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«Confianza en María»

por Pbro. Tomás Trigo
Dios te quiere

Escuchar aquí el episodio Confianza en María

«¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?».

Es el cariñoso reproche de la Virgen María a Juan Diego, porque en lugar de ir a encontrarse con Ella, como le había pedido, fue por otro camino a la ciudad de México en busca de un sacerdote que atendiese a su tío moribundo…

Recordemos la historia, y sobre todo las palabras de María, rebosantes de ternura: 

«Pero al día siguiente el obispo tampoco le creyó a Juan Diego y le dijo que era necesaria alguna señal maravillosa para creer que era cierto que lo enviaba la misma Señora del Cielo. Y lo despidió. El lunes, Juan Diego no volvió al sitio donde se le aparecía nuestra Señora porque su tío Bernardino se puso muy grave y le rogó que fuera a la capital y le llevara un sacerdote para confesarse. Él dio la vuelta por otro lado del Tepeyac para que no lo detuviera la Señora del Cielo, y así poder llegar más pronto a la capital. Mas Ella le salió al encuentro en el camino por donde iba y le dijo:

Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige, no se turbe tu corazón, no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella: está seguro que ya sanó… Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre del cerrillo, allí donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, júntalas, recógelas; en seguida baja y tráelas a mi presencia» (Del escrito del indio Nican Mophua).

Cuando tengamos alguna preocupación, podemos pensar que María también nos dirige estas palabras: «¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?» ¿Por qué te preocupas? Óyeme bien, hijo mío, el más pequeño: soy tu Madre y la Madre de Dios. Si solo fuese tu Madre, te querría mucho, pero no podría ayudarte en todo. Si solo fuese la Madre de Dios, podrías pensar que no me ocupo de ti. Pero, óyeme bien, hijo mío, el más pequeño: soy tu Madre y la Madre de Dios. Por tanto, te quiero y puedo ayudarte en todo. ¿Por qué te preocupas teniendo una Madre como yo? 

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Para comprar el libro: Dios te quiere y tú no lo sabes

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