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Epifanía y Navidad

por Editor mdc
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Hemos vivido ya la fiesta de la Navidad, de la fiesta de año nuevo, estamos ahora en el primer Domingo de este año, que como todos los años nos trae la fiesta de lo que llamamos los reyes magos, pero mejor la fiesta de la Epifanía del Señor, escuchemos con atención, la palabra de Dios:

Evangelio según San Mateo  2, 1 -12

HABIENDO nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos    del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron   en Jerusalén preguntando:   «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque    hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo»,   Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén    con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del    país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

   Ellos le contestaron:   «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:   «Y tú, Belén, tierra de Judá,   no eres ni mucho menos la última  de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel»». 

  Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le    precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y    los mandó a Belén, diciéndoles:

   «Vayan y averigüen cuidadosamente qué hay del niño  y, cuando lo encuentren, avísenme, para ir yo   también a adorarlo»,   Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto,   la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos  hasta que   vino a pararse encima de donde estaba el niño.

   Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron   en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo   de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le   ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.   Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran   a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.   

Palabra del Señor

Transcripción de La Voz del Pastor del 5 de enero de 2020

Epifanía y Navidad son como las dos caras de una misma moneda, si en Navidad celebramos el hecho de que el hijo de Dios se hace hombre por nosotros en el seno de la virgen María, en la Epifanía, celebramos como esa salvación que Dios nos trae es para todos los seres humanos,  sin ninguna distinción, la tradición, ha hecho de los tres reyes, tres razas, se dice que uno era blanco, que el otro era amarillo, que el otro era negro, eso es tradición, pero está expresando el sentido profundo que tiene la aparición de estos reyes de oriente, que vienen a adorar al niño.

 Es toda la humanidad todos los seres humanos sin distinción de razas, de culturas sin distinción absolutamente ninguna, todos deben acercarse a cristo nuestro Señor, y reconocerlo como su salvador.

Y por lo tanto esto trae unas consecuencias sumamente importantes, eso significa que si Cristo es el salvador de todos los seres humanos, entonces todos los seres humanos somos iguales, porque todos somos igualmente amados por Dios, todos somos igualmente objeto de la misericordia de Dios, y por lo tanto todos estamos llamados a formar una sola familia, una gran familia que es la humanidad.

 Hoy vivimos brotes nuevos de racismos, de particularismos, de nacionalismos, que hacen difícil cada vez más difícil la convivencia humana, al interior de los países hay choques entre clases, entre tantas cosas que vivieran los seres humanos y no hablemos del panorama internacional donde el papá Francisco nos dice que ya estamos viviendo la tercera guerra mundial por episodios, porque se ha incrementado últimamente como la agresividad de los unos hacia los otros, pues bien esta fiesta de la Epifanía nos tiene que llevar a pensar de que de verdad Cristo es la manifestación del amor de Dios para todos y cada uno de los seres humanos, y por lo tanto que cada uno de los seres humanos es fundamentalmente digno, y hay que respetarlo profundamente, no se puede atentar en ningún sentido contra los derechos inviolables de cada una de las personas, no hay gente más gente menos, estamos en el mismo situación frente a Dios, y por lo tanto todos merecemos el mismo respeto, los mismos cuidados, las mismas oportunidades las mismas posibilidades de ser felices, esto es algo que el Señor nos encomienda a nosotros, porque nosotros sabemos que Cristo nuestro Señor es el salvador de todos, y por lo tanto nuestra tarea es que ese mensaje resuene en el mundo entero, y que por lo tanto todos los seres humanos se escuchen, que son amados por Dios, que tienen una dignidad única, e irrepetible, y que por lo tanto todos seamos capaces de ayudarnos los unos a los otros, para construir un mundo verdaderamente justo, fraterno, solidario, y que por lo tanto viva en paz, esa es nuestra tarea, y esto a partir de reconocer a Cristo, como el salvador de todos nosotros.

 La bendición de Dios todopoderoso, Padre Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre, Amén.

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