Palabra: Unidad lingüística, dotada generalmente de significado, que se separa de las demás mediante pausas potenciales en la pronunciación y blancos en la escritura.
No sé si el lector lo hará, pero con cierta frecuencia escucho tertulias o debates deportivos en la radio o los veo en televisión. Y de ellos, lo que más me llama la atención es el uso que hacen de las palabras, de ciertas palabras. Fracaso; humillación; vergüenza, etc., se vierten sin miramientos. Sin reparar en que el destinatario de esas palabras es una persona. Y, en muchos casos, esas expresiones son empleadas por periodistas, para quienes la palabra es la herramienta principal con la que desempeñan su oficio.
Y pensando en esto recordé lo que se lee en el primer versículo del Evangelio según san Juan: “Al principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios”. Es decir que cuando hablamos, cuando nos dirigimos a otra persona -no importa la edad que ésta tenga- estamos viviendo nuestra fe. Estamos haciendo uso de un don que Dios le concedió sólo al ser humano.
Es por eso -me parece a mí, ya que el lector podrá tener otro parecer- debemos tener en cuenta a quien nos dirigimos y en que circunstancias lo hacemos. Cuenta el entrenador de fútbol Pep Guardiola que a Messi le debía hablar poco, en un tono tranquilo. En tanto, en el documental que se puede ver en Amazon sobre su actual equipo, el Manchester City (Todo o Nada se titula) se lo ve a Guardiola dirigirse a los jugadores que entrena, en el entretiempo de un partido con un tono fuerte, usando hasta malas palabras, seguramente porque entendía que era la manera necesaria de expresarse y sabía que los jugadores comprenderían el sentido de sus palabras.
Si nos fijamos, en el primer versículo del capítulo 12 del Génesis Dios se dirige a Abrán en tono imperativo: “El Señor dijo a Abrán: -Sal de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tus padres, y vete a la tierra que yo te indicaré…” Nada de por favor o si te apetece. En cambio, a lo largo de la Biblia, muchas veces Dios nos habla con tono paternal y nos dice “No temas, yo estoy contigo”. Valgan para certificar esto que he escrito los siguientes pasajes bíblicos:
“Yo estoy contigo: te protegeré dondequiera que vayas, y te haré volver a esta tierra. No te abandonaré hasta haber cumplido todo lo que te prometo».
Génesis 28,15
Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Lucas 1,30
Las palabras son la expresión de lo que previamente pensamos, su verbalización. Y muestran la coherencia de nuestros actos o su incoherencia. Mi párroco suele decir que es en la calle donde se ve si en verdad somos tan piadosos como nos mostramos en misa. O que cuando más humanos seamos, más cristianos seremos. Es decir, que será contradictorio rezar en misa que “perdona nuestros pecados como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” si luego no pensamos lo que decimos, cómo y a quién se lo decimos. Porque como dice el versículo 9 del primer capítulo del Evangelio según san Juan: “La Palabra era la luz verdadera, con su venida al mundo ilumina a todo hombre”.
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