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Noviciado Medalla Milagrosa – Villa Elisa – Buenos Aires – Argentina

por Horacio Espinosa

Seguramente les haya pasado escuchar sobre un lugar y por diversos motivos no tener la oportunidad de conocerlo a pesar de la cercanía con su hogar.

Durante algunos años escuché a muchas personas, en la capilla donde suelo ir a misa los domingos, hablar de un lugar muy especial a pocos kilómetros de mi casa. Como creo siempre, uno puede tener ganas de conocer tal o cual lugar, no importa la distancia, es el Señor quien nos hace ir hasta determinados lugares, muchas veces con sugerencia de Mamá María.

Breve historia de la Congregación de las Hnas. de Caridad de San Vicente de Paul.

La Congregación de Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl de Zagreb es una congregación fundada en 1856 por el cardenal croata Juraj Haulík (quien aportó grandes logros para Croacia desde el punto de vista espiritual) en Zagreb. A las religiosas de este instituto se les conoce como Hermanas de la Caridad de Zagreb o simplemente como Vicentinas de Zagreb.

La congregación tiene su origen en un grupo de Hermanas de la Caridad de Innsbruck y de Zams, quienes fundaron una nueva comunidad en Zagreb, el 5 de septiembre de 1845, a petición del mencionado cardenal. 

Las seis primeras Hermanas de la Caridad llegan a Zagreb desde Zams (Tirol) y se dedicaban a la atención de una escuela y un pequeño hospital. Inicialmente la casa de Zagreb dependía de las hermanas de Zams, hasta que el 22 de octubre de 1856, debido al gran número de jóvenes nativas que muy pronto se les habían agregado a la nueva comunidad y por gestión del cardenal Haulik, se erigió en una congregación independiente.

Finalmente el papa Pío XI elevó el instituto a Congregación religiosa de derecho pontificio, mediante decretum laudis del 18 de enero de 1931.

Consagradas a Dios como religiosas, las hermanas, de acuerdo con el fin de la Congregación sirven al prójimo, en especial a los pobres, practicando obras caritativas, espirituales y corporales.

En el convento de Zagreb, que juntamente con la iglesia de san Vicente hizo construir el cardenal Haulik, las hermanas desde los comienzos trabajaron en las obras que pronto se manifestaron en las dos ramas más fuertes de las misión de la congregación: la obra educacional y cultural en las escuelas y el cuidado de los enfermos y ancianos.

Todas las hermanas de estas congregaciones se sienten llamadas para ayudar al prójimo directamente, según las posibilidades y las necesidades del lugar y del tiempo.

La Congregación en Sudamérica.

Las Hermanas Vicentinas de Zagreb llegan a la Argentina en el año 1934, siendo solo cinco hermanas que se instalaron en el Dock Sud, famoso en aquel entonces por ser un barrio marginado y peligroso. 

Sin embargo las hermanas no se amedrentaron. Al contrario, siguiendo la misma línea de actividades de la patria de origen, abrieron muy pronto la guardería, la escuela primaria y en el año 1947 también la secundaria.

Como a estas primeras hermanas siguieron otras, en número bastante considerable, comenzaron a ampliarse los trabajos y nuevas fundaciones. Pronto se abrió el colegio primario en Orense, en José Ingenieros y posteriormente en Buenos Aires. Las hermanas fueron también a trabajar en los hospitales Ayacucho, Laprida, Leones, Villa Elisa y Marcos Juárez.

En el año 1942 las hermanas fueron al Paraguay, a San Ignacio y Asunción donde abrieron la escuela primaria; años más tarde, en Asunción también la secundaria, y en San Luis, donde atienden un dispensario, se dedican a los trabajos parroquiales con proyección a los campos inmediatos, teniendo en cuenta en primer término la promoción de la mujer.

Por el año 1953 se instalaron en el Uruguay; en Migues se fundó la escuela primaria. El 21 de junio de 1997, se constituye la “Provincia Paraguaya María Reina de la Paz”.

La nueva provincia, quedó conformada en aquel entonces con cuatro comunidades: San Ignacio, fundada el 16 de febrero de 1942; Asunción, en 1947; en 1985 la comunidad de General Delgado, en Itapúa; en 1991, la de Ciudad del Este.

La Congregación en Argentina.

Durante el siglo veinte muchos habitantes de Europa tuvieron que dejar con dolor y añoranza el suelo de su patria. Muchos de estos encontraron en la Argentina una nueva madre que les diera su amparo. Como otros, el pueblo croata también experimentó las consecuencias de todas estas desgracias y en la Argentina encontró su nueva patria. 

