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El Quijote: Novela de la amistad

por Egberto Bermúdez
Don Quijote

Con la aparición de Sancho, Cervantes introduce uno de los aciertos mayores de la novela, el diálogo entre personajes antitéticos del que surge el afecto y un itinerario de amistad.

El Quijote es la historia de Alonso Quijano, un hidalgo de casi cincuenta años, quien se obsesiona por la lectura de novelas de caballerías, se vuelve loco y motivado por el amor de su dama, el aumento de su honra, el servicio de su república y el deshacer agravios, decide hacerse caballero andante y llamarse don Quijote de la Mancha, para andar por el mundo, acompañado por su leal escudero, Sancho Panza, en busca de aventuras en pro de los menesterosos.

Y Sancho dice presente

Con la aparición de Sancho, Cervantes introduce uno de los aciertos mayores de la novela, el diálogo entre personajes antitéticos del que surge el afecto y un itinerario de amistad. El crítico literario Harold Bloom insiste que “Cervantes nos enseña a hablar con los demás. […] Don Quijote y Sancho cambian y maduran escuchándose el uno al otro, y su amistad es la más persuasiva de toda la literatura”. (p.1) El diálogo entre los protagonistas también permite lo que Salvador de Madariaga llama la quijotización de Sancho y la sanchificación de don Quijote, pues “interpenetrados por un mismo espíritu, se van aproximando gradualmente, mutuamente atrayendo, por virtud de una influencia lenta y segura que es, en su inspiración como en su desarrollo, el mayor encanto y el más hondo acierto del libro”. (p.127)

La amistad entre don Quijote y Sancho comienza como una de utilidad (según la terminología aristotélica), ésa entre un caballero que requiere un escudero y un labrador pobre que necesita un trabajo. Un poco más adelante, en la novela, la amistad entre los protagonistas se transforma en una basada en el placer porque ambos personajes disfrutan tanto de la mutua compañía como de la conversación. Sin embargo, ya para el final, han alcanzado lo que para Aristóteles sería “la amistad perfecta”, ésa que Harold Bloom describe acertadamente como “dos naturalezas en comunión perfecta”, (p.1) y en palabras del cura: “parece que los forjaron a los dos en una misma turquesa”. (II, 2; 562) Es decir, una amistad fundamentada en una visión compartida del bien y la verdad (en términos aristotélicos), en la benevolencia mutua y en querer el bien para alguien, según santo Tomás de Aquino.

Un buen amigo acepta a su amigo tal cual es, con sus cualidades y sus defectos, por ello, Sancho, en el capítulo XIII de la segunda parte describe a su amo así: “digo, que no tiene nada de bellaco, antes tiene un alma como un cántaro: no sabe hacer mal a nadie, sino bien a todos, ni tiene malicia alguna; un niño le hará entender que es de noche, en la mitad del día, y por esta sencillez le quiero como a las telas de mi corazón, y no me amaño a dejarle, por más disparates que haga”. (II, 13; 641-642) Por su parte, don Quijote les describe a Sancho a los duques de la siguiente manera: “quiero que entiendan vuestras señorías que Sancho Panza es uno de los más graciosos escuderos que jamás sirvió a caballero andante: tiene a veces unas simplicidades tan agudas, que el pensar si es simple o agudo causa no pequeño contento; tiene malicias que le condenan por bellaco y descuidos que le confirman como bobo; duda de todo y créelo todo; cuando pienso que se va a despeñar de tonto, sale con unas discreciones que le levantan al cielo. Finalmente, yo no le trocaría por otro escudero, aunque me diesen de añadidura una ciudad”. (II, 32; 802-803)

