Señor Jesús, hoy me postro ante Ti en el Santísimo Sacramento, reconociéndote como el único fundamento firme de mi vida, la Verdad que sostiene todo.
Tu Evangelio me desafía a edificar sobre la roca. Muchas veces construyo sobre arena: sobre mis planes o emociones pasajeras, sobre la aprobación ajena o seguridades materiales. Por eso, cuando llegan las tormentas, todo se tambalea.
Hoy vengo a pedirte la gracia de ser dócil a tu Espíritu, de escucharte y de vivir tu Palabra, para que tu amor, tu perdón y tu entrega se reflejen en mis decisiones, en mis acciones y en mi trato con los demás.
Jesús, sé Tú mi roca. Que en medio de toda tormenta, yo permanezca firme porque mi vida está edificada sobre Ti.
En tus manos pongo mi vida, mis proyectos y mis fragilidades.
Amén
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