San Marcos, evangelista, nos invita a llevar la Buena Nueva con la fuerza del león y en las alas del Espíritu Santo.
¡Paz, amados de mi alma!
Soy san Marcos, El Evangelista.
Nací en Jerusalén. Cuando era niño, mi madre abría nuestra casa para que los discípulos de Jesús se reunieran a orar.
Pedro, fue mi maestro y me enseñó con amor y fuego quién es Jesús.
Acompañé a Pablo en sus viajes, llevando la palabra de Dios a los pueblos de la tierra.
Con todo lo que escuché, ví y guardé en el corazón, escribí el evangelio, en el que muestro a Jesús sanando, caminando, sirviendo y amando hasta el extremo.
Mi símbolo es un león con alas, porque anunció con fuerza la Buena Noticia que vuela con el soplo del Espíritu por todo el mundo.
Fundé en Egipto, Alejandría, una comunidad cristiana que siguió a Cristo en medio de muchos desafíos y dificultades. No busqué gloria para mí. Solo quise ser su voz, su testigo.
Jesús me enseñó a amar mucho a los niños.
No tengan miedo de acercarse a Jesús, Él los recibe con alegría.
Recuerden: ¡¡Confíen en Dios porque son muy amados y su corazón es un tesoro!!
Y el Reino de Dios se recibe… como un niño.
¡¡Los invito a ser pequeños leones alados!! ¡¡Ánimo!!
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