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Florencia se va de misión

por Editor mdc
misionera

A sus 29 años, Florencia Cogliolo emprende en los próximos días un viaje, una aventura especial. Marcha de misión a Panamá como miembro de la Familia Misionera Verbum Dei Argentina. Y para lo que necesita la ayuda de sus prójimos. Pero mejor que contar nosotros de qué se trata todo ésto, lo hace ella en primera persona.

“Porque ansío cambiar el odio en amor,
porque anhelo ver despertar tantas vidas,
paralizadas, sin rumbo ni sentido.
Y me apremia llegar a tiempo,
a quien a tientas busca sediento,
añoro calor de hogar en tantos ambientes muertos,
en un mundo que en silencio sigue gimiendo”.


Cito esta estrofa de la canción inspirada en el “Pregón del evangelizador” de Jaime Bonet, el
fundador del Verbum Dei, que condensa en pocas palabras lo que he experimentado de Dios a
través de muchos y lo que hoy deseo llevar a otros.
Soy Florencia Cogliolo, tengo 29 años, soy de la localidad de Christophersen y pertenezco a la
Familia Misionera Verbum Dei Argentina.
Con una alegría indescriptible quiero compartir una noticia: desde junio de este año 2021 estaré
misionando en Panamá, en la ciudad de San Félix y en las comarcas indígenas, al servicio de la
Iglesia allí, en una comunidad acompañada por la Fraternidad Misionera Verbum Dei.
Las misioneras Verbum Dei realizan en esa tierra de misión una experiencia apostólica. Ellas la
describen como una tierra sedienta de Dios, necesitada de una experiencia de fe viva, de
encuentro personal con Jesús, de formación humana y espiritual, de catequesis, de
acompañamiento pastoral, personal, familiar y social. Con grandísimo entusiasmo e ilusión, mi
misión será dedicarle un tiempo a dicha labor.
Hoy, de cara a la misión, quiero agradecer desde lo profundo de mi corazón a muchos. La fe que
recibí es un don de Dios, sembrado, alimentado y custodiado por muchas manos invisibles que
posibilitaron todo lo que soy, el camino recorrido y mi entrega a la misión.
Crecí acompañada por una familia que me introdujo en la fe y que me dio medios para conocer a
Dios. Siendo adolescente comencé a participar de un grupo juvenil en mi colegio, y a través suyo
asistí a numerosas actividades juveniles de mi querida diócesis de Venado Tuerto, en las que
conocí amigos con quienes transité la vida y la fe, y poco a poco la fe se fue integrando a la vida
hasta fundirse y ser una sola cosa.
En esos años conocí al Verbum Dei, escuela por medio de la cual Dios pudo bajar a tierra, a mi
tierra. El mayor fruto fue aprender a tratarlo, y con ello descubrir la humanidad de Jesús y
experimentar su cercanía. Ya no fue alguien lejano, sino Alguien que bajó a mi historia personal,
a mi realidad y a mis circunstancias, a lo que iba viviendo, a mis dudas, a mis preguntas tantas
veces sin respuestas, a mis miedos, a mis sueños, a lo que me ilusionaba, a lo que sentía con
fuerza en el corazón y no sabía cómo darle forma. Sin dudas, el Verbum Dei fue ese canal de
Gracia por el que Dios pudo llegar más profundo.
La Familia Misionera Verbum Dei no es una “cosa”, son personas que me enseñaron a creerle al
Espíritu, a creerle plenamente a la Voz interior, a animarme a orar porque es un diálogo con
Alguien que responde mis preguntas más profundas. El grupo misionero juvenil de la diócesis de
Venado Tuerto también es alguien, una comunidad de amigos a los que quiero con el alma. La
Pastoral Juvenil diocesana, me ofreció el regalazo de misionar, REGALO con mayúsculas. Y
desde esa primera experiencia de misión tuve la certeza de lo afortunada que era por tener a
Dios en mi vida y quise compartirlo, anunciarlo para que llegue a muchos (Mt 5, 14-15).
Una frase del sacerdote español J.L. Martín Descalzo refleja profundamente mi experiencia: “Se
sentían felices y asustados de haberlo conocido. No entendían nada, pero estaban seguros de que
sus vidas ya no tendrían otro sentido que seguirle”. La vivencia personal de la gratuidad de Dios y
de su delicadeza y amor en mi vida cultivó un deseo inmenso de compartirlo, de no guardarlo, de
salir al encuentro de otros y revelarles lo que yo misma había conocido (I Jn 1,1-4).
El anuncio de Jesús, me dió la certeza de que la fe se fortalece dándola, y hoy ofrezco mi
corazón por un nuevo destino: Panamá, fruto de un camino recorrido, y por lo que les agradezco
infinitamente a cada uno de los que han sembrado y custodiado el don de Dios en mí.
Llevo en mi corazón muchos nombres, rostros, huellas que son fruto del paso de tantos que
forjaron mi vida. Agradezco a mi familia, a mi novio, a mis amigos en la fe, a quienes me han
guiado a sabiendas y a quienes lo hicieron sin percibirlo, a todos los que han sido testimonio con
sus vidas, al hermoso grupo juvenil de misión de la diócesis de Venado Tuerto, a la Familia
Misionera Verbum Dei, a todos gracias.
La misión es la concreción de dos deseos, el mío de ayudar a muchos, de compartir la Vida que
recibí, y el sueño de Dios de que a través de mi pequeña entrega para alguien pueda la vida ser
más plena.
Rezaré por ustedes, cuento con su oración.


Florencia Cogliolo

¿Cómo podemos ayudar a Florencia?

A Florencia la podemos ayudar siendo misionero espiritual o económico. En las imágenes y links siguientes el lector encontrará toda la información al respecto.

PARA SUMARTE COMO MISIONERO ESPIRITUAL, INSCRIBITE AQUÍ:https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLScWZvc6EFFD3CagT3IQSVqc3cAXkFQINAjzOzOEEJsdJus6IQ/viewform

PARA SUMARTE COMO MISIONERO ECONÓMICO, LUEGO DE HACER LA DONACIÓN INSCRIBITE AQUÍ:https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLScswV6fMz2-ASCX52vj6NyKFqls4DkmWuCWSryUGzgkFNPnrg/viewform

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