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Los frutos del reino

por Mons. Luis José Rueda Aparicio
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No nos alejaremos de ti Señor, danos vida para que invocamos tu nombre. 

Evangelio según San Mateo 21,33-43.45-46. 

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.

Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos.
Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.

El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.
Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: «Respetarán a mi hijo».

Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: «Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia».
Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.

Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?».

Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»
Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?

Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos.
Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

Palabra de Dios

Transcripción de La Voz del Pastor del 4 de octubre de 2020

El señor Jesús está hablando con otra parábola, una parábola de un propietario que tenía un terreno que tenía una viña. La palabra viña es hermosa para referirla y para representar su familia, para representar la humanidad, para representar nuestra vida. Somos la viña del Señor. 

Allá en el Antiguo Testamento se hablaba en el Profeta Isaías de una viña, una viña y un pequeño terreno de un campesino que lo cuida, lo cerca, lo riega, lo prepara, siembra la semilla, las cepas, los tronquitos de la vid para que con el tiempo esta viña le produzca el fruto y el sustento, y la gran alegría de este campesino de este trabajador será poder recoger los frutos, ver los racimos abundantes porque es el premio, porque es el esfuerzo que él ha puesto en su trabajo. 

Dios es el viñador, nosotros somos la viña. Dios es el que cuida a su familia, Dios es el que cuida la humanidad, pero cuando nosotros nos olvidamos de Dios qué pasa que nosotros nos adueñamos de la familia de nuestra vida y pretendemos adueñarnos del mundo. Por eso Jesús está diciendo en esta parábola del Capítulo 21 de San Mateo que el dueño de la viña envía para recibir los frutos, pero aquellos malvados, pero aquellos asesinos dicen:  vamos a eliminar a todos los enviados, incluso cuando les manda a su propio hijo dicen quitémoslo del camino, lo asesinamos, lo sacamos de la Ciudad, lo matamos y nos quedamos con la propiedad. 

Cuántas personas han sido expropiadas de su tierra, cuántas personas han tenido que tomar las cosas con su familia e irse a otro lado porque algunos quieren acumular tierra sobre tierra, finca sobre finca, hectáreas sobre hectáreas y son capaces de adueñarse y de apropiarse de lo que no les pertenece. Pero así como el ser humano se vuelve como un lobo para el hombre, para el compañero, para el hermano, para el familiar y le quita la vida para adueñarse de la herencia, así también sucede en nuestra relación con Dios. 

Queremos quitar a Dios de nuestra vida para adueñarnos, para ser señores, nosotros para no ofrecer los frutos pero el Señor espera que usted dé fruto, que su familia dé fruto, el Señor sigue esperándonos, el Señor tiene toda la paciencia necesaria para que nosotros, a nuestro debido tiempo y según nuestra capacidad, podamos dar los frutos que el Señor necesita y los frutos son frutos del reino, frutos que nos hacen bien a nosotros como viña, frutos que son vida, justicia, verdad, paz, amor reconciliación, esos son los frutos que el Señor espera de su vida, de su trabajo, de sus capacidades, de la humanidad entera. 

Que su familia, que la sociedad, que cada uno de nosotros con nuestra vida sea una viña cuidada para Dios. Él esel dueño y que demos fruto abundante pero, para dar fruto debemos estar conectados con el tronco que es Cristo Jesús, que vino para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. 

Que el Señor le dé la paz a la viña de su familia y del mundo entero, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén. 

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