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Auschwitz / Birkenau – Polonia

por Horacio Espinosa
Campo de concentración

Esta es una de las bitácoras que más costó escribir hasta ahora. Por varios motivos, alguno de los cuales era que no el lugar no es exactamente un lugar religioso; sí creo que es un lugar sagrado por muchos de los mártires que allí perdieron su vida, pero sin duda ganaron su lugar en el cielo.

Es un lugar donde el dolor se ve reflejado en las paredes y es increíble lo que el hombre es capaz de hacer cuando desconoce a Dios.

Historia

Por supuesto que no ahondare en los detalles históricos de este tenebroso lugar. Creo que muchos lo deben conocer, y, de no ser así, existe mucha información de este tema.  Si mencionaremos algunos datos interesantes provistos por NatGeo en su edición del 75 aniversario de la liberación del campo.

Auschwitz – Birkenau son en sí dos campos de concentración nazi trabajando como uno solo, convirtiéndolo en el más grande y mortal de todos. Está situado en la ciudad de Polonia de Oswiecim, a 50 kilómetros de Cracovia.  Auschwitz era un antiguo cuartel militar del ejército polaco donde se estableció la comandancia del mega campo, si bien existían barracas y cámaras de gas.  

Con el correr de los meses, la aberrante acción nazi llamada “solución final” requería más “producción”. Entonces se decidió la construcción del segundo campo anexo llamado Birkenau. Este era realmente la fábrica de la muerte. El ejército Nazi, intentó destruirlo para no dejar evidencia de lo que allí había ocurrido. Pero si bien lograron hacerlo casi en su totalidad en Birkenau, no fue así en Auschwitz, donde podemos recorrer el museo de sitio, justamente en la barraca donde miles de personas pasaron sus últimos momentos de vida. Este campo fue abandonado por los alemanes que huían del avance del Ejército Rojo.

Datos históricos:

  • Se construyó en el año de 1941 y se convirtió a partir de 1942 en el principal lugar de exterminio en el marco de la “solución final” nazi. Ya que tenían como objetivo la aniquilación de los judíos en Europa.
  • Albergaba cuatro cámaras de gas, cuatro hornos crematorios, alambradas, torretas de vigilancia y horcas.
  • Los judíos, que llegaban a Birkenau en trenes de vagones de animales, eran dirigidos en su mayor parte a las cámaras de gas.
  • Esto sucedía tras una “selección” que se llevaba a cabo en la rampa de entrada donde se reservaba el derecho a seguir con vida provisionalmente a quienes tenían las condiciones físicas para trabajar como esclavos.
  • Las otras víctimas fueron sobre todo polacos no judíos, gitanos y prisioneros soviéticos.
  • El 90% de los 3.3 millones de judíos polacos de antes de la guerra murieron bajo la ocupación alemana entre 1939 y 1945.
  • Acorde a la UNESCO, según los trabajos de investigación histórica, entre 1,100,000 y 1,500,000 prisioneros fueron sistemáticamente privados de alimentación, torturados y asesinados en este campo.
  • El 27 de enero de 1945, 7,500 prisioneros que quedaban todavía en el campo fueron liberados por el Ejército Rojo.

Datos actuales:

  • Desde 1947 este lugar, símbolo de la máxima barbarie humana, está clasificado como monumento nacional polaco.
  • En 1979 fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco “como evidencia del esfuerzo inhumano, cruel y metódico de negar la dignidad humana a grupos considerados inferiores”.
  • En el 2007 el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO aprobó la petición de Polonia de cambiar el nombre al Campo de Concentración de Auschwitz en la lista del Patrimonio Mundial. Varsovia pidió este cambio de nombre para combatir la aparición en los medios de comunicación extranjeros de expresiones como “campos de concentración polacos” al referirse a los campos construidos por los alemanes en el territorio de la Polonia ocupada.
Holocausto - Genocidio

Descripción

Se entiende por campo de concentración un terreno vallado o acotado donde se recluyen a prisioneros que pueden ser de diferente índole. En el caso de la Alemania nazi se llevaron a cabo este tipo de campos de concentración, pero los diferenciaban entre campo de tránsito y prisión, campo de trabajo, campo de concentración, campo de concentración y exterminio.

