Evangelio según san Mateo 5, 1-12
Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.
Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
“Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.”
Felicidad
1) Al ver: La privacidad es “poder”, porque lo que la gente no sabe no lo puede destruir. Y no siempre es por maldad, sino porque muchos miran con envidia en lugar de con curiosidad y hambre de aprendizaje. Cuando pasa eso escuchan para criticar y juzgar, más que para entender. Observan no para alegrarse sino para compararse. Por eso los movimientos más potentes se hacen en silencio. Las mejores ideas se construyen en total discreción. Aprendí que es mejor que vean el resultado y no el proceso. Porque la privacidad no es esconderse, sino más bien es proteger lo importante hasta que sea lo demasiado tarde y fuerte para ser destruido.
2) Pacientes: Para ir a pelear una batalla asegúrate primero que sea tu propia batalla. Uno no puede pelear las batallas de tus padres, de tus hijos o las de tus nietos o las de tu hermano. Pelea tu propia batalla. Pue la vida es muy corta. En el tramo de mi vida aprendí a ver que la vida es corta y hay que saber ver cuál batalla pelear. Por eso, también se aprende a valorar el tiempo porque el tiempo es tu mejor arma. Hay que escoger las situaciones y las batallas que merecen la pena luchar. No malgastes tu tiempo batallando peleas sin importancia y combates sin sentido, porque te agotan y no ganas nada, solo terminas perdiendo paciencia. Yo, que ya me doy cuenta que estoy más cerca de la tumba que de la cuna, voy aprendiendo a pelear y a discernir qué batallas pelear y qué cosas no vale la pena ni escuchar.
3) Felices: Cuando uno ama deja que el otro decida. De ese modo uno no sabe si está amando o lo tienen prisionero. Jesús nos muestra que por causa de la maldad el amor de muchos se termina enfriando, incluso amar pasa a ser una debilidad. También aparece el complejo mesiánico de querer ser todo para todos, o querer hacer felices a todos. Por eso, el que se pone como mesías termina crucificado. Jesús respeta tanto la libertad que no sanaba a quien no quería. Preguntaba “¿Qué quieres que haga por ti?” Porque hay gente que no quiere ser sanada, porque disfruta el victimismo. Incluso gente que no quiere ver, porque disfruta la dependencia y el bastón blanco y no quiere salir de su ceguera. Hay gente que colecciona enfermedades porque desea que lo miren y llamar la atención: enfermedad que le contás es enfermedad que tiene (“Ah, sí esa enfermedad la tengo yo”). Pero Jesús siempre respeta tu libertad. Por lo tanto, si quieres caminar a la felicidad, busca siempre desde la libertad y el discernir. Algo bueno está por venir.
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