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Te Alabamos Señor. Hoy: Salmo 69

por Editor mdc
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Alabar a Dios, orar, conversar con el Padre, siempre recordando nuestra condición de hijos amados por Él. Estos son algunos de los objetivos de este proyecto de Misioneros Digitales Católicos, que culminará cuando publiquemos el 150.

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SALMO 69 (versículos 1-37)

Del maestro de coro. Según la melodía de «Los lirios». De David.

2 ¡Sálvame, Dios mío,

porque el agua me llega a la garganta!

3 Estoy hundido en el fango del Abismo

y no puedo hacer pie;

he caído en las aguas profundas,

y me arrastra la corriente.

4 Estoy exhausto de tanto gritar,

y mi garganta se ha enronquecido;

se me ha nublado la vista

de tanto esperar a mi Dios.

5 Más numerosos que los cabellos de mi cabeza

son los que me odian sin motivo;

más fuertes que mis huesos,

los que me atacan sin razón.

¡Y hasta tengo que devolver

lo que yo no he robado!

6 Dios mío, tú conoces mi necedad,

no se te ocultan mis ofensas.

7 Que no queden defraudados por mi culpa

los que esperan en ti, Señor del universo;

que no queden humillados por mi causa

los que te buscan, Dios de Israel.

8 Por ti he soportado afrentas

y la vergüenza cubrió mi rostro;

9 me convertí en un extraño para mis hermanos,

fui un extranjero para los hijos de mi madre:

10 porque el celo de tu Casa me devora,

y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian.

11 Cuando aflijo mi alma con ayunos,

aprovechan para insultarme;

12 cuando me visto de penitente,

soy para ellos un motivo de risa;

13 los que están a la puerta murmuran contra mí,

y los bebedores me hacen burla con sus cantos.

14 Pero mi oración sube hasta ti, Señor,

en el momento favorable:

respóndeme, Dios mío, por tu gran amor,

sálvame, por tu fidelidad.

15 Sácame del lodo para que no me hunda,

líbrame de los que me odian

y de las aguas profundas;

16 que no me arrastre la corriente,

que no me trague el Abismo,

que el Pozo no se cierre sobre mí.

17 Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor,

por tu gran compasión vuélvete a mí;

18 no te ocultes el rostro a tu servidor,

respóndeme pronto, porque estoy en peligro.

19 Acércate a mi y rescátame,

líbrame de mis enemigos:

20 tú conoces mi afrenta, mi vergüenza y mi deshonra,

todos mis enemigos están ante ti.

21 La vergüenza me destroza el corazón,

y no tengo remedio.

Espero compasión y no la encuentro,

en vano busco un consuelo:

22 pusieron veneno en mi comida,

y cuando tuve sed me dieron vinagre.

23 Que su mesa se convierta en una trampa,

y sus manjares, en un lazo;

24 que se nuble su vista y no vean

y sus espaldas se queden sin fuerza.

25 Descarga sobe ellos tu indignación,

que los alcance el ardor de tu enojo;

26 que sus poblados se queden desiertos

y nadie habite en sus carpas.

27 Porque persiguen al que tú has castigado

y aumentan los dolores del que tú has herido.

28 Impútales una culpa tras otra,

no los declares inocentes;

29 bórralos del Libro de la Vida,

que no sean inscritos con los justos.

30 Yo soy un pobre desdichado, Dios mío,

que tu ayuda me proteja:

31 así alabaré con cantos el nombre de Dios,

y proclamaré su grandeza dando gracias;

32 esto agradará al Señor más que un toro,

más que un novillo con cuernos y pezuñas.

33 Que lo vean los humildes y se alegren,

que vivan los que buscan a Dios:

34 porque el Señor escucha a los pobres

 y no desprecia a sus cautivos.

35 Que lo alaben el cielo, la tierra y el mar,

y todos los seres que se mueven en ellos;

36 porque Dios salvará a Sión

y volverá a edificar las ciudades de Judá:

37 el linaje de sus servidores la tendrá como herencia,

y los que aman su nombre morarán en ella.

Fuente: El Libro del Pueblo de Dios. 

Voz:  Ma Teresa Vargas /Rafael Alvarado Música: Juanjo Cabrera (Spotify) / Juanjo Cabrera (canal de Youtube)

Comentario del Salmo 69

Esta angustiosa lamentación tiene muchos rasgos comunes con el Salmo 22, en especial, la dramática descripción de la enfermedad y los sufrimientos que dan motivo a la súplica (vs. 2-5). Entre estos últimos, el salmista menciona particularmente el desprecio de que es objeto por su fidelidad a la causa de Dios y su amor hacia el Templo (vs. 8-13). Así hace presente al Señor que su enfermedad pone en juego el honor divino, porque si él muere, todos los fieles quedarán expuestos a la burla de sus enemigos (v. 7).36Los vs. 36-37 indican que el Salmo fue compuesto poco tiempo después del exilio babilónico.

Fuente: El Libro del Pueblo de Dios /Editorial San Pablo

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