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Es fundamental aprender a compartir la vida

por Pbro. Carlos Padilla E.
vida

Quisiera ser capaz de crear intimidad sin miedo al  vínculo. Porque los vínculos me hacen crecer.No le tengo miedo a la vida con todo lo que implica vivir desde lo más hondo de mi ser

Necesito aprender a descansar cuando el alma se llena de  compromisos y todo me pesa. En esos momentos dejaré a un lado lo que me abruma, lo que me  angustia, lo que me incomoda. Aprender a desconectar es quizás la tarea de toda mi vida. No quiero  quedarme solo. Quiero compartir la vida con los que caminan conmigo, sin miedo a perder, sin  temor a que me quiten lo que ahora retengo en un afán por conservar todo lo que amo. Sé cómo es la  realidad en la que me encuentro, y soy consciente de lo que me preocupa en mi corazón. No vivo de  forma inconsciente sino tomándole el peso a mis pasos. Me enfrento cada día con la diversidad que  forma parte de mi camino y acepto a aquel que tiene opiniones diferentes a las mías. No quiero vivir  en tensión descalificando al que no piensa como yo, quiero más bien conocerlo, saber sus razones y  el por qué de lo que piensa y ser su amigo. Siempre habrá personas que piensan y reaccionan de  forma diferente ante los contratiempos que trae la vida. Una misma realidad puede despertar  atracción o producir un fuerte rechazo. Depende de quién se enfrente a ella. La atracción y el  rechazo son una oportunidad formativa. Si experimento el rechazo puedo analizar las causas. ¿Por  qué reacciono con asco, rabia, odio, desprecio? ¿De dónde nace lo que siento? Miro en mi interior.  hay razones escondidas que a veces yo mismo desconozco. Cuando me doy cuenta de lo que se  despierta en mi interior, veo con claridad cómo es mi corazón. Algo pasó en mi historia. Un  encuentro, o un desencuentro. Aprendo de lo que siento, de mi percepción de las cosas y me hago  cargo de mis tensiones internas. Acepto que no soy tan objetivo como pretendo. Soy hijo de mi  historia. Tengo un pasado que cargo y me llena el alma de emociones. Mirarme con paz y alegría me  hace sentir mejor. Quiero ser yo mismo y sentir lo que siento. No es malo. Al mismo tiempo  comprendo que otros tengan otras reacciones y otros sentimientos. Para ello tengo que abrirme a sus  historias, a sus vidas. Para poder hacerlo tengo que salir de mí y sé que salir de la propia  autorreferencia exige mucha humildad y apertura. Salir de mí mismo para acercarme a mi hermano,  al diferente, al lejano e intentar comprenderlo y aceptarlo. Todo lo que me sucede, lo que siento, lo  que sufro, son oportunidades que me da la vida para aprender. No paso por encima de las cosas. Todo me afecta, profundizo, me adentro, descubro y siento. Soy conscientes de las dificultades de  trabajar en equipo dejándome tocar por lo que los demás sienten o sufren. Es fácil aconsejar a otros  pero yo tengo que hacer lo mismo que aconsejo. A veces me veo diciendo cosas que otros deberían  hacer o pensar. Me veo dictando cátedra o poniendo cargas sobre hombros ajenos mientras yo  camino ligero rehuyendo la lucha y la entrega. Me cierro en mis pensamientos y posturas creyendo  que allí nadie podrá hacerme daño. Vana ilusión. No estoy seguro en mis seguridades y no me  siento en paz dentro de mis muros protectores. Con el tiempo he comprobado que no todo está  absolutamente claro. Que puede haber diferentes puntos de vista. Y que lo que expreso ahora con  pasión, quizás de forma un poco exagerada, no es absoluto. Lo que me sucede es que no me dejo  ayudar por nadie para subir la montaña. Tal vez tengo miedo al conflicto o a decir la verdad a mi  hermano y enfrentar su desprecio, o su crítica. Me asusta reconocer todo lo que siento en mi alma.  Pero sé que quiero compartir la vida y los sueños con los que caminan conmigo. Echando raíces en  la tierra que piso. Amando lo concreto, lo humano, la vida que vivo. Me calmo al mirar el futuro, lo  que hay a mi alrededor, lo que aún no poseo, lo que no entiendo. Y sueño con una vida mucho más  grande que la que ahora tengo. Asumo que la diversidad es real, porque no hay un pensamiento  único. Eso no me desanima, muy al contrario, me alegra el alma. No necesito que todos piensen  como yo para tener paz y ser feliz. Mientras tanto sigo mi camino y brota de mi corazón el deseo de  llegar más lejos, más alto. No le tengo miedo al esfuerzo, ni a la lucha, ni a la renuncia. Son palabras  que forman parte de la vida. no todo siempre es bienvenido. Sé que la misericordia es la experiencia  más fuerte que voy a tener. Mucho más que la justicia. Aquí en la tierra son más frecuentes la  injusticia y la impunidad. El mal parece más fuerte que el bien y el odio más poderoso que el amor.  La verdad es que la misericordia es la llave que abre todas las puertas. El amor que se abaja sobre el  que sufre, sobre el que no hace las cosas bien y regala un perdón inmerecido. Nunca merezco ser  perdonado. Pero abrazar un amor misericordioso me salva en mi indigencia. No soy digno y no  merezco los dones que recibo. Aprendo a ser agradecido. Y no pretendo que todos compartan mi  mirada. Asumo que la vida es larga y sólo tengo una oportunidad de vivir mi presente. Quiero  hacerlo con amor, sin dejar espacio al rencor ni al odio. Sólo así merece la pena dar la vida y sentir  que todo lo que vivo forma parte de un sueño tejido por Dios en mi alma. 

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