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Meditación del día 19 de julio

por Pbro. Luis A. Zazano
Mateo 13,24-43

Evangelio según san Mateo 13,24-43

Jesús propuso a la gente otra parábola:
“El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;
pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.
Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña.
Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: ‘Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?’.
El les respondió: ‘Esto lo ha hecho algún enemigo’. Los peones replicaron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’.
‘No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo.
Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero'”.
También les propuso otra parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.
En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas”.
Después les dijo esta otra parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa”.
Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas,
para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.
Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña en el campo”.
El les respondió: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;
el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno,
y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo.
El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal,
y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes.
Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!”

Propuso a la gente

1) Sembró: Venimos sin nada y nos vamos sin nada. Dejamos familia, amigos, todos los grandes éxitos, fama, riqueza y poder o dominio que hemos luchado y malgastado en nuestra vida. Y llega el momento determinado que morirse es fácil físicamente, pero lo que nos fortalece la vida y el corazón es asumir quienes somos. Cuando te das cuenta que la vida no pasa por tener o por placer, sino por quien soy y saberme bajo las manos de Dios, mi vida cambia y la de los que me rodean también.

2) Enemigos: Momentos determinados de placer o de dopamina siempre tendremos, pero es algo momentáneo, como cuando te subís a una montaña rusa o cuando ves una película que te gusta. Pero la felicidad es más produnda, es lo que conocemos como la serotonina, porque es la convicción del corazón. Es saber que incluso, cuando paso algo mal, o algún momento malo, puedo salir adelante porque sé que Dios está en mí, que la fuerza está en mí. Eso ningún enemigo me lo puede quitar. La libertad depende del carácter y el carácter es algo que vamos formando con lo que nos sucede en la vida misma y el aprendizaje que vamos sacando de todo, incluso de lo malo. En estas últimas semanas me tocó atender a mucha gente que deseaba morir y que intentó matarse; y cuando les pregunto qué les apasiona no saben qué decir. Por eso, hoy te planteo que tu gran enemigo es tu propia desilusión y el cansarte de vos. Por eso, aprende a soñar en grande y ver a Dios en todo.

3) Peones: Nunca tomes decisiones cuando estés cansado, de mal humor o bajo presión. Espera siempre que la tormenta pase. Regálate el “déjamelo pensar”. No prometas cuando estés eufórico, no contestes cuando estás enojado y no tomes decisiones cuando estás exhausto. El agotamiento mental genera serios problemas emocionales. Es ahí donde empezamos a pensar: no me gusta mi trabajo, ni mi matrimonio, no me gusta mi vida ni me gusto a mí mismo, etc. Hasta llegas a sentirte enojado con Dios, incluso a culparlo. Esto nos pasa a todos y hasta a mí me pasa que, cuando estoy exhausto, no pienso claramente. Algo peor a esto es no pedir ayuda y siempre somos más vulnerables cuando estamos solos. Necesitamos el apoyo de personas que nos quieran y nos conduzcan y nos conozcan de verdad. Déjate ayudar por los peones de la vida que te pone el mismo Dios. Algo bueno está por venir.


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