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Te Alabamos Señor. Hoy: Salmo 28

por Editor mdc
Salmo

Alabar a Dios, orar, conversar con el Padre, siempre recordando nuestra condición de hijos amados por Él. Estos son algunos de los objetivos de este proyecto de Misioneros Digitales Católicos, que culminará cuando publiquemos el 150.

Hoy compartimos con ustedes el Salmo 28

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SALMO 28 (versículos 1-9)

De David.

Yo te invoco, Señor;

tú eres mi Roca, no te quedes callado,

porque si no me respondes,

seré como los que bajan al sepulcro.

2 Oye la voz de mi plegaria,

cuando clamo hacia ti,

cuando elevo mis manos hacia tu Santuario.

3 No me arrastres con los malvados

ni con los que hacen el mal:

con los que hablan de paz a su prójimo,

mientras su corazón está lleno de maldad.

4 Trátalos conforme a sus acciones,

como corresponde a su mala conducta;

trátalos según la obra de sus manos,

págales su merecido.

5 Ellos no valoran lo que hace el Señor

ni la obra de sus manos:

por eso él los derribará

y no volverá a edificarlos.

6 Bendito sea el Señor,

porque oyó la voz de mi plegaria;

7 el Señor es mi fuerza y mi escudo,

mi corazón confía en él.

Mi corazón se alegra porque recibí su ayuda:

por eso le daré gracias con mi canto.

8 El Señor es la fuerza de su pueblo,

el baluarte de salvación para su Ungido.

9 Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia;

apaciéntalos y sé su guía para siempre.

Fuente:El Libro del Pueblo de Dios. 

Voz: Fabiana Coletti /Música: Juanjo Cabrera (Spotify) / Juanjo Cabrera (canal de Youtube)

Comentario del Salmo 28

Salmo de súplica y acción de gracias individual, estructurado en tres partes: súplica ante los enemigos (1-5), acción de gracias (6-8), plegaria por el pueblo (9). El salmo sigue el modelo más común de las súplicas y lamentaciones. La súplica inicial recurre a expresiones genéricas, pero después se concreta en una plegaria para que Dios libere al salmista de los malvados que deberán ser castigados por su mal proceder. Continúa con un canto de acción de gracias a Dios por la salvación ya obtenida o esperada, que incluye también al pueblo y al rey, beneficiarios de la acción salvífica de Dios, como ratifica la súplica conclusiva. 

Fuente: La Biblia, La Casa de La Biblia, edición aprobada por la Conferencia Episcopal Española

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