Inicio Dios te quiere «Nuestro sufrimiento le duele más a Él que a nosotros»

«Nuestro sufrimiento le duele más a Él que a nosotros»

por Pbro. Tomás Trigo
Nuestro sufrimiento le duele más a Él que a nosotros

Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios, de los que son llamados según su designio (Rm 8, 28)

Clic para descargar el audio

«Bienaventurado el hombre al que Dios corrige» (Job 5, 17). 

Nos corrige porque nos quiere. Tenemos que reconocer que necesitamos que nos corrija, porque no siempre nos comportamos como debemos. Necesitamos una medicina para nuestras enfermedades espirituales, para el egoísmo y la soberbia. Si Dios no nos quisiera, nos dejaría seguir con nuestra suciedad; aunque nos viera caminar por una senda equivocada, no se preocuparía de nosotros. Pero nos quiere. 

«Hijo mío, no rechaces la instrucción del Señor, ni te canses de sus reprensiones, porque el Señor reprende a quien ama, como un padre a su hijo amado» (Prov 3, 11). 

Es preciso que nos convenzamos bien de esta verdad. Es el mismo Dios quien nos revela que cuando permite algo que nos hace sufrir, lo permite para nuestro bien: 

«Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios, de los que son llamados según su designio» (Rm 8, 28).

¿Incluso el sufrimiento? Incluso el sufrimiento, el dolor y la contrariedad. Este es el gran privilegio de los hijos de Dios: desde que Cristo padeció y murió en la Cruz, y resucitó, los cristianos sabemos que hasta el sufrimiento puede ser un bien, porque sirve para ofrecerlo a Dios –ofrenda de amor– por uno mismo y por el mundo entero.

¡Claro que Dios tiene corazón! Y por eso le duele más a Él que a nosotros. Lo mismo que les pasa a todos los padres y madres que corrigen a sus hijos. Pero lo hacen, aunque les duela, porque quieren a sus hijos.

¿No habéis visto nunca el gesto de sufrimiento de una madre cuando ve a su hijo herido? ¿O cuando ve que el médico que está curando a su hijo tiene que poner algún remedio doloroso? Pues Dios tiene un corazón más grande que el de todas las madres. Sufre con el sufrimiento que nos envía, porque le duele ver sufrir a sus hijos. Pero sabe que es necesario para su salud espiritual.

Con nuestra inteligencia tan pequeña no alcanzamos a comprender qué bien va a sacar el Señor de esta contrariedad o de aquella situación que tanto nos duele. Pero Él es sabio: es la Sabiduría. Y nos quiere: es el Amor. 

Por eso podemos estar seguros, absolutamente seguros, de que, si eso no fuera bueno para nosotros, no lo permitiría. 

Otras publicaciones de Tomás Trigo

Para comprar el libro: Dios te quiere y tú no lo sabes

Related Articles

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: