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Yo soy el camino, la verdad y la vida

por Card. Rubén Salazar Gómez
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Estamos en el quinto domingo de Pascua, avanzamos en este tiempo que la Iglesia nos regala para que podamos ahondar en el sentido profundo que tiene la muerte y la resurrección del Señor, escuchemos con mucha atención:

Del santo Evangelio según SAN JUAN 14, 1 -12

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 
«No se turbe su corazón, crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, se lo habría dicho, porque me vaya prepararles un lugar. Cuando vaya y les prepare un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo estén también ustedes. Y adonde yo voy, ya saben el camino». 
Tomás le dice: 
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»,
Jesús le responde: 
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre. Ahora ya lo conocen y lo han visto». 
Felipe le dice: 
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta». 
Jesús le replica: 
«Hace tanto que estoy con ustedes, ¿y no me conoces, 
Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo les digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, crean a las obras. 
En verdad, en verdad les digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre». Palabra del Señor. 
En este quinto domingo de Pascua, la Iglesia nos invita a que nosotros entremos en un diálogo con el señor Jesucristo así como el diálogo con sus discípulos en la última cena, según nos lo trae el Evangelio de san Juan.

Palabra del Señor.

Transcripción de La Voz del Pastor del 10 de mayo del 2020

 Es un diálogo hermoso porque nos descubre un poquito el sentido fundamental que tiene nuestra vida en este tiempo entre la muerte, y la resurrección del Señor y nuestra muerte, ¿Por qué? es interesante el que nosotros nos hagamos las mismas preguntas que se hacen los discípulos en primer lugar porque para nosotros es fundamental descubrir cuál es el sentido del regreso de Cristo al padre, y cuál es el sentido de ese a esa afirmación que él hace allí tan importante de que voy a prepararles un lugar, ¿qué quiere decirnos el Señor con esto? voy a prepararles un lugar en el prefacio de la ascensión del Señor que celebraremos dentro de 15 días hay una expresión muy linda dice que el Señor va como el primero, antes de nosotros pero llevándonos a nosotros hacia el padre entonces el sentido de nuestra existencia es precisamente tomar conciencia que Cristo nos preparó el camino, o mejor que Cristo es el camino, para llegar a la plenitud de la existencia más allá de la muerte, que es precisamente el llegar al padre, el llegar a Dios para vivir plenamente y eternamente con su amor.

Entonces nosotros tenemos que sentirlos a lo largo de nuestra existencia como verdaderos peregrinos, peregrinos, esa es una palabra que durante unos años se usó mucho después del concilio vaticano segundo, porque se redescubrió el sentido de la historia.

 Hoy en día tenemos dificultad de entender la historia, hoy en día la inmensa mayoría de la gente no tiene mucho sentido de lo que es la unión de pasado, presente, y futuro, porque viven fragmentos, totalmente desconectados y desconectados los unos de los otros y por lo tanto les cuesta trabajo entender la existencia como un todo, como un continuum, común ir de un sitio al otro pero al mismo tiempo de un momento al otro pero con cierta conexión.

 Yo me acuerdo la primera vez que yo escuché aquello de de horizontes que se cierran, no entendí muy bien, después  ahora entiendo mucho más, el mundo de hoy presenta a la vida, como es y como horizontes que se abren y se cierran se abren y se cierran pero que no tienen ninguna conexión la una con la otra, entonces eso hace que la vida de la persona hoy en día sea una vida fragmentada, por eso no les importa acaba de un matrimonio en un momento, por eso no les importa cometer acciones que después se arrepienten toda la vida de haberlos cometido, pero que en el momento en que la cometen no se dan cuenta de la conexión y de las consecuencias que tienen para toda la existencia.

 Si nosotros tomamos conciencia de la historia y nosotros nos sentimos verdaderamente como aquellos que desde el momento de nuestro nacimiento, hasta el momento de la muerte, vamos caminando hacia una meta y esa meta, es precisamente el encuentro definitivo y total con Dios nuestro padre, entonces la vida es distinta, se es totalmente diferente porque no la vivimos como fragmentos que se cierra y se cierran, como horizontes que se abren y se cierran sino que la vivimos como una continuidad, una continuidad en que así como cuando hacemos un viaje vamos, cada vez acercándonos más al sitio hacia dónde vamos así también nosotros en nuestra vida vamos cada vez acercándonos más a ese a esa meta para la cual fuimos creados que es precisamente el centro definitivo con Dios, lo que nosotros normalmente llamamos el cielo, con la salvación definitiva, porque verdaderamente si tenemos conciencia de que caminamos hacia allá entonces vamos a tener mucho cuidado, de que todo lo que hacemos de todas las decisiones que tomamos, de todos los compromisos que adquirimos, vayan en función de esa meta hacia dónde caminamos, si nosotros verdaderamente como dice San Pablo nos consideramos ciudadanos del cielo, que no tenemos aquí la meta definitiva, sino que caminamos hacia allá, entonces indudablemente que haremos que todo lo que constituye nuestra vida, nuestra vida de todos los días, se dirija hacia allá, sea coherente con esa meta hacia la cual caminamos, y por lo tanto podamos verdaderamente todos los días avanzar, hacia esa meta.

 Pidámosle al Señor que los ilumine y nos haga comprender como toda nuestra vida debe ser coherente, con la meta hacia la cual caminamos que comprendamos cada vez mejor como la meta es el encuentro definitivo con el amor de Dios, para vivir definitivamente para siempre en su amor, y que por lo tanto todos los pasos que vamos dando en nuestra existencia, estén siempre llenos de ese amor, y que cada día crezcamos más en el amor a él, amor que necesariamente se derrama en el amor a los hermanos, especialmente a los más necesitados, especialmente a aquellos a quienes de verdad el mundo rechazó, y que nosotros tenemos que acoger.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre, Amén.

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