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Meditación del día 1 de Septiembre

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según San Lucas 4,38-44

Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella.
Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.
Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.
De muchos salían demonios, gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!». Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.
Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos.
Pero él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado».
Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.

Jesús cura tus dolencias.

1) Hacer algo por ella: La suegra de Pedro estaba mal, la fiebre te lleva a no reconocer, delirar y perder la realidad. Cuántos estamos con este mal «la fiebre espiritual» que no te deja ver la realidad, que estás delirando, que no sabes dónde estás parado e incluso se debilita todo en vos. Hoy Jesús quiere sanarte para que pase de vos esta mirada a tu realidad, que puedas buscar en tu vida esa paz que da Él.

2) La multitud: Cuántos te rodean y te marean, pero también cuántos te necesitan. Mira tu misión y por dónde vas caminando en tu vida. Siempre habrá necesidades a tu alrededor. El problema es si vos te pones como el mesías, el salvador, el que tiene o la que tiene que resolver el problema de todos. Uno puede ayudar, pero también debe recordar su misión. Jesús sana y ayuda, pero marca que tiene un tiempo porque su misión sigue. Mira tu camino y objetivo, no sea que estés detenido en un mesianismo que vos mismo te pusiste, de querer salvar a todos, pero no salvando tu objetivo en este mundo.

3) El desierto: Cuán importante es tu momento de soledad. El lugar donde vos pares la pelota de tu vida y mires bien el todo de tu realidad, que sepas por dónde estás caminando y hacia dónde estás yendo con tu vida. Jesús después de allí aclara que tenía que seguir, no se puede quedar, incluso ante un «éxito rotundo». Pero aquí importa más tu misión en el mundo y a lo que viniste, porque es eso lo que te hará feliz. Momentos exitosos aparecen, pero tarde o temprano eso termina, en cambio tu misión en este mundo terminará con vos en esta vida.


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1 comentario

PIna López Arias September 1, 2021 - 8:58 am

Gracias Padre Luis Zazano por sus diarias interpretaciones de los evangelios . Sus palabras y consejos son muy claros y aleccionadores.

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