El Papa Francisco estableció la fecha de canonización de siete beatos, que no se había podido fijar a causa de la pandemia, tal como lo había decretado en el Consistorio público ordinario del pasado 3 de mayo. Los nuevos santos serán: Lázaro, llamado Devasahayam; César de Bus; Luigi Maria Palazzolo; Giustino María Russolillo; Charles de Foucauld y María Domenica Mantovani
El Santo Padre estableció la fecha de canonización de siete beatos, que no se había podido fijar a causa de la pandemia, tal como lo había decretado en el Consistorio público ordinario del pasado 3 de mayo. Así lo informa la Oficina de Prensa de la Santa Sede en un comunicado en el que se recuerda que serán canonizados:
Lázaro, llamado Devasahayam, laico, mártir;
César de Bus, sacerdote, fundador de la Congregación de los Padres de la Doctrina Cristiana;
Luigi Maria Palazzolo, sacerdote, fundador del Instituto de las Hermanas de los Pobres – Instituto Palazzolo;
Giustino María Russolillo, sacerdote, fundador de la Sociedad de las Divinas Vocaciones y de la Congregación de las Hermanas de las Divinas Vocaciones;
Charles de Foucauld, sacerdote diocesano;
Maria Francesca di Gesù (nacida Anna Maria Rubatto), fundadora de las Hermanas Terciarias Capuchinas de Loano;
María Domenica Mantovani, cofundadora y primera superiora general del Instituto de las Hermanitas de la Sagrada Familia.
En efecto, en aquel Consistorio el Papa había destacado la “vida cristiana y ejemplar santidad” de los futuros siete nuevos santos, cuya fecha de canonización no se había podido establecer a causa de la emergencia sanitaria por el Covid-19.
Entre ellos destacan Charles de Foucauld, sacerdote diocesano, “pobre entre los pobres” y Maria Francesca di Gesù, nacida Anna Maria Rubatto, fundadora de las Hermanas Terciarias Capuchinas de Loano, quien Murió en Montevideo en 1904.
Ahora Su Santidad decidió que el rito de canonización de estos siete beatos se celebre el 15 de mayo del próximo año 2022.
Charles de Foucauld, sacerdote diocesano
Antes de convertirse en el “Hermano Carlos de Jesús”, el joven Charles, nacido en Estrasburgo, había emprendido la carrera militar, siguiendo los pasos de su abuelo, que lo había criado cuando quedó huérfano de padres a los 6 años. La fe, el futuro beato, la había dejado de lado durante su adolescencia, pero durante una peligrosa exploración en Marruecos, en los años 1883-84, surgió en él una pregunta: “¿Existe Dios?” “Dios mío, si existes, permíteme conocerte”, fue su petición, que ya adquiría los rasgos de esa oración incesante que caracterizó toda su vida. De regreso a Francia, De Foucauld se lanzó a la búsqueda y pidió a un sacerdote que le instruyera. Luego peregrinó a Tierra Santa y allí, en los lugares de la vida de Cristo, encontró su vocación: consagrarse totalmente a Dios, imitando a Jesús en una vida oculta y silenciosa. Ordenado sacerdote a los 43 años (1901), Charles De Foucauld fue al desierto argelino del Sahara, primero a Beni Abbès, pobre entre los más pobres, y luego más al sur, a Tamanrasset, con los tuareg del Hoggar. Llevaba una vida de oración, meditando continuamente la Sagrada Escritura, con el deseo incesante de ser el “hermano universal” para cada persona. Murió a la edad de 58 años la noche del 1 de diciembre de 1916, asesinado por una banda de merodeadores que pasaba por allí. Benedicto XVI lo beatificó en 2005.

Lázaro, llamado Devasahayam, laico, mártir
Lázaro, conocido como Devasahayam, fue el primer laico indio en ser beatificado, un hombre de familia y un mártir. Hijo de un brahmán del reino hindú de Travancore, pertenecía a la alta casta de los guerreros. Se convirtió al cristianismo de adulto y recibió el bautismo a los 33 años. Esta conversión fue considerada una traición y un peligro para la solidez del reino. Por ello, fue detenido, humillado y torturado por los funcionarios, que luego ordenaron matarlo. ¿El cargo? Abjuración del hinduismo. Benedicto XVI lo inscribió en el registro de los beatos en 2011.
Maria Francesca di Gesù
Nacida en el Piamonte, Anna Maria Rubatto se dedicó durante años a ayudar a los pobres de Turín, visitando a los enfermos en el Cottolengo y trabajando constantemente en el Oratorio de Don Bosco. Fundó en la ciudad de Loano, cerca de Savona, el Instituto de las Hermanas Terciarias Capuchinas y luego partió hacia América Latina, donde se esforzó por servir a los pobres. En 1892 llevó a sus hermanas a Montevideo, en Uruguay, y de allí, al poco tiempo, a Argentina y Brasil. Siete veces la Madre Francisca cruzó el océano para acompañar y visitar a sus hijas. Murió en Montevideo en 1904 y fue beatificada ochenta y nueve años después por Juan Pablo II en 1993.
Maria Domenica Mantovani
Fue la primera superiora del Instituto de las Hermanitas de la Sagrada Familia, que fundó junto con el beato Giuseppe Nascimbeni, su guía espiritual, que la quiso como colaboradora para la fundación del Instituto. Fue una figura determinante en el desarrollo del carisma y la espiritualidad. Dedicó toda su vida, hasta el final de sus días, al humilde servicio de los pobres, los huérfanos y los enfermos. Juan Pablo II la declaró beata en 2003.
César De Bus
Nacido en Provenza y educado por los jesuitas, fue un sacerdote que se dedicó a la predicación y a la catequesis y fundó la Congregación de los Padres de la Doctrina Cristiana en 1572, con el objetivo de formar a los fieles. Llevó a cabo esta tarea con un estilo sencillo y pobre, cercano a la gente, a través de una catequesis fácilmente comprensible. Murió la mañana de Pascua de 1603 en Aviñón. Pablo VI lo declaró beato en 1975.
Luigi Maria Palazzolo
Sacerdote de Bérgamo, fundó las Congregaciones de las Clarisas y de los Hermanos de la Sagrada Familia para acoger a niñas huérfanas y más pobres. También creó escuelas nocturnas para jóvenes y adultos. La labor educativa y la formación religiosa que ofreció fueron tan eficaces que unos cuarenta jóvenes del Oratorio optaron por hacerse sacerdotes. Sometido a un sufrimiento físico y moral, murió a la edad de 58 años. En 1963 Juan XXIII lo beatificó.
Giustino Maria Russolillo
Sacerdote de Pianura, en la provincia de Nápoles, vivió su vida y su ministerio al servicio de las vocaciones, para lo que fundó una sociedad de sacerdotes. Fue predicador, conferenciante y escritor. La catequesis permanente y la atención pastoral a las familias transformaron su comunidad parroquial, que se convirtió así en una “casa de santidad” y en la cuna de numerosas vocaciones. También extendió sus actividades a los sacerdotes y religiosos con dificultades. También ayudó a los jóvenes a formar familias cristianas. Debido a su incansable trabajo, sufrió varias incomprensiones; siempre ofreció estos sufrimientos a la Virgen María. Benedicto XVI lo contó entre los beatos en 2011.
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