Inicio Dios te quiere «Un corazón más grande que el de nuestras madres»

«Un corazón más grande que el de nuestras madres»

por Pbro. Tomás Trigo
Dios te quiere

Ningún amor maternal es tan tierno como el de Dios, porque es el creador de los corazones

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¿Qué niño no confía en su madre?

Pues Dios nos quiere más que nuestras madres, con un amor más grande que el de todos los corazones de todas las madres del mundo.

¿Quién les dio el corazón a nuestras madres?

Estas son unas palabras que el Señor, al parecer, dirigió a Gabrielle Bossis:

«Oíste el otro día a aquella joven madre que te dijo: “Cuando tengo a mi hijo en brazos lo olvido todo”. ¿Qué es su amor maternal comparado con el mío? Su amor soy Yo quien se lo da. El amor que Yo os tengo es el de un Dios. ¿Te acuerdas? Decíamos: “Es la Locura Divina”. No temas, pues. Pide. Anhela y agradece el amor. Llámate a ti misma pequeña hija de Dios. Esto te dará un nuevo sentimiento».

Nos habla de su Locura Divina de amor por nosotros. Nos hace pensar en el amor de una madre, pero nos recuerda que es Él quien les da a las madres su corazón. Ningún amor maternal es tan tierno como el de Dios, porque es el creador de los corazones.

Si pudieran, las madres no dejarían de pensar en sus hijos. Dios puede. No se olvida de nosotros en ningún instante. Está pendiente de cada uno, con la misma solicitud, más, mucha más, que la de una madre cuando cuida a su hijo pequeño, absolutamente necesitado de sus cuidados. 

Y Dios, cuando nos tiene en sus brazos, es decir, siempre, lo “olvida todo”. Porque lo único que le importa es su hijo pequeño, como si nada más que ese hijo existiera en el mundo.

Pero el Señor también es más sabio que todas las madres. Por eso a veces permite que nos sucedan cosas que no entran en nuestra cabeza, que nos parecen incompatibles con un corazón de madre.

Señor, es como si te encontrases en un aprieto: nos quieres infinitamente, pero, a la vez, debes permitir que suframos, y eso tal vez te inquiete, porque nosotros tenemos una inteligencia muy limitada, y podemos pensar que no nos quieres. Tú también sufres, como los padres que tienen que permitir que sus hijos sufran para que se curen. Y por eso nos dices una y otra vez que no pensemos mal de ti, que todo lo haces para nuestro bien. ¡Dios mío, creo en tu amor!

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