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Santas devotas del Sagrado Corazón de Jesús

por Editor mdc
Sagrado Corazón de Jesús

Nuestra Iglesia Católica dedica todo el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús. Hoy presentamos a cuatro santas que encienden en nuestros corazones la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Cuando vemos su imagen observamos un corazón rojo rubí, rodeado de espinas, del cual emana fuego y sobre esta llama una cruz. A su alrededor una luz intensa lo ilumina. Claramente esta es una invitación a que conectemos nuestros corazones, en algunas ocasiones quebrantados, a su corazón herido y que vivamos el inmenso amor de Dios hecho humano en la persona de nuestro amado Jesús. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús nace de su revelación a varias Santas de las cuales te presentamos a cuatro:

Santa Lutgarda de Aywieres (1182-1246)

Virgen, Monja Cisterciense. Tuvo visiones del Sagrado Corazón de Jesús. En una ocasión nuestro Señor le preguntó qué regalo ella deseaba y dijo: «Quiero Tu Corazón», a lo que Jesús respondió: «Yo quiero tu corazón». Entonces ocurrió un evento sin precedentes conocido: nuestro Señor místicamente intercambió corazones con Lutgarda. Santa Lutgarda fue una de las más grandes místicas del siglo XI y es una de las primeras propagadoras de la devoción del Sagrado Corazón de Jesús.

Santa Matilde de Hackebornó de Helfta(1241-1299)

Virgen, Abadesa del monasterio Cisterciens. Tan significativa fue la vida de Matilde de Hackeborn que el papa Benedicto XVI le dedicó su catequesis el 29 de septiembre de 2010. Su hermana, Santa Gertrudis la Grande, en el libro VI de la obra Liber specialis gratiae (Libro de la gracia especial) narra las gracias especiales que Dios concedió a Santa Matilde. En una de sus visiones, es Jesús mismo quien le recomienda el Evangelio y abriéndole la llaga de su dulcísimo Corazón, le dice: «Considera qué inmenso es mi amor: si quieres conocerlo bien, en ningún lugar lo encontrarás expresado más claramente que en el Evangelio. Nadie ha oído jamás expresar sentimientos más fuertes y más tiernos que estos: “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros.”

Santa Matilde de Hackeborn nos encomienda al sagrado Corazón de Jesús y a la Virgen María. Nos invita a alabar al Hijo con el corazón de la Madre y a alabar a María con el corazón del Hijo: «Te saludo, oh Virgen veneradísima, en ese dulcísimo rocío que desde el corazón de la santísima Trinidad se difundió en Ti; te saludo en la gloria y el gozo con que ahora te alegras eternamente, tú que preferida entre todas las criaturas de la tierra y del cielo fuiste elegida incluso antes de la creación del mundo. Amén».

Santa Gertrudis La Grande (1256-1301)

Virgen, Monja Cisterciense. Alrededor de sus veintiséis años, Santa Gertrudis tuvo la primera de sus revelaciones: “Aunque sabía yo que me hallaba en el dormitorio, me parecía que me encontraba en el rincón del coro donde solía hacer mis tibias oraciones y oí estas palabras: “Yo te salvaré y te libraré. No Temas”

Después de la primera revelación, Gertrudis siguió viendo al Señor «veladamente», a la hora de la comunión, Otra visión que tuvo Santa Gertrudisdel Sagrado Corazón de Jesús, fue  mientras se celebraba la fiesta de San Juan Evangelista. En esta visión, el mismo discípulo amado la condujo a Jesús y ella pudo recostarse en su pecho, escuchando su Corazón, ella volteó a mirar a San Juan y le preguntó por qué habiendo reposado su cabeza en el pecho de Jesús durante la última cena, no había escrito nada para nuestra instrucción, sobre las profundidades y movimientos del Sagrado Corazón de Jesús. San Juan le respondió: “Mi ministerio en ese tiempo en que la Iglesia se formaba consistía en hablar únicamente sobre la Palabra del Verbo Encarnado…… pero en los últimos tiempos, se les está reservado la gracia de oír la voz elocuente del Corazón de Jesús. A esta voz, el mundo, debilitado en el amor a Dios, se renovará, se levantará de su letargo y una vez más, será inflamado en la llama del amor divino”

Santa Margarita María de Alacoque  (1647 –1690)

Virgen, monja de la Orden de la Visitación de la Virgen María. En la festividad de San Juan evangelista de 1673, sor Margarita María, que tenia 25 años, estaba en adoración ante el Santísimo Sacramento. En ese momento tuvo el privilegio particular de la primera de las manifestaciones visibles de Jesús que se repetirían durante dos años más, todos los primeros viernes de mes.

1ª aparición: Jesús, conservando a Margarita María durante largos momentos contra su pecho, le hizo descubrir “las maravillas de Su amor”. Sumergiendo el corazón de Margarita María en el Suyo propio, encendió en ella la ardiente pasión de la caridad hacia las almas que salvar.

2ª aparición: Jesús se le apareció, ardiente como un sol, llorando la ingratitud de los hombres tras los dolores sufridos por ellos. Entonces pidió dos actos de reparación hacia su divino Corazón: la comunión cada primer viernes de mes, y la hora de adoración cada jueves por la tarde, en memoria de su agonía en el Getsemaní.

3ª aparición: Los mismos dolores que se evocaron durante la segunda aparición: “He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombre y que no ha ahorrado nada hasta el extremo de agotarse y consumirse para testimoniarles su amor. Y, en compensación, solo recibe, de la mayoría de ellos, ingratitudes por medio de sus irreverencias y sacrilegios, así como por las frialdades y menosprecios que tienen para conmigo en este Sacramento de amor. Pero lo que más me duele es que se porten así los corazones que se me han consagrado”. Jesús pide entonces instaurar una fiesta para su Sagrado Corazón, algo que extendió Pío IX por toda la Iglesia católica, en 1856. Esta festividad tiene por objetivo reparar las ofensas cometidas contra la santa Eucaristía y el Sagrado Corazón.

Las promesas de Jesús a quienes sigan la devoción a su Sagrado Corazón:

  1. Les daré todas las gracias necesarias en su estado.
  2. Llevaré la paz a sus familias.
  3. Los consolaré en todas sus penas.
  4. Seré su refugio asegurado durante toda su vida y especialmente en la muerte.
  5. Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus iniciativas.
  6. Los pecadores encontrarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de misericordia.
  7. Las almas tibias se volverán fervientes.
  8. Las almas fervientes se elevarán a una gran perfección.
  9. Incluso bendeciré las casas donde la imagen de mi Corazón se exhiba y se honre.
  10. Daré a los sacerdotes el talento para conmover los corazones más endurecidos.
  11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán sus nombres escritos en mi Corazón y nunca serán borrados.
  12. Os prometo, en el exceso de la misericordia de mi Corazón, que mi amor todopoderoso concederá a todos quienes reciban la comunión el primer viernes, y nueve veces más, la gracia de la penitencia final, que no morirán en mi desgracia ni sin recibir los sacramentos, y que mi Corazón será su refugio seguro en su última hora

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