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Con paz interior algo bueno está por venir

por Editor mdc
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“Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por Él”

Junto con los ángeles, digamos a una sola voz: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por Él” (Lc. 2,14).

En esta época previa a la llegada del Niño Dios preparemos el corazón para que Él nazca en nuestro pesebre interior y sea luz que nos guíe en el diario caminar (Lc. 1, 76-80).

Por eso vayamos en alegría y en paz, Dios viene a nosotros (Is 9,2-7). No es un decir o algo que se escribió hace miles de años. Viene a nosotros en cada Eucaristía, en cada Adoración al Santísimo que hacemos, en cada hermano necesitado, porque Cristo vive en mí y vive en ti (Jn 6,48-69). Sería lindísimo poder decir que cada día de mi vida es una nueva Navidad porque Cristo viene no solo a mí sino a cada uno de mis hermanos (Lc. 2,1-7).

En esta preparación para el Jubileo también vayamos en paz. Es un bien tan necesitado… no solo en el mundo, sino en nosotros mismos. En octubre el Santo Padre nos ha llamado a orar por la paz en este año tan especial de la oración. Pero, ¿qué es la paz? ¿Cómo vivo esa paz interior? Si nos vamos a su definición, dice: “Relación de armonía entre las personas, sin enfrentamientos ni conflictos”. Si hablamos de paz interior pensamos en sentir una tranquilidad interna, aunque con frecuencia nuestra vida no es así. Muchas veces vamos a los sobresaltos o, por ejemplo, en esta etapa de fin de año corremos más de lo usual cerrando nuestras actividades del año lectivo, trabajando o tal vez preparándonos para la celebración de Navidad.

Al esperar estabilidad, debemos tener en cuenta que la inquietud en una etapa de la vida puede ser un gran aprendizaje (Mt 8,23-27). La paz no está supeditada a los estados de ánimo, sino que va mucho más allá (Jer 17,7-8). Es un don que Dios nos regala, es Él mismo quien nos da la paz (Mt 5,9). Por eso la aceptación, el conocernos a nosotros mismos y abrazar nuestra historia ―con los sinsabores y las alegrías cotidianas― es un gran paso en esta búsqueda (Jn 14,26-27).

Santa Teresa de Ávila habla en su libro de las moradas de que tenemos un castillo interior con muchas habitaciones y en el centro de la séptima morada vive Su Majestad (Ga 5,22). Por eso, para encontrar esa paz debemos mirar hacia adentro y, como nos enseña esta santa, ir atentos porque al inicio podemos encontrar alimañas de todo tipo. Es necesario traspasarlos para llegar a nuestro centro, donde está el Rey (Sal 97).

Ahora bien, ¿por dónde empezar? En esto nuestra gran maestra es María, con su “hágase en mí según Tu Palabra”. Simplemente, recorramos este camino de su mano, confiemos y entreguemos nuestras preocupaciones a Dios (Lc. 1,28-38). Es verdad que en esta época los conflictos están a la orden del día. Para afrontarlos desde la fe, la encíclica Pacem in Terris de Juan XXIII cobra actualidad, nos invita nuevamente al diálogo (Flp 4,4-9). Entonces, es buen momento para pensar: ¿qué hago yo para contribuir a que haya paz? ¿Soy dócil? Soy libre para elegir (Ef. 4,1-6).

Camino a Belén, José y María fueron rechazados cuando pedían alojamiento y debieron refugiarse en un pesebre. Luego tuvieron que huir a Egipto porque Herodes perseguía al Niño Dios. Debieron superar numerosas dificultades, trabajar y esforzarse, para volver a Nazareth ―recordemos que en ese momento no había electricidad, ni autos o aviones para trasladarse (Lc 1,45-56). Con valentía, tomaron el volante de sus vidas, y nosotros estamos invitados a hacer lo mismo (Jn 16,33).

Qué mejor que iniciar este camino de paz en esta etapa previa a la Navidad, para preparar así los corazones que Jesús quiere transformar con su ternura y amor (Sal 62).

Hoy, como Iglesia, a una sola voz cantemos:

Noche de paz, noche de amor
Todo duerme en derredor
Entre los astros que esparcen su luz
Brilla anunciando al niñito Jesús
Brilla la estrella de paz
Brilla la estrella de paz.

Noche de paz, noche de amor
Jesús nace en un portal
Llene la tierra la paz del Señor
Llene las almas la gracia de Dios
Porque nació el redentor
Porque nació el redentor.

Noche de paz, noche de amor
Todo canta en derredor
Clara se escucha la voz celestial
Llamando al hombre al pobre portal
Dios nos ofrece su amor
Dios nos ofrece su amor.

Noche de paz, noche de amor:
oye humilde el fiel pastor
coros celestes que anuncian salud,
gracias y glorias en gran plenitud
por nuestro buen Redentor,
por nuestro buen Redentor.

Noche de paz, noche de amor:
ved que bello el resplandor
luce en el rostro del niño Jesús,
en el pesebre del mundo la Luz,
astros de eterno fulgor,
astros de eterno fulgor.

Por eso, con paz interior algo bueno está por venir.

Autor: una voluntaria que hasta el cielo no quiere parar.


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