Durante el año 1934, año del Congreso Eucarístico Internacional realizado en Buenos Aires, las cinco primeras Hermanas Vicentinas de Zagreb pisaron el suelo argentino, respondiendo al llamado del P. Leonardo Ruskovic, franciscano, para atender a la comunidad croata de Dock Sud (Gran Buenos Aires) y para ayudar a la misma a mantener su fe y no olvidar sus milenarias raíces cristianas. 

Duros fueron los comienzos en esta tierra de misión a la que habían llegado: casas de chapa, calles sin asfalto, zanjas, suelo anegadizo, criadero de mosquitos y ranas, fue la realidad con la que se encontraron. Un barrio de veinte mil habitantes, en su mayoría inmigrantes venidos de distintas partes de Europa: España, Italia, Polonia, Yugoslavia, Alemania, Ucrania, etc., en busca de medios para subsistir. Era la clase obrera que no poseía prácticamente nada más que dos brazos fuertes para trabajar y mantener su familia. 

Aunque venidos de Europa, de países católicos, arrancados de sus comunidades, tuvieron dificultades para integrarse en los nuevos centros religiosos. 

Además, la dureza de la vida y la lucha por el pan de cada día endurecían sus corazones y no mostraban sentimientos de simpatía hacia la Palabra de Dios y su Iglesia. 

En este ambiente comenzaron su siembra las Hermanas Vicentinas quienes encontraron su riqueza evangélica: los pobres y su pobreza. 

Los primeros pasos de las hermanas fueron desalentadores: nadie las esperaba. Los únicos interesados fueron los periodistas que se les acercaron y a vuelo de pájaro les hicieron una entrevista que fue publicada al día siguiente en “La Razón” (Bs. Aires, 31-7-34): 

“Esta mañana llegaron a nuestro país cinco Hermanas de la Caridad, pertenecientes a la orden croata de San Vicente de Paúl, que vienen por primera vez a la República Argentina con el objeto de fundar aquí una casa religiosa de esa orden. Estas religiosas croatas se dedican, como las de San Vicente de Paúl, orden establecida desde hace años en Buenos Aires, a cuidar enfermos, niños y ancianos, y asimismo a la enseñanza. Las cinco religiosas que fundarán la casa de la orden croata en nuestro país proceden de Zagreb, llegando entre ellas la Superiora de la orden, hermana Tekla Delac.” 

Si bien estaba acordado que el p. Ruskovic las esperaría en el puerto, él no lo hizo personalmente, sino que encargó a un empleado de aduana, conocido suyo, que le avisara de la llegada de las hermanas. En los momentos de incertidumbre y desorientación apareció el P. Ruskovic. Intercambiando algunas palabras, las llevó al convento de las Hermanas Franciscanas donde se alojaron por unos días. Y pudieron experimentar entonces lo que significa ser pobre, encontrarse en tierra extranjera sin conocer el idioma, ni disponer de los medios necesarios para vivir, pero confiaban en la Divina Providencia que nunca les falló. 

Un día las hermanas decidieron visitar Dock Sud. Allí se encontraron con el párroco p. Pablo Wassenberg, alemán, encargado de la entonces Capilla del Sagrado Corazón. El buen sacerdote se mostró muy dispuesto a recibir a las hermanas en su parroquia y ayudarlas en todo lo que pudiera. Unos días más tarde, el 17 de agosto, ya estaban en una casa de chapa en la calle Manuel Estévez. Ubicadas cerca de la iglesia, tenían asegurado el alimento espiritual. Los sacerdotes de los Sagrados Corazones les ayudaban en todo, especialmente el p. Pablo. Los vecinos preguntaban a las hermanas si iban a abrir la escuela y cuando se enteraron que, además de brindar el apoyo escolar, organizarían cursos de labores y corte y confección, se pusieron contentos no solo aquellos de la colectividad croata, sino la gente de otras colectividades. Y de esa manera dieron comienzo a la obra que hoy es el colegio Cristo Rey. Visitaban a las familias del barrio, preparaban a los niños para los sacramentos de iniciación y trataban de mitigar la falta de formación cristiana de muchos. Como recuerdo del Congreso Eucarístico quedó en los colegios un saludo que se hizo tradicional: “Viva Cristo Rey”.

La casa alquilada no alcanzaba a alojar a todos los niños que se presentaron, por lo que se pensó cómo conseguir un terreno propio y empezar a construir. La oportunidad se presentó muy pronto y en el Pasaje Superí, que los vecinos cariñosamente denominaban “pasaje de las Monjas”. Eran dos cuadras de barro y agua, había solo un zanjón profundo. Los chicos jugaban en los charcos pescando. 

