Señor, estoy sentado frente a Ti en el Sagrario en este día tan especial. Pienso en todos los que se han adelantado en el camino y están en tu presencia. Pienso en mi familia, mis amigos, y también en todos los bebés que no pudieron ver la luz. Pienso en todos los que perdieron la vida por la violencia… Siento una opresión en el pecho, y mis ojos se llenan de lágrimas.
Pero estás aquí conmigo y puedo sentir tu ternura. Sé que me entiendes, porque Tú lloraste por tu amigo Lázaro, a quien luego trajiste de nuevo a la vida.
Señor Jesús, hazme entender con el corazón que el centro de nuestra fe es tu resurrección y, por lo tanto, nuestra resurrección. Dale paz a mi alma para que pueda repetir con certeza y gratitud tus palabras: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás».
Amén
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