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Imaginando el cielo

por Pbro. Leandro Bonnin
El cielo

¿Cómo será el cielo que Dios nos tiene preparado? ¿O deberíamos decir el Paraíso o la casa del Padre? El autor de estas líneas se lo ha imaginado y su imaginación nos da unas pistas.

Yo me imagino el Cielo como un abrazo tierno de mamá, o los brazos de papá arrojándome hacia arriba y recibiéndome entre risas y gritos de vértigo.

Yo me imagino el Cielo como un día feliz de la infancia, con los abuelos, los tíos, los hermanos y los primos, con abundante comida y una sobremesa llena de chistes y discusiones serenas y divertidas, llena de sonrisas de niños inquietos e inocentes.

Yo me imagino el Cielo como un estupendo partido de fútbol, lleno de toques de primera, de gambetas lujosas, de atajadas imposibles, de goles artísticos y de empates emotivos por ambos equipos festejados.

Yo me imagino el Cielo como una sucesión ilimitada de momentos de asombro ante la Verdad recién descubierta, como cuando en la escuela o el colegio entendías por primera vez un problema difícil y te «daban» las cuentas de manera perfecta.

Yo me imagino el Cielo como un viaje sin final hacia paisajes cada uno más hermoso que el anterior, en compañía de personas amadas.

Yo me imagino el Cielo como una inmenso coro de voces afinadas y dulces, envuelto por el sonido sutil y potente de una orquesta armoniosa, entonando todos juntos un Aleluya exultante o un Regina Coeli tierno, o también como una chacarera vigorosa, o una zamba sentida.

Yo me imagino el Cielo como una «juntada» con amigos, alternando pavadas con reflexiones profundas, recordando el pasado con pícara ironía, experimentando la suprema sensación de sentirse comprendido, «un cor et anima una».

Yo me imagino el Cielo como un ininterrumpido mirar a los ojos a alguien que te ama con pureza, perdiéndote en esa mirada y a la vez encontrándote en ella, experimentando el ser amado y el amar como LA VERDAD, tu Verdad.

Yo me imagino el Cielo como un constante hablar a todos del Dios Verdadero que nos ha Salvado a través de su Hijo.

Yo me imagino el Cielo como aquellas Misas entrañables donde Su Presencia es tan potente que te abruma, donde sientes que el Cordero está allí, vivo y vivificante, y que todo, de pronto, se vuelve claro.

Imaginar el Cielo como todas las alegrías de este mundo, multiplicadas al infinito, no nos da siquiera una pequeña idea de lo que «ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino al corazón del hombre… aquello que Dios tiene preparado para aquellos que le aman».

Imagínate el Cielo, y vas a descubrir que vale la pena ser fiel, cueste lo que cueste.

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