Pasaban los años; en cada mes de diciembre hubo despedidas y en marzo nuevos encuentros. En las clases de corte y confección las jóvenes y las señoras aprendían muchas cosas para su propia utilidad. Del logro de este trabajo habló el diario “La Libertad” (9. 12. 1937) en uno de sus artículos: 

“Con plausible éxito se dio por terminada anoche la exposición de labores llevada a cabo en el colegio Cristo Rey de la localidad de Dock Sud. A la calidad y esmero de las labores expuestas únase la corrección y belleza de los trabajos, que dentro de un marco pleno de exquisitez armonizaban perfectamente. El éxito alcanzado por quienes han dedicado parte de las horas del día en lograr impresionar favorablemente con el trabajo que habrán de exponer, y la disciplina y guía impuesta por las hermanas de Caridad que tutelaron con inteligencia y probidad los trabajos, es señal evidente del franco interés que la exposición encontró en las familias de esta localidad, y por eso no es de extrañar la gran cantidad que hasta las últimas horas de ayer desfilaron por la exposición de labores, admirando y ponderando los trabajos expuestos y teniendo palabras de elogio para sus autoras y Hermanas de Caridad, que tan plausiblemente coronaba los esfuerzos por ellas impuesto” .

En 1949 las hermanas llegan a la localidad de Villa Elisa – La Plata iniciando el Noviciado “Medalla Milagrosa”. Entre las numerosas ramas de la Familia Vicentina están las Hermanas Vicentinas de Zagreb.  

Descripción

Para comentarles como es el lugar, en realidad habría que dividir el predio en tres: dos partes parcialmente de acceso público y el noviciado, que por supuesto no lo es.

Ahora bien, el ingreso a predio se hace desde una calle rodeada de frondosos árboles, cuando se traspasa el portón de hierro, se accede inmediatamente a un parque muy bello y de inmediato el solo comienza a brillar.

Ya la atmosfera cambia, el sol brillante que se asoma atravesando las ramas de los árboles iluminan las flores, en un silencio especial. Recordemos que es un noviciado, por lo que el silencio y la oración priman sobre todo, dejando hasta el aire respirable con una atmosfera especial.

La capilla en sí arquitectónicamente hablando no merece mayor descripción, dado que en realidad la espiritualidad es tan grande que nos deja sin habla.

Madera, ladrillos y vegetación son los predominantes. El altar mayor posee una cruz como flotando en la naturaleza, a un lado una imagen de Ntra. Sra. de la Medalla Milagrosa, rodeada por un vitreaux y adornada por plantas colgantes desde un alero del techo que precede a otra vidriera con una cruz.

Frente a esta imagen hay un pórtico por donde las hermanas y novicias ingresan desde su casa. Esta puerta también está adornada por plantas y también tiene una vidriera con una cruz.

Ambas cruces laterales se iluminan (depende la hora) por el ingreso de la luz del sol generando una atmósfera especial.

El parque, muy arreglado, tiene cercano a la puerta del templo una Medalla Milagrosa realizada por las hermanas.

La visita

Dos veces hasta el momento he visitado este lugar. En ambas oportunidades llegué hasta el templo en horarios distintos al de la celebración de la Santa Misa. En ambos momentos fue solicitando permiso a las hermanas solamente para orar.

Ambas fueron en momentos difíciles de mi vida y, cuándo no, Mamá María ayudándonos, acompañándonos en esos momentos difíciles.

Solamente me dirigí hasta el lugar, sin saber siquiera si me dejarían entrar, solo con la necesidad de hacerlo. Por supuesto las hermanas me permitieron el acceso al templo por una puerta lateral y allí nos quedamos (estaba con mi esposa) largo rato; primero orando en silencio y luego rezando un santo rosario. Al cabo de un tiempo sentimos que no estábamos solos, ya que desde el silencio tres hermanas habían ingresado al templo, sin nosotros notarlo, y nos acompañaron con el rezo.

Durante la segunda visita, una hermana nos acompañó hasta la salida. Conversando con nosotros nos ofreció su tiempo de oración por nuestra dolencia. Detalle que sin duda agradecimos y posteriormente sentimos en nuestra alma y corazón.

Tips de Viajero:

  • Dirección: Calle 8 S/n Entre 54 y 55 Villa Elisa – Buenos Aires.
  • Horarios de Misa:
    • Lunes a Domingo 08:00 hrs.
  • Si llegan hasta aquí pueden visitar El Árbol de Cristal de la reserva de la biosfera.
  • También pueden recorrer la República de los Niños.
  • Llegar hasta City Bell y La Plata.

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1 comentario

Nélida Simonassi December 5, 2021 - 2:43 pm

Que hermosa descripción del lugar. No lo conozco pero está tan bien descripto que me parece estar ahí. Que Ntra Madre de la Medalla Milagrosa los bendiga

Reply

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