En su catequesis de hoy, León XIV abrió una nueva serie sobre el Concilio Vaticano II recordando que la Iglesia no se sostiene en ideas o reformas externas, sino en Cristo vivo. Al presentar la constitución Sacrosanctum Concilium, subrayó que la fe no se limita a comprender a Jesús, sino a encontrarse con Él allí donde sigue actuando y renovando a su pueblo.
En su catequesis de esta mañana, el Papa León XIV inició una nueva serie dedicada al Concilio Vaticano II, comenzando por el primer documento aprobado: la Constitución Sacrosanctum Concilium.
“Su propósito es conducir a la Iglesia a contemplar y profundizar el vínculo que la une con el misterio de Cristo; es decir, con su pasión, muerte, resurrección y glorificación. Esta comunión se realiza en la sagrada liturgia a través de ritos y oraciones. La Iglesia expresa así su fe y modela su identidad como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo.”
Ayudando a los fieles a volver al núcleo de lo cristiano, es decir, a Cristo mismo, el Papa explicó que el Concilio no buscaba simplemente cambiar formas externas o “modernizar” celebraciones. Lo que pretendía era mucho más profundo: ayudar a la Iglesia a comprender mejor qué la sostiene, qué la une y qué le da vida.
“Y esa respuesta es una sola: el misterio de Cristo”
La Iglesia se construye porque Cristo actúa en ella
Según recordó el Papa en la audiencia general, la Iglesia no se construye solo con ideas, normas o esfuerzos humanos, sino porque Cristo actúa en ella y la sostiene. Por eso, cuando la comunidad se reúne para celebrar, no está cumpliendo un rito vacío, sino entrando en un acontecimiento vivo donde Dios sigue obrando.
El Papa citó una frase esencial del documento conciliar: en ese momento “se ejerce la obra de nuestra Redención” (SC 2). Es decir, no se trata únicamente de recordar a Jesús, sino de reconocer que su salvación sigue siendo actual y transforma hoy a su pueblo.
Inmersos en el Misterio cristiano
Esta catequesis también se conecta con un proceso importante vivido por la Iglesia durante el siglo XX: una renovación bíblica, patrística y espiritual que ayudó a comprender mejor qué significa el “misterio”. No como algo oscuro o lejano, sino como el plan de amor de Dios revelado plenamente en Cristo.
“Cristo mismo es el principio interior del misterio de la Iglesia, el pueblo santo de Dios, nacido de su costado traspasado en la cruz. En la santa liturgia, con el poder de su Espíritu, Él sigue actuando. Santifica y asocia a la Iglesia, su esposa, a su ofrenda al Padre.”
Finalmente, el Papa León dejó un mensaje sencillo pero firme: la fe cristiana no se reduce a conocer a Cristo con la mente, sino a encontrarse con Él en la vida de la Iglesia, donde su presencia sigue formando un pueblo nuevo, “linaje elegido, sacerdocio real, nación santa”.
“«La liturgia edifica día a día a los que están dentro de la Iglesia para ser templo santo en el Señor», y forma una comunidad abierta y acogedora para con todos. De hecho, está habitada por el Espíritu Santo, nos introduce en la vida de Cristo, nos convierte en su Cuerpo y, en todas sus dimensiones, representa un signo de la unidad de todo el género humano en Cristo.”
Con esta serie de catequesis, el Papa invita a los creyentes a volver a lo esencial: Cristo vivo, presente y actuando en medio de su pueblo.
Estaba presente en la catequesis su Santidad Aram I, Católicos de Cilicia de la Iglesia Apostólica Armenia, junto con su delegación. A él, León XIV destacó que su visita fraterna representa una oportunidad clave para estrechar los lazos de unidad que ya existen entre ambas Iglesias. Al final de la catequesis, luego de la bendición del Papa León, Aram I hizo con su delegación un rezo cantado.

Fuente: https://www.vaticannews.va/ – Patricia Ynestroza – Ciudad del Vaticano
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