Madre querida, tómanos de la mano y no nos sueltes nunca
María, Madre nuestra, venimos a tus brazos con el corazón abierto, cansados muchas veces por las luchas de la vida, pero llenos de esperanza porque sabemos que jamás abandonas a tus hijos. Tú conoces nuestras lágrimas silenciosas, nuestras heridas y también nuestros sueños más profundos.
Hoy te pedimos que cubras a nuestras familias con tu manto, que enciendas nuevamente la fe donde se está apagando la esperanza y que nos enseñes a mirar a Jesús con un corazón humilde y confiado. Danos fuerzas para seguir adelante aun en medio de las tormentas, y regálanos la paz que solo viene del cielo.
Madre querida, tómanos de la mano y no nos sueltes nunca. Que cada paso de nuestra vida sea guiado por tu amor y que nuestras palabras puedan llevar consuelo, fe y luz a quienes más lo necesitan.
Amén
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