Evangelio según san Juan 21, 20-25
Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el que te va a entregar?”.
Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: “Señor, ¿y qué será de este?”.
Jesús le respondió: “Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa? Tú sígueme”.
Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: “El no morirá”, sino: “Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?”.
Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero.
Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.
Volviéndose
1) Amaba: Una cosa es la “opinión privada”, eso lo podemos tener todos y de todos, pero es distinto cuando uno pronuncia ya un “veredicto”. Una cosa es tener convicción de algo y otra cosa es declarar culpable a la persona. Nuestra tarea es detestar el pecado, pero la tarea de Dios es lidiar con el pecador. Dios nos llama a aborrecer el mal, pero no nos llama a aborrecer al malo. Mira la actitud con Pedro, Jesús no lo liquida. Pero también es parte nuestra el condenar, da un cierto placer hedonista. A todos nos gusta condenar, casi que condenar es una droga. Lo vemos siempre en los círculos cerrados y en toda institución. “No te juntes con este, porque es así o asá”. El condenar hasta estimula al ego porque te hace sentir que vos sos mejor que otros. Cada vez que nos enteramos de que alguien cayó en un pecado escandaloso sentimos alivio, porque, comparado con esa persona, ya me veo mejor. Lo curioso, a todo esto, es que Dios no nos compara con la gente mala, sino que nos compara con Él mismo, por eso necesitamos siempre de su gracia y de la fuerza de su Espíritu.
2) De este: El evangelio no tiene que ver con nuestro esfuerzo por arreglar todos los males o quitar los virus del mundo. El evangelio tiene que ver con que Dios reparó nuestra relación con Él a través de la cruz. La vida eterna la tenemos todos, el tema es dónde lo vamos a pasar. La Iglesia no será la respuesta a todas tus necesidades. Tampoco te van a gustar muchas de las cosas que ves en la Iglesia, pero tampoco veas a la Iglesia como solución a todos tus problemas. Dentro de la Iglesia hay gente rota y con pecados, hasta locos y neuróticos, como yo. La solución es guiar a Cristo y poner la mirada en Cristo, dejar que Él sea el médico. La labor de un cura no es resolver los problemas de la gente, sino que es ayudar a enfrentar el problema y ver la realidad en relación con la eternidad con y en Dios.
3) Libro: Algo que aprendí es que la necesidad puede generar enfermedad, porque quien ama da libertad, pero quien se siente necesitado del otro genera dependencia y la dependencia puede enfermar. Por eso no esperemos que alguien nos complete en la vida, porque quien es la Vida es quien nos completa. Amar no es que esa persona nos tiene que cumplir todas las expectativas. Amar es vivir con realidad sabiendo que siempre hay un Dios que me ilumina. Algo bueno está por venir.
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