El caso de Auschwitz se encontraría dentro de esta última categoría, aunque recordemos que eran dos campos juntos: Auschwitz: campo original/Birkenau: campo de concentración y exterminio

Auschwitz I, tal y como hemos indicado anteriormente, fue el campo de concentración original, que se construyó a partir de un barracón abandonado por el ejército polaco. En un principio, la idea que tenían sobre este lugar era un campo de concentración para 30.000 prisioneros polacos, pero luego se fue ampliando a todos los niveles, tanto en dimensiones como su evolución a lugar de torturas, exterminios y trabajos forzados.  En la entrada principal rezaba Arbeit macht frei, «el trabajo los hará libre».

El 14 de junio de 1940 llegó el primer transporte de prisioneros políticos a Auschwitz. Después, fue recibiendo todo tipo de prisioneros: presos comunes, homosexuales, prisioneros de guerra soviéticos, testigos de Jehová… Todos aquellos que eran considerados elementos indeseables para el régimen.

Los castigos se llevaban a cabo en el bloque 11, un habitáculo o celda de 1 metro cuadrado donde introducían a 4 o 5 personas a la vez y les dejaban allí durante días. En este mismo bloque también se llevaron a cabo las pruebas del gas Zyklon B, donde llegaron a morir más de 800 personas, por lo que les pareció tan gran éxito que construyeron la cámara de gas y el crematorio.

En el bloque 10 de Auschwitz se llevaron a cabo experimentos de esterilización a mujeres judías, siendo el 26 de marzo de 1942 cuando llegó la primera mujer a dicho campo de concentración. En 1943 se creó un campo burdel en el bloque 29, formado por mujeres polacas seleccionadas por los guardias y mujeres que accedían a ello a cambio de una mejor alimentación; todas ellas eran utilizadas para premiar a los prisioneros con privilegios.

En otoño de 1941 comenzó la construcción del complejo Auschwitz II, en Birkenau (a 3 km del original), con el fin de convertirse en un espacio de exterminio y aniquilación de judíos. Ésta es la zona del campo de concentración que todo el mundo asocia al nombre de Auschwitz, puesto que este lugar estaba destinado para asesinar judíos y demás prisioneros.

Para ello se construyeron cuatro crematorios con cámaras de gas en una extensión de 2,5 km por 2 km. En cada uno podían entrar de una vez 2.500 personas para ser asesinadas. Este lugar se convirtió en un campo de concentración de exterminio masivo. A su vez, las personas que estaban allí también se encontraban hacinadas, en 1944 llegaron a alcanzar los 90.000 prisioneros simultáneos alojados en más de 300 barracones. Los guardias hacían selección de las personas que iban a morir. Éstas eran conducidas a la cámara de gas con el pretexto de que iban a ducharse y recibir un tratamiento desinfectante, pero lo que recibían no era agua sino el gas Zyclon B.

A finales de 1944, el 24 de noviembre, las SS (Schutzstaffel – organización paramilitar nazi) destruyeron las cámaras de gas de Birkenau con el fin de evitar que los soviéticos descubrieran sus acciones. Un burdo intento de ocultar la tragedia nazi.

La visita

Cuando comenzamos a pensar en viajar  a Polonia, realmente este era uno de los lugares que quería conocer. Mientras pensábamos y planificábamos el viaje, al comentar con amigos sobre nuestra posible visita al campo, en general la respuesta de la mayoría era de desconcierto. Y de inmediato la réplica, casi siempre la misma: “Yo no iría”. Un psicólogo consultado por el periódico madrileño El Confidencial escribió una nota llamada “Vacaciones en el infierno: ¿por qué nos gusta visitar Auschwitz o Hiroshima?”: uno busca estar en el lugar de los hechos porque allí “la estimulación del cerebro es multisensorial, la mente y sus procesos neurocognitivos viajan al pasado [y en consecuencia] las sensaciones quedan mucho más grabadas; se trata de saber, pero también de sentir”. Conocía algo de la historia a través de documentales y libros leídos, pero sabía que la visita a este lugar me cambiaría para siempre.

Comenzamos el viaje desde nuestro hotel. El conductor hablaba español muy bien, ya que había vivido en los Estados Unidos, y allí no solo había aprendido Inglés sino también español.  De origen polaco, nos contó algunas historias que sus abuelos habían padecido durante la ocupación nazi. Ellos eran personas de campo y como tal no fueron perseguidos por el régimen, pero nos contó que si habían ayudado alimentando a personas que escapaban sin rumbo determinado. Fue una gran previa para el recorrido seguía. 