Un amigo da buenos consejos

Sin embargo, un buen amigo no sólo acepta al amigo tal cual es, sino que también le da buenos consejos, cuando sea necesario, porque quiere lo mejor para él. Por ello, para C.S. Lewis, la amistad es una escuela de virtudes. (p.57) Sancho Panza se revela, a través de la novela, como un hombre básicamente bueno, a veces sensato y con gran cariño por su asno. Es buen esposo, buen padre y muy querido por su esposa y sus hijos. Parece tener una formación cristiana bastante buena, pues se recuerda de los sermones de su párroco. Además, posee mucha sabiduría popular y práctica que comunica por medio de refranes. Por consiguiente, hay mucho que Sancho puede enseñar a su amo. Sabemos que don Quijote, debido a su locura, distorsiona la realidad, para él las ventas son castillos, los rebaños son ejércitos y los molinos gigantes. En cada una de estas situaciones es Sancho el que trata de hacer entrar en razón a su amo. En una ocasión, casi al final de la novela, ya don Quijote derrotado y deprimido observa a unos muchachos que riñen por una jaula y uno de ellos dice: “no la has de ver en todos los días de tu vida”. (II, 73; 1094) Todo lo cual es interpretado por don Quijote como mal agüero que se refiere a Dulcinea. También, la experiencia de una liebre que perseguida por galgos y cazadores se posa debajo de las patas del asno, es interpretada de forma supersticiosa por don Quijote. La reacción de Sancho no se hace esperar y corrige a su amo porque “no es de personas cristianas ni discretas mirar en estas niñerías, y aun vuesa merced mismo me lo dijo los días pasados, dándome a entender que eran tontos todos aquellos cristianos que miraban en agüeros”. (II, 73; 1095) Comparto la opinión de José Ramón Ayllón cuando comenta: “Cervantes, que poseía un profundo conocimiento de la naturaleza humana […] Pone a su lado [el de don Quijote] un escudero lleno de afecto y sentido común, que sabe escuchar a su señor y tomarle en serio, mientras le va corrigiendo con sencillez y picardía. Psicólogo, psiquiatra y maestro analfabeto y por accidente, Sancho Panza desempeña su múltiple papel con tanto acierto quelogra la curación de don Quijote”. (p.33) No obstante, Sancho es sólo causa segunda de la curación ya que, al final de la novela, es Alonso Quijano el mismo, quien atribuye a Dios, causa primera, la recuperación de su cordura al exclamar: “–¡Bendito sea el poderoso Dios, que tanto bien me ha hecho! En fin, sus misericordias no tienen límite, ni las abrevian e impiden los pecados de los hombres”. (II, 74; 1100)

Un loco bueno

Recordemos que existe un consenso entre la mayoría de los personajes de la obra, inclusive el narrador, sobre la valoración del tipo de locura del caballero quien es solamente un loco entreverado, pues sólo lo es en lo que concierne al tema de la caballería andante, pero en todo lo demás, al hablar manifestaba inteligencia, sabiduría, profundidad y bondad. A propósito de la bondad del caballero, Jaime Fernández comenta acertadamente: “Lo quecuenta para el lector es que se muere un hombre bueno, un hombre que se volvió loco y se entregó con toda el alma a hacer el bien a los demás. Los medios (resucitar la caballería andante) estaban equivocados, y de ellos reniega. Pero a la esencia de su entrega, a su bondad, no puede renunciar. Hacer el bien no puede morir”. (P.22) Así pues, don Quijote es una especie de profesor de ética o de teología moral y Sancho un alumno/amigo que aprende rápido. Célebres son los consejos que en el capítulo XLII de la segunda parte don Quijote le da a Sancho, cuando este se dirige a tomar posesión del gobierno de la ínsula Barataria. El primer consejo tiene que ver con “el temor de Dios” que hace al político prudente y lo ayuda a reconocer sus propios límites. Segundo, le aconseja que se conozca a sí mismo y que acepte su humilde linaje y se precie “más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio”, (II, 42; 868)pues la arrogancia es uno de los peores defectos de un gobernante. Tercero, que sea misericordioso en la aplicación de la ley “porque, aunque los atributos de Dios son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia”. (II, 42, 870)Finalmente, en el capítulo XLIII le da consejos para el cuerpo, entre los que se destaca el que va contra la glotonería. Sancho gobierna con mucho sentido común y sale de su gobierno, a diferencia de muchos políticos, tan pobre como entró; pero lo más importante es que la experiencia de gobernante le ha servido para adquirir un mayor conocimiento de sí mismo.

