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Dios no nos espera, nos busca

por Pbro. Tomás Trigo
Dios te quiere

Escuchar aquí el episodio Somos de la familia de Dios

El Señor es siempre fiel a su palabra. Nos quiere siempre. También cuando cometemos el error de no serle fieles. Sí, Él nos sigue queriendo. Y no se queda esperando, con los brazos cruzados, a que regresemos. No se queda en su casa diciendo: “Allá él. Ya sabe que estoy aquí. Ya sabe el camino. Si quiere volver, que vuelva”.

La parábola del hijo pródigo es una maravilla. Pero no lo puede decir todo. Uno podría pensar que lo único que hace Dios es esperar pacientemente a su hijo, y no es así. Hay que mirar a otra parábola, la del buen pastor. 

El buen pastor, que representa a Jesucristo, deja las noventa y nueve ovejas en el redil y se va en busca de la que se había perdido. No descansa: busca, llama una y otra vez a su oveja para que, al reconocer la voz de quien más le ama, se oriente de nuevo. Y cuando la encuentra, la abraza, la pone sobre sus hombros, y regresa contentísimo para unirla a las demás en la seguridad del redil, al que los lobos no pueden acercarse. 

Jesús no se queda esperando, con los brazos cruzados, a que el pecador regrese. Jesús está mucho más interesado, mucho más “preocupado” que cualquiera por mi salvación, tiene más poder que cualquiera para atraerme a la verdad, y no se olvida de mí ni por un instante. Porque yo, como tú, le he costado a Jesús toda su Sangre.

¿Pensamos quizá que a Jesús, que murió por cada uno en la Cruz, le da igual que uno se salve o se pierda? Ni hablar. Él busca al hijo que se ha ido, y sufre por ese hijo, y no se queda tranquilo hasta que lo halla.

«Yo mismo buscaré a mi rebaño y lo apacentaré. Como recuenta un pastor su rebaño cuando está en medio de sus ovejas que se han dispersado, así contaré mis ovejas y las recogeré de todos los lugares en que se dispersaron en el día de niebla y oscuridad» (Ez 34, 11-16).

«¿Acaso me agrada la muerte del impío, oráculo del Señor Dios, y no que se convierta de sus caminos y viva?», dijo Dios a través de Ezequiel (18, 23). Y si eso es lo que quiere, podemos estar seguros de que pondrá todos los medios para conseguirlo, respetando, al mismo tiempo, nuestra libertad. 

Hay padres cristianos que están muy dolidos y preocupados porque uno o varios de sus hijos, a pesar de la educación cristiana que han recibido desde la cuna, se han apartado de Dios. 

Esos padres y madres sufren porque saben que sus hijos han elegido el camino equivocado, y han dejado el único Camino que conduce a la felicidad.

Pero, a la vez, deben encontrar consuelo en esta verdad: Jesús está más “interesado” que ellos en conseguir que sus hijos regresen a la casa del Padre, porque son hijos de Dios.

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