Teníamos la entrada para una hora predeterminada. Como llegamos un poco antes, comenzamos el recorrido a la inversa de la mayoría de las personas, lo cual resultó bastante bueno porque pudimos recorrer los lugares con algunas personas menos que lo habitual. Entonces nos acercamos a la entrada de Birkenau, la entrada del tren que venía de diversos lugares con millones de personas. 

Este campo, realmente inmenso, no son más que ruinas y espacios reconstruidos, lo cual lo hace interesante en sí, pero realmente, al menos yo, no cobré real dimensión de lo que allí había pasado. Fue una sensación similar a la de visitar el Coliseo Romano, donde miles de cristianos fueron asesinados sólo por diversión de los romanos. Si quiero mencionar algunas cosas impactantes de esta parte del campo. Muchos dejan flores sobre las vías de tren, recordando a las almas que pisaron esa parte de la tierra minutos antes de partir al cielo.

Hay un vagón, que posiblemente esté restaurado, pero eso no importa, ya que muestra realmente la dimensión del inicio de la atrocidad, muestra cómo llegaban los prisioneros, tras un viaje de días enteros sin comida ni bebida. En los andenes —y uno no solo los ve, sino que caminamos sobre ellos—  se hacía la selección de prisioneros: los que eran aptos para trabajar hasta morir, a un lado; los que no, que caminaran hasta donde les decían que les darían una ducha y que era, en realidad, donde iban a morir. Hay barracas construidas como para que uno tome dimensión de cómo vivieron las personas que aquí estuvieron.

Al final del campo, donde estaban las cámaras de gas y los crematorios, se encuentra ahora el Monumento Internacional de las Víctimas del Nazismo, una construcción escultórica de unos 50 metros de extensión, junto al cual hay 21 placas que reproducen, en cada uno de los 21 idiomas de las víctimas de Auschwitz, un texto que las recuerda. La que más me llamó la atención estaba escrita en un idioma muy parecido al castellano, pero que no era el castellano ni ninguna otra de las lenguas romances que me pudieran resultar familiares. Solo después, Google mediante, supe que se trata del idioma judeo-español, también llamado djudezmo, hablado por los judíos sefaradíes, comunidad de la cual los nazis mataron a 160 mil personas de las 360 mil que vivían en Europa antes de la guerra. El texto, perfectamente comprensible para cualquier hispanohablante, dice así:

Precisamente en este documento, vimos un grupo grande de jóvenes haciendo una oración en hebreo que nos quedamos respetuosamente escuchando. Luego nos dirigimos al campo original, Auschwitz, donde el infierno cobra vida, donde las paredes lloran, donde la esperanza cobró vida de la mano del padre San Maximiliano Maria Kolbe. Tras superar los rigurosos controles de seguridad logramos entrar. A pocos metros estuvimos ante la famosísima puerta del infierno, esa que dice “El trabajo los hará libres” (Arbeit macht frei). El mal verdadero, a diferencia del imaginado por Dante, carece de la piadosa virtud de la sinceridad. 

Aquí tuve la primera sensación negativa: no estaba en una reconstrucción, no estaba mirando un documental, estaba justo en el lugar de sufrimiento de miles de almas. Comenzamos el recorrido según el plano que teníamos, rezando casi todo el tiempo, con el corazón lleno de tristeza por ver con nuestros propios ojos las aberraciones de las que es capaz el hombre cuando está alejado de Dios.

Así recorrimos las diferentes salas del museo. En cada sala ingresaba yo antes que mi esposa y en algunas le aconseje no ingresar porque las imágenes eran demasiado duras, y por sobre todas las cosas, sabíamos que eran reales. Entre las cosas que me atrevo a mencionar en esta bitácora se pueden ver algunas de las propiedades de quienes murieron allí: anteojos, muletas, enseres de cocina, zapatos, cepillos, ropa, dos toneladas de cabello y fotografías (muy duras algunas – pero reales). También se ven los muros y vigas donde los prisioneros que desobedecían las órdenes eran torturados o ejecutados.Las alambradas de púas que en aquellos años estaban electrificadas y que muchos prisioneros usaban para quitarse la vida arrojándose contra ellas en algún descuido de los guardias. Las cámaras de gas, los crematorios. 