A medida que la novela avanza, don Quijote es más consciente que Sancho no es sólo su escudero, sino que también un verdadero amigo, cada vez más se dirige a él con expresiones de cariño: “amigo”, “hijo”, “amigo y guía”, etc. Además, en la carta que le envía cuando Sancho es gobernador de la ínsula Barataria, en la despedida escribe: “Tu amigo, Don Quijote de la Mancha”. (II, 51; 943)

Desde el principio de la novela, don Quijote se considera a sí mismo un caballero cristiano o un caballero andante a lo divino, de ésos que son: “ministros de Dios en la tierra, y brazos por quien ejecuta en ella su justicia”. (I, 13; 112) Es decir, siempre se guio por la esperanza cristiana en un más allá del mundo. Sin embargo, es la amistad con Sancho la que le ayuda a comprender que no puede exigir de lo relativo (la fama, la amada y la justicia terrena) lo absoluto que sólo se puede alcanzar en un horizonte trascendente, en un más allá en que podrá ser acogido, finalmente, por la Misericordia Divina.

Para C.S. Lewis, la amistad es el menos celoso de todos los amores, por lo que dos amigos están dispuestos a acoger a un tercero y un cuarto, siempre y cuando el recién llegado desee ser un verdadero amigo. (p.61) En el caso del Quijote, Cervantes hace participar al lector de la amistad entre don Quijote y Sancho, pero a su vez, a un nivel más profundo, él aspira a una “amistad perfecta” (en términos aristotélicos) con el lector.

El lector y poeta Rubén Darío, reconoce en Cervantes a un buen amigo:

Horas de pesadumbre y de tristeza

paso en mi soledad. Pero Cervantes

es buen amigo. Endulza mis instantes

ásperos, y reposa mi cabeza.

[…] Cristiano y amoroso caballero

parla como un arroyo cristalino.

[…] Así le admiro y quiero. (p. 132)

Cervantes es capaz de mover al lector de la belleza a la bondad y finalmente, a la verdad. Otto Bird (1914-2009), fundador del ‘Program of Liberal Studies’( El Programa de las Grandes Obras) de la Universidad de Notre Dame, en su libro, Seeking a Center: My Life as a Great Bookie, testifica:

Recordándome de esos libros que leí hace casi sesenta años, pensando en el efecto que tuvieron en mí en aquella época, creo que no es ninguna exageración afirmar que el Quijote fue el más influyente. De una forma que parecería insólita y oscura, ese libro me persuadió que yo también debería convertirme al catolicismo y por consiguiente, al menos, seguir los pasos de ese gran caballero de la fe. Podría parecer extraño que don Quijote, a quien muchos lo toman como un personaje cómico y ridículo, fuera capaz de inspirar a alguien a hacerse católico. (p.18)

Por consiguiente, Cervantes es capaz de persuadir a Otto Bird y a cualquier otro lector, y de propiciar el encuentro y la amistad con Cristo, el Amigo que nos abre su corazón cuando declara: “Os he llamado amigos porque os he comunicado todo lo que he oído de mi Padre” (Jn 15,14).

En conclusión, el Quijote es una novela de la amistad a cuatro niveles: 1) el desarrollo hacia la “amistad perfecta” de don Quijote y Sancho, 2) la participación del lector en dicha amistad, 3) la aspiración de la “amistad perfecta” de Cervantes con el lector porque anhela propiciar para este el encuentro con el Sumo Bien, Dios y 4) finalmente, la amistad del lector con Dios.

Egberto Bermúdez

Aquino, Tomás. Suma teológica. I-II, Pregunta 26, Artículo 4.     https: www.hjg.com.ar/sumat

Aristóteles. Ética a Nicómaco. Libro 8, partes 3 y 11 y Libro 9, parte 6.Madrid: Alianza, 2005.

Ayllón, José Ramón. Tal vez soñar: La filosofía en la gran literatura. Barcelona: Ariel, 2009.

Bird, Otto. Seeking a Center: My Life as a Great Bookie. San Francisco: Ignatius Press, 1991.

Bloom, Harold. Cervantes’s Don Quixote. Philadelphia: Chelsea, 2001.

Cervantes, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. Ed. Francisco Rico.     Madrid: Alfaguara, 2005.

Darío, Rubén. Poesía. Barcelona: Planeta, 1987.

Fernández, Jaime. Invitación al Quijote. Madrid: Lunwerg, 2004.

Lewis, C.S. The Four Loves. New York: Harcourt Brace Javanovich, 1988.

Madariaga, Salvador de. Guía del lector del “Quijote”: Ensayo Psicológico sobre el “Quijote”.     Buenos Aires: Sudamericana, 1967

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