Gracias Señor, por recibirme a tu lado. Tantas veces me siento frente a Ti para pedirte ayuda, y aún la necesito, pero hoy sólo quiero darte gracias.
En este tiempo de serenidad contigo, quiero darte gracias por la Eucaristía, que es la plenitud del amor, y porque eres pan que se parte; se parte y comparte entre nosotros en un acto de entrega absoluta, como en tu Pasión.
Te doy gracias porque en cada una de las misas, y en la paz del Sagrario, tu Cuerpo y Sangre son la manera de hacerte presente para curar las heridas de mi corazón, y darme fuerzas para sembrar tu amor entre los más necesitados.
Te doy gracias, Señor, porque cada Eucaristía es un caminar hacia la vida eterna, hacia la reconciliación, en la certeza de la gran victoria de tu amor sobre el pecado y sobre la muerte.
Amén
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