Recorrimos barraca tras barraca horrorizándonos a menudo, hasta que al llegar a una de las más alejadas de la entrada vemos una celda convertida en lugar de oración. Una luz en la penumbra. Era la celda donde San Maximiliano Maria Kolbe fue llevado para morir como castigo por haber salvado a un hombre, pero esto no ocurrió. El Santo pasó casi dos semanas vivo sin alimento ni bebida, solo con oración.

Ocurrió que el 29 de julio de 1941, el comandante jefe Karl Fritzsch ordenó que diez hombres debían morir de hambre en respuesta a la supuesta fuga de tres internos. Cuando oyó su sentencia, Franciszek Gajowniczek, un sargento del Ejército polaco, casado y padre de dos niños, estalló en lágrimas. San Maximiliano Kolbe lo conocía y sabía el motivo de esas lágrimas. Eentonces decidió salir de la fila y realizar una propuesta al comandante. “Soy un sacerdote católico polaco”, dijo, según atestiguaron los internos que presenciaron la escena. “Me gustaría ir en su lugar, puesto que él tiene esposa e hijos”. Fritz aceptó la oferta y Kolbe fue a cumplir su condena junto con los otros nueve hombres, a quienes trató de consolar. Dos semanas más tarde, Kolbe y los otros tres prisioneros que aún seguían vivos fueron asesinados en la cámara de gas y sus cuerpos fueron incinerados.

En el lugar donde el Santo realizo la propuesta hay una placa que recuerda el hecho.

Dentro de un lugar de tanta oscuridad, la luz de San Maximiliano brillo trayendo paz y esperanza. Fue una pequeña vela, quizás insignificante, pero para la familia Gajowniczek fue la esperanza que permitió vivir a Franciszek. Este gesto de San Maximiliano me hizo pensar mucho en como muchas veces podemos hacer cosas que parecen insignificantes, pero para quien la recibe es muy importante.  Cuantas veces uno deja de hacer algo por que todo el mundo hace lo contrario, o porque no es asunto mío, o porque, aunque lo haga no cambiará nada…. Así podemos buscar miles de excusas, pero al menos a mí me sirve mucho en esos momentos cuando el celebro buscas excusas, pensar en que sintió y siente los descendientes de Franciszek Gajowniczek, salvado por San Maximiliano, con su pequeña luz en medio de la gran penumbra que vivían.

De esta manera, en silencio, reflexionando sobre aquí vivido, rezando el rosario por el sufrimiento de las almas que han sido asesinadas en este lúgubre lugar, terminamos el recorrido. Volvimos al hotel en completo silencio, las palabras sobraban, el asombro era tan grande, la barbarie había sido más grande aún de lo que jamás habíamos imaginado, más allá de haber leído, mirado documentales. 

Realmente creo que, si bien es muy dura la visita, es necesario recorrer el lugar donde muchas personas han sufrido para poder contarle al mundo lo que allí pasó. Insisto, aunque uno sepa bastante del tema, el poder pisar esos lugares lo cambia a uno para siempre.

Tips de Viajero

  • El museo está a unos 50 km desde el centro de Cracovia. Hay muchas formas de llegar, si bien la entrada es gratuita, es recomendable pagar un guía o bien comprar la guía junto con el ingreso para determinada hora, de esta manera se evitan las largas colas.
  • Es uno de los sitios históricos más visitados de Polonia; por consiguiente es muy probable que haya mucha gente durante la visita.
  • La tristeza seguramente abundara durante la visita, sepan que no mencione muchas de las peores cosas que se ven en el museo, pero, de todos modos, insisto en que esta visita me cambió la vida.
  • Recen mucho durante el recorrido, es una forma, a mi entender, de ayudar a las almas que sufrieron tanto aquí.
  • Respeten mucho a todos los visitantes, para muchos es el único recuerdo que tienen de sus antepasados.
  • Tengan siempre presente que están visitando un lugar donde el hombre se alejó de Dios, donde Su ausencia permitió esta barbarie.
  • Aprendamos de San Maximiliano María Kolbe, quien, como parte de su opción de vida, decidió ofrecerse en cambio de la supervivencia de otro hermano.

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