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El Corazón de una Madre

por María Teresa Vargas Morla
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Conocer el corazón de una madre es todo un descubrimiento maravilloso y profundo a la vez.

Porque cada espacio está resguardado por varios sentimientos, ilusiones, dolores, experiencias y matices propios. Porque cada hijo para nosotras es único, cada hijo conlleva un pedazo de cada una. Cada hijo nos trae ilusión, desafíos, aprendizajes, risas y a veces frustración y dolor.

En el recorrido por la maternidad estoy segura que nos faltará tiempo para hablar de taaaanto.  Desde sus primeras edades hasta la edad que tienen actualmente, sus primeras palabras, pasos, sus golpes. Y ahí estamos las mamás al pie de ellos.  

Cada una llevando su propia mochila, con aspiraciones que en ocasiones deseamos que nuestros hijos las concluyan por nosotras. Te he de decir, porque así lo he aprendido, a veces esa ilusión no se hace realidad y eso no nos hace perdedoras.  

Cada hijo termina aprendiendo a caminar por sí mismo, como lo hicimos tú y yo.  Nosotras no podemos pisar por ellos, lo que sí podemos es hablarles del camino o los caminos, de la ruta y lo que hay alrededor.

Nuestro desgaste, si me lo permites tiene que ser en el Amor, Amor con mayúsculas, que encuentren en nosotras ese nido caluroso, lleno, nido donde acunamos, abrazamos, reímos, conversamos y avanzamos.

Un hijo es un don, un regalo, una estrella, una sonrisa.  

Sí, los hijos nos causan dolores, pero cada dolor nos mejora a nosotras como mamás.  Esta reflexión la tuve cuando pude ver que interna y externamente era necesario generar cambios en cuanto al timón del barco con uno de mis hijos. Y de esa manera fue más sencillo, más ágil, más suave y más ilusionante avanzar.

Es cierto, cada hijo nos mejora, en tanto y cuanto así lo permitimos nosotras desde nuestro corazón de madre.  Estar aferradas a nuestras creencias, experiencias como un apego que nos genera placer y seguridad puede alejar a tu hijo de ti.  Nadie como la madre para conocer a su cría. Ningún tiempo invertido, ninguna renuncia, ninguna noche desvelada cae al vacío.  Nosotras las madres tenemos una responsabilidad y es la de formar y modelar la personalidad de nuestros hijos, respetando su esencia propia y permitiendo que en base a todo lo que hemos hecho ellos tomen sus decisiones propias cada día o cada vez que sea necesario.  Ser luz encendida para ellos.

Deja a un lado esos recuerdos dañinos de lo que tu mamá no hizo o mal hizo contigo.  Déjalo en la historia, ahora concéntrate en lo que tú vas hacer o haces por él o por ella.

Te dejo unas ideas cortas para generar cambios en tu maternidad con el fin de conectar, acercar y demostrarle que lo amas.  Recuerda siempre que más calan las acciones y el ejemplo que las palabras.

-Tiempo a solas con cada uno de ellos:  Ten en mente un momento en intimidad a solas con cada uno de ellos, sin interrupciones, sin distracciones. Para hablar. De qué, de cosas simples, temas que irán saliendo, de ti, de él o de ella, hablar.  Si tienes en mente esta idea te saldrá ese tiempo a solas espontáneamente.

-Compartir comidas familiares:  Es cierto, muchas veces el tiempo nos juega en contra, sin embargo, puedes programar o los desayunos con todos, o la cena, o el fin de semana. Siéntate con tus hijos en la mesa, que todos colaboren en la cocina.  La dinámica de la comida une, proponte cosas ricas por hacer, descubre las artes culinarias de ellas, sé innovadora con los platos.  Ponle ilusión a la mesa.

-Espíritu de Servicio: Para saber mandar, dice un dicho, hay que saber hacer.  Eso de echarte todo el peso encima como una mártir en tu rol de madre es parte del pasado, ahora el trabajo en equipo es lo que cuenta en todas las líneas.  Déjate ayudar como mamá por ellos.  Explica con claridad que deseas y ya ellos lo harán según su forma.  Cuando en casa se genera el espíritu de servicio los lazos de unidad se fortalecen

Muchos desafíos tenemos las madres actualmente pero que nada te quite la paz de llenar de amor la vida de ellos.  Amor que en ocasiones se transforman en palabras, en acciones, en esperas, en decir no.

Que siempre recargues tus energías. Que jamás pierdas la ilusión. Lee, ríe, abraza, besa, mira el cielo. Que nadie te robe la esperanza.  Tenemos esta vida para llevar a nuestros hijos hacia el Cielo.

Hasta el cielo no paramos.

Un abrazo,

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