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10 minutos con Jesús. Hoy: Piratas

por 10 Minutos con Jesús
pirata

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Señor mío, Dios mío creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia, te pido perdón de mis pecados y Gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía, inmaculada; San José, mi padre y señor; Ángel de mi Guarda, intercede por mí.

Piratas a la vista

En las historias de piratas, siempre hay un tesoro enterrado, en alguna isla perdida, en mitad de la inmensidad de algún océano. Para poder encontrarlo, se necesita el mapa del tesoro. Los piratas matan por conseguir el mapa del tesoro. El tesoro que, básicamente, suele ser un cofre lleno de monedas de oro, pedruscos preciosos, perlas de gran tamaño y cosas así. Cuando por fin consiguen encontrar el tesoro, los piratas matan por llevarse, cuanto más mejor. No recuerdo muy bien, pero quizá, cuando era pequeño, me parecía fabuloso eso de tener un cofre lleno de monedas de oro. Así, pues, ya no tendría que ir al colegio. Podría llevar una vida cómoda. Claro que posiblemente acabaría siendo un pirata

Un tesoro fabuloso

Ahora, lo que me parece fabuloso es que con un cofre lleno de monedas de oro, se podría llevar adelante algún buen proyecto de servicio a la sociedad para ayudar a los demás. Por ahí va la llamada vocación del hombre. La vocación a servir, a amar, a dar la vida. Que es donde encontramos la felicidad. Y no simplemente a tener o a vivir cómodamente. En el evangelio de hoy, Jesús nos invita a no ser avariciosos ante dos hermanos que se pelean por una herencia. Tú, Jesús, les dices: “estad atentos y guardaos de toda avaricia. Pues aunque uno abunde en bienes, su vida no depende de aquello que posee”. 

Su vida no depende de aquello que posee. Es cierto que necesitamos cosas para poder vivir pero, Jesús, que yo no fundamente mi vida sobre las cosas, que no entregué mi corazón a las cosas.

Falsa seguridad

Hay tantas personas que ponen su seguridad en poseer y en poseer mucho. Tú Jesús, nos propones una parábola, que es la parábola del rico insensato. Del rico memo, estúpido, necio, tonto.

Dice así la parábola: Las tierras de un hombre rico dieron mucho fruto y pensaba para sí “¿Qué haré? Pues no tengo donde almacenar mi cosecha”. Y dijo: “esto haré, destruiré mis graneros y los construiré mayores y allí guardaré todo mi trigo y mis bienes. Entonces diré a mi alma: Alma, tienes ya muchos bienes almacenados para largos años, descansa, come, bebe y pásalo bien”. Pero Dios le dijo “insensato, esta misma noche te pedirán tu alma, y lo que has preparado ¿para quién será? Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios. Ya ves, es una enseñanza muy clara de Jesús.

Una estupidez

 Es una estupidez, una enorme estupidez amontonar, tener como objetivo una vida cómoda rodeado de bienes. El desprendimiento o la pobreza es virtud cristiana. Virtud del caminante, del que no se instala. Yo Señor, estoy de camino hacia el cielo, y además, los únicos tesoros que me podré llevar al cielo serán mis obras buenas de servicio, hechas por amor. Esto es ser rico delante de Dios. Posiblemente, tú y yo sabemos todo esto, se lo hemos recordado a otros muchas veces y también a nosotros mismos, pero es cierto, Jesús, que se me olvida y conviene volver a considerarlo, volver a recordarlo. El rico insensato, cuando ha guardado sus bienes en sus trasteros, pues, se dice eso “descansa, come, bebe y pásalo bien”. Es la llamada a la vida cómoda, a la vida, quizá, perezosa, a la vida rodeada de cosas.

Benedicto VI y la verdadera felicidad

San Josemaría decía que, lo que se necesita para conseguir la felicidad no es una vida cómoda, sino un corazón de enamorado. Es una gran verdad, las personas felices son las que tienen un corazón enamorado, no las que tienen muchas cosas, mucha comodidad.

Benedicto XVI a los pocos días de ser elegido como Papa, contaba que él, antes de su elección, creía que había realizado ya la obra de toda una vida. Llevaba pues muchos años trabajando en Roma y después del fallecimiento de San Juan Pablo II, pues, ya llegaba el momento de la jubilación y que podía esperar terminar tranquilamente sus días en su país, en Alemania. Vino Dios y le cambió los planes, y cuando veía que iba a ser elegido como Papa, hacía su oración y le decía al Señor “no me hagas esto, no me hagas esto, tienes personas más jóvenes y mejores que pueden afrontar esta tarea con entusiasmo y fuerza, no me hagas esto”.

La carta

Otro cardenal le mandó una breve nota, una carta, en la que le decía: “Si el Señor te dijera ahora sígueme, no lo rechaces”. Y le recordaba en esa carta lo que pocos días antes había predicado de San Juan Pablo II. Que siempre había dicho a Dios: “Sí, te sigo, aunque me lleves a donde no quisiera. Y concluía, Benedicto XVI, diciendo “Los caminos del Señor no son cómodos, pero tampoco hemos sido creados para la comodidad, sino para cosas grandes, para el bien”.

Esto es lo contrario del rico insensato. Descansa, come, bebe pásalo bien. Señor, tú no me has creado para ser un pirata o un rico insensato. No me has creado para que me quede adormecido en la comodidad de un sofá 

Francisco y el sofá

El Papa Francisco advertía a un encuentro con jóvenes del peligro de creer que para ser feliz necesitamos un buen sofá. Un sofá que nos ayude a estar cómodos, tranquilos, bien seguros. Un sofá que nos garantiza horas de tranquilidad para trasladarnos al mundo de los videojuegos y pasar horas frente a la computadora. Un sofá contra todo tipo de dolores y temores. Un sofá que nos haga quedarnos encerrados en casa, sin fatigarnos ni preocuparnos. La sofafelicidad. 

Un poco más adelante, pues invitaba a ser valientes. “Jesús es el señor del riesgo, es el señor del siempre más allá, Jesús no es el señor del confort, de la seguridad y de la comodidad. Para seguir a Jesús hay que tener una cuota de valentía, hay que animarse a cambiar el sofá por un par de zapatos que te ayuden a caminar por caminos nunca soñados.

No quiero ser un pirata

Yo, Señor, no quiero ser un pirata que busca un cofre lleno de monedas de oro o una vida cómoda y aburrida. Quiero ser alguien con el corazón enamorado, que busca seguirte de cerca y no tiene miedo al frío, al calor, a la incomodidad. A ir por la vida un poco con lo justo, porque tú, Señor, vas conmigo. La vida de la Virgen y San José no fue cómoda, pero fue maravillosa. María es mi refugio en la oscuridad, es mi descanso.

Oración final

Te doy gracias Dios mío por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en este rato de oración. Madre mía, inmaculada; San José, mi padre y señor. Ángel de mi guarda, intercede por mí.

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