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Becciu: “Beata María Emilia Riquelme amaba la verdad y luchó por ella”

por Vatican News

El cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, ha pronunciado la homilía en la misa de beatificación de María Emilia Riquelme, celebrada el  sábado 9 de noviembre en la catedral de la ciudad de Granada.

María Emilia Riquelme y Zayas es fundadora de la Congregación de las Misioneras del Santísimo Sacramento y de María Inmaculada. La congregación tiene su sede en Granada, pero está presente en México, Colombia, Bolivia, Brasil, Estados Unidos, Angola, Filipinas, Portugal y otros lugares de España.

El cardenal Becciu subrayó el aporte de la segunda lectura de San Pablo, la oferta de un criterio para medir la vida cristiana: “un parámetro para verificar cuánto ha crecido la Gracia puesta en nosotros en el Bautismo: ¡ser el templo del Espíritu de Dios! La conciencia de ser un «templo espiritual» de la presencia de Dios no puede dejarnos indiferentes, nos estimula a dar frutos de buenas obras, cumpliendo así nuestros compromisos bautismales”.

Y continuó, afirmando: “Esta conciencia ha marcado toda la existencia de una hija de esta tierra, la Beata María Emilia Riquelme y Zayas, fundadora de las Misioneras del Santísimo Sacramento y de María Inmaculada. Hoy recibe el reconocimiento de sus virtudes y de su santidad de vida, porque en ella veneramos a un cristiano ejemplar, un alma de Dios, desprendida de todo lo mundano”. El cardenal prosiguió: “Todo esto fue posible gracias a su profunda y viva fe en el misterio de Dios, que fue la luz que la iluminó hasta el final”.

Recuerda Becciu que a ella le gustaba repetir: «Dios es toda mi vida» (Summa., 20). Su extraordinario amor a Dios se expresaba sobre todo en la Eucaristía; allí donde iba, buscaba en primer lugar las iglesias en las que se realizaba la adoración eucarística. «La Eucaristía es el paraíso de la tierra. La adoración es mi hora en el cielo, mi recreación y descanso espiritual», confió a sus hermanas.

La importancia de la eucaristía en la vida de la nueva beata es enorme. Fue vivida con constancia particularmente llamativa. “Su vida se presenta como un camino gradual de profundización y maduración, guiada por la perspectiva eucarística como fuente de una caridad con un claro aliento eclesial y misionero. Nos encontramos ante una religiosa mística y, al mismo tiempo, de gran espíritu apostólico”, afirmó Becciu.

El cardenal Becciu hace memoria de dos mujeres presentes en los Evangelios: Marta y María y cuya actitud está presente en la experiencia de madre María Emilia: “Se acercan a Jesús de una manera diferente pero complementaria (cf. Lc 10, 38-42). Marta es un emblema de aceptación gozosa y acción generosa, preocupada por preparar todo bien y quitar lo que nos impediría alegrarnos de la visita de Jesús, el Salvador de nuestras almas. María, en cambio, es la imagen de Jesús «a sus pies», para escuchar su palabra y contemplarlo mientras nos revela el sentido más profundo de la realidad”.

Y prosigue afirmando sobre María Emilia: “Nos muestra un programa de vida cristiana, que será fructífero si sabemos vivir inseparablemente el servicio de acogida al prójimo y la escucha orante de las palabras del divino Maestro”.

Actualidad de María Emilia

El cardenal insiste: “Su testimonio puede ser un estímulo y un aliento precioso para la Iglesia, llamada también hoy a responder a la necesidad de esperanza que caracteriza a nuestro mundo, ahora inclinado hacia sí mismo y carente de ideales abrumadores.

El profundo amor al Señor se reflejaba en su amor al prójimo, especialmente a los pobres, enfermos y abandonados. Nunca descuidó el ejercicio constante de la caridad hacia los necesitados y el ofrecimiento del sacrificio y la oración por la salvación de las almas.

