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¿Estoy llamado a ser santo?

por Obispo Daniel H. Mueggenborg
La santidad

La santidad, el llamado a ser santo, es una invitación de Dios a cada ser humano. El Señor nos creó para que le conozcamos, le amemos y le sirvamos en esta vida para estar con él en la vida eterna. 

Aceptar la invitación a la santidad significa dejar a un lado todo lo que nos impide entregarnos a él en amorosa obediencia. La santidad no es solo una posibilidad — es, incluso, algo que se espera de un discípulo cristiano.

Los santos nos ayudan ofreciéndonos ejemplos de cómo decir que sí a la voluntad de Dios en la práctica. La Iglesia eleva a hombres y mujeres santos a santos patrones para inspirarnos y guiarnos en nuestras circunstancias particulares. Hay santos patrones para los doctores, abogados, padres y madres, atletas, carpinteros, maestros, sacerdotes y prácticamente cualquier otra profesión o vocación. Les animo a encontrar quiénes son sus santos patrones (comiencen con una búsqueda por Internet), conozcan acerca de cómo ellos cumplieron con el llamado a la santidad, y oren por su intercesión.

Personalmente, a mí me ha inspirado y motivado el Beato Stanley Rother, un modelo contemporáneo de santidad, amor sacrificial, compromiso pastoral y fervor misionero que coincidentemente es de mi mismo pueblito natal en Oklahoma. De muchas maneras, él también fue una persona común. Para un resumen de su vida y ministerio, visiten el sitio archokc.org/stanleyrother y miren el video llamado “An Ordinary Martyr” (Un mártir común y corriente”, preparado para su misa de beatificación en septiembre de 2017.  

Beato Stanley Rothe

El Beato Stanley Rother es reconocido como el primer mártir nacido en los Estados Unidos; él entregó su vida mientras servía a indígenas en Santiago Atitlán, Guatemala, el 28 de julio de 1981. Fue un sacerdote diocesano que sirvió como misionero durante 13 años y cuidó de sus feligreses durante los tiempos más duros de la guerra civil en ese país.

Desde el momento de su llegada a Guatemala en 1968, comenzó a trabajar para la salvación integral del pueblo Tz’utujil. Aprendió su idioma –que carecía de forma escrita–, realizó obras de misericordia corporal y espiritual, y reconstruyó la fe de una comunidad que no había tenido un sacerdote residente por casi un siglo. Cuando su nombre apareció en la lista de personas que serían asesinadas, él regresó a la seguridad de los Estados Unidos.

Durante los tres meses en casa, discernió el llamado de Dios de regresar a su comunidad por temor a que fueran abandonados en medio del peligro. Como escribió en una carta solo unos meses antes de su muerte, “El pastor no puede huir”. Frente al peligro, él deseó ser la imagen de Cristo el Buen Pastor para su pueblo.

Les animo a tomarse el tiempo este verano para aprender acerca de sus santos patrones— especialmente sobre aquellos que vivieron en el siglo 20. Hay mujeres y hombres de fe heroica que fueron llenados del Espíritu Santo y no permitieron que nada les apartara del amor de Cristo.

En especial el 28 de julio, les pido que busquen la intercesión del Beato Stanley Rother por todos los sacerdotes (y obispos) en el Oeste de Washington, para que nosotros tampoco permitamos que nada nos separe del amor de Cristo.

Beato Stanley Rother, ruega por nosotros. Santos patrones, rueguen por nosotros.

Fuente: Northwest Catholic

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