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10 Minutos con Jesús. Hoy: Saber ser María sin dejar de ser Marta.

por 10 Minutos con Jesús

En este segundo sábado de octubre compartimos la tercera entrega de las meditaciones que difunde el equipo de 10 Minutos con Jesús. El equipo de 10 minutos con Jesús está conformado por Sacerdotes y laicos de EE.UU, México, Inglaterra, España, Colombia, Kenya, Filipinas, que hacen posible que miles de personas de todo el mundo pasen 10 minutos diarios de conversación con Jesús a través de WhatsApp, Spotify, Telegram, Instagram, YouTube, Ivoox, Podcast de Apple, Google Podcast…

Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para sacar fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José padre y Señor Ángel de mi Guarda, interceded  por mí.

Hay una película que se llama City Slickers,  que  en castellano la tradujeron como Cowboys de ciudad. Pues hay un momento en la película en que uno de los personajes le pregunta otro si sabe cuál es el secreto de la vida. El otro le responde que no y el personaje que preguntó le enseña su dedo índice sonriendo y le dice “esto”.  Únicamente una cosa. Si  te aferras a ella lo demás no importa. Ese es el secreto de la vida: una cosa. Hay sabiduría hasta en las películas más baratas:

Una cosa: El Evangelio

Esto  viene a cuento por el pasaje del Evangelio que meditamos hoy. Sabemos que tú, Jesús, estabas a gusto en el hogar de Betania, en la  casa de Lázaro; Marta y María. Marta se afanaba para dar abasto con el servicio y María estaba sentada a los pies del Señor, escuchando su palabra. Las dos afanadas. Una con las cosas de la casa y la otra con escucharte a ti, Señor. ¿Por qué siempre parece que una estaba activa y la otra pasiva? Pero no. Las dos estaban activas. Las dos estaban haciendo algo: Y como se recuerda,  en un momento dado Marta se enfada -como hacíamos nosotros en casa de mis padres cuando uno estaba poniendo la mesa y tu hermana viendo la televisión-. Pues en esta familia también pasaba. Marta se plantó delante. Me la imagino con los brazos en jarra, dirigiéndose a Jesús:  “Señor, ¿nada te importa que mi hermana me deje sola con el trabajo de la casa?. Dile pues que me ayude”. Marta parecía muy segura de que ella estaba haciendo lo correcto y su hermana no. Pero se equivocaba. Y tú Jesús le miraste con una sonrisa para apaciguar el enfado -quizá incluso le animaste a sentarse- y le dijiste con cariño: “Marta, Marta,  tú te preocupas y te inquietes por muchas cosas y en verdad una sola es necesaria. Una cosa, únicamente una cosa. Pues María  ha escogido la mejor parte que no le será arrebatada”. Fíjate todo lo que estaba haciendo Marta. Lo hacía por Jesús. La solicitud de Marta para que no le falta el Señor el agua en la mesa o  el pan. Las dos atendían a Jesús. Para Jesús iban todas sus atenciones. Marta atendía a Jesús en sus necesidades, pero María atendía a Jesús en sus palabras. Una sola cosa es necesaria. Únicamente una cosa.

Misterio revelado

Pero como se recuerda en la película, había que descubrir cuál era esa cosa. Pues tú, Jesús ya nos ha resuelto. La duda, esa cosa,  es la oración. ¡Qué importante es sentarse y escucharte Jesús! La oración es  precisamente para  los que tenemos muchas cosas que hacer. Los que a veces no sabemos ni por dónde empezar. Tenemos la lista de cosas tan larga que la escribimos en un rollo de papel de cocina 10 metros y sin embargo una sola cosa es necesaria. Contaba un periodista que fue a hacer una entrevista al cardenal Ratzinger, cuando éste era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Aparte de todos sus trabajos en la congregación, Ratzinger daba conferencias,  producía libros al ritmo que mi madre produce torrijas; atendía entrevista, daba clases, contestaba muchísimas cartas personalmente y, además, todos los días tocaba el piano. Al acabar la entrevista,  mientras recogía sus bártulos, el periodista le preguntó cómo conseguía hacer tanto cada día. El cardenal  le contestó  muy sencillo, diciéndole que a todas sus actividades diarias siempre le añadía un buen rato de oración.  

Como María

Cada día, añadir un rato de oración,  de silencio en la presencia de Jesús. Sentado como María contemplando al Señor: Una sola cosa es necesaria y lo demás no. Una sola cosa es prioritaria. Es la cosa que cambia a todas las demás. El  13 de noviembre en el año 2009 en Holanda, celebraron el día del dominó. Ese día se batió el récord del mundo de efecto dominó. En concreto colocaron  4.491.863 fichas de dominó en línea -hay gente que realmente no tiene nada que hacer-. Todo el espectáculo comienza con una sola ficha. La caída de todas las fichas juntas desencadenó una energía increíble. A  raíz del efecto dominó se hizo una investigación de física para averiguar si una pieza de dominó puede tirar a otra que es más grande;  y el resultado teórico era que una podía tirar una pieza que era 50% más grande y el experimento lo demostró.

La oración, nuestra primera pieza

Nuestra primera pieza es la oración. Nuestro diálogo con Dios. Si esa pieza está en su sitio, las demás caerán también. Los que estamos muy ocupados tendremos que dejar cosas sin  hacer, pero la oración nunca. Este diálogo nuestro contigo Jesús nos da energía para hacer todo lo demás: Hay muchas cosas urgentes en la vida. Pero ninguna más urgente que hablar con nuestro Dios. Cuentan de San Juan Pablo II que un día vino uno de sus secretarios al oratorio donde el Papá estaba. El Papa llevaba ya un rato rezando y el secretario le interrumpió ya que un asunto importante requería de su atención. El Papa  asintió con la cabeza pero siguió rezando. El  secretario se quedó al lado del Papa como para poner un poquito de presión y el Papa seguía rezando. Al cabo de unos minutos el secretario insistió con que el asunto era urgente y después muy urgente. Pero el Papa siguió rezando. Al final, San Juan Pablo II le miró y le dijo que si el asunto era importante entonces el Papa tenía que rezar. Si es urgente, entonces el Papa debía rezar más: Y si era muy urgente, entonces el Papa debía rezar mucho.

La oración es para gente ocupada. Para los que tenemos mucho que hacer. Para los que tenemos muchas cosas entre manos  Marta tenía muchas cosas que atender en aquel día, pero una sola cosa era necesaria: atender a Dios que estaba en su casa.

Aprender a orar

Padre, enséñanos a parar y sentarnos a tus pies. Que aprendamos a aparcar todo durante un momento –los mensajes de WhatsApp, los correos electrónicos,  lo que sea- para atender a tu necesidad de ser escuchado. Atenderte a ti, Jesús, a la Santísima Virgen. Saber escuchar a Jesús en silencio. Madre, ¡cuánto tiempo te pasaste ahí contemplando y escuchando a tu hijo! Ayúdame Madre a que nunca deje la oración diaria. Te doy gracias Dios mío por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en  esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra.

Madre mía inmaculada, San José  mi padre y Señor Ángel de mi Guarda, interceded por mí.

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1 comentario

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Tulio del Cid octubre 12, 2019 - 3:25 pm

Precioso!! Muchas gracias por su apostolado y entrega!! Muchas Bendiciones!

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