Amaba la verdad y siempre luchó por ella. Era una persona de carácter decisivo, como dicen los testigos. Ante las dificultades, los malentendidos y la hostilidad, la esperanza era su único apoyo que la guiaba cada vez más en Dios y la mantenía en su habitual tranquilidad de espíritu. Le encantaba decir: «Acepta la cruz que Dios te envía, no busques otra, que es oro para ti».

El cardenal Becciu finalizó la homilía recordando que “Con la beatificación de la Madre María Emilia Riquelme y Zayas, la Iglesia ofrece hoy a la imitación de los creyentes un ejemplo de mujer evangélica que recuerda los valores esenciales del cristianismo y de la consagración: el amor tenaz y exclusivo a Cristo y a su Evangelio, la opción preferencial por los más pobres de la tierra, la oración como raíz fecunda y oculta de nuestro trabajo, el optimismo de la esperanza, el sentido de la justicia, de la alegría y de la confianza, que debe acompañar siempre nuestro testimonio cristiano”.

“Su testimonio puede ser un estímulo y un aliento precioso para la Iglesia, dijo el cardenal Becciu .

Su historia

María Emilia nació en Granada en 1847. Hija de Joaquín Riquelme y Gómez, y María Emilia Zayas de la Vega. Sufrió la muerte de su madre cuando apenas tenía 7 años de vida. En este momento se toma de la mano de la Virgen María, experiencia que la marcará durante toda su vida.

La vida le sonríe, tiene cuanto una joven puede disfrutar: cultura, posición, además de muchas cualidades que la hacen aún más atractiva y delicada. Se siente atraída por la Eucaristía, vive de ella y siente la llamada a una mayor entrega.

Comienza por poner al servicio su tiempo y cualidades en favor de los más pobres en escuelas para niños pobres, catequesis, visitas a prostíbulos, ayuda a familias necesitadas, etc.

A través de estas realidades, María Emilia descubre que Dios tiene un sueño para ella, consagrarse a Dios plenamente como religiosa.

Lo comparte con su padre, pero él no quiere ni oír hablar de ello; resultado; que por consejo del confesor pospone la opción mientras viva. Así sabe esperar y con gran cariño y dedicación lo atiende hasta el último momento en que muere don Joaquín en Sevilla en 1885.

María Emilia no descansa, capta las necesidades de su tiempo y redobla su trabajo a favor de los más necesitados; quiere vivir el sí que hace años dio al Señor.

Hay tanteos de vida religiosa en diversas congregaciones y, al calor de los Ejercicios Espirituales y de la Adoración al Santísimo Sacramento, nace ese despliegue de total entrega, se lanza a cumplir la voluntad de Dios. Abre un camino en la Iglesia con estilo propio… así al anochecer de un siglo surge la Obra de María Emilia, mejor “la Obra de la Virgen” como ella la llama… en honor de Jesús y María; su nombre: Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada.

Se suceden fundaciones en España. Viaja a Roma y obtiene el Decretum Laudis y la Aprobación Pontificia. Ya, casi al atardecer de su vida, casi con sus noventa años ve con alegría la fundación de Brasil, más tarde Portugal…

Muere María Emilia a los 93 años, después de una vida intensa y plena, en la Casa Madre el día 10 de diciembre de 1940.

Hoy la Congregación cuenta con varias casas en España, Brasil, Portugal, Bolivia, Colombia, USA, Angola, Perú, México y Filipinas.

El 28 de abril de 1991 se Clausura el proceso diocesano de Canonización, y en 1996 se entrega la Positio en Roma, donde ya ha sido estudiada y aprobada por la Comisión de Teólogos, Cardenales y Obispos en el año 2011, a la espera de ser aprobado el decreto de Virtudes heroicas de la Sierva de Dios. En 2008 fueron exhumados sus restos, que se encuentran en la Casa Madre.

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