los mozambiqueños de mi generación y para los mayores, aún persisten algunos rencores por la guerra y el duelo sufrido. Pero los mozambiqueños tenemos una responsabilidad para con la generación del futuro. Debemos perdonar y empezar de nuevo”, afirma Martinho. “Sí, las heridas se curan con el perdón”, me repite convencido.

Fuente: Vatican News /Autor: Paul Samasumo.

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