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Meditación del día 10 de agosto

por Pbro. Luis A. Zazano
0810 Juan 12,24-26 FB

Evangelio según san Juan 12, 24- 26

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.

San Lorenzo

1) Solo: Recuerda que el contenido es lo importante y no el envase. Así que deja de estar mirando cómo se viste aquel o aquella o qué tipo de vehículo tiene esta persona o la otra. Nuestras limitaciones son muy buenas para mantenernos conectados con Dios. Nos recuerdan qué necesitamos en el interior. Cuando las cosas nos van bien en la vida es tentador, porque nos hace pensar que del éxito se trata la vida. Y comenzamos a ir en pos de la victoria o la prosperidad o la influencia o el poder o las redes sociales y, lo más probable, es que cuanto más nos va bien, menos oramos. Tenemos éxito cuando estamos lejos de Dios (creemos) y fracasamos cuando estamos cerca de Él, porque cuando fracasas es una oportunidad para aprender y crecer. Trata de permitirte que tus fracasos obren a tu favor. Deja que tus errores te acerquen más a Dios. La otra vez en misa le decía a la comunidad de la parroquia a donde estoy: “Fracasen más, pero fracasen más cerca de Dios, más cerca de la fe”. Uno no cae de la gracia, sino que cae EN la gracia. Todo esto nos hace ver nuestras debilidades y nos da empatía con los demás. Esta situación nos ayuda a identificarnos, y nuestras conexiones se mantienen auténticas, nos dan credibilidad para decir “Yo también he caido en eso y, ¿sabes qué? vamos a salir adelante”. Por eso, cuando escucho a alguien que me dice: “Estoy pasándola mal, estoy con depresión, caí en este pecado”; le digo “Te entiendo, porque yo también lo pasé”. La verdadera empatía es un regalo poderoso que puedes dar solo si pasaste por algo similar. Por eso, no estás solo y no dejes solo a nadie. Te aseguro que podés ayudar más desde tu experiencia que desde tu intelectualidad. Por eso, hay muchas veces que tengo que decir: “Te entiendo, tal vez no le encuentro una solución a esto, pero te acompaño”.

2) Fruto: Séneca decía que “Ningún viento es favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige”. Por eso, el fruto de tu vida es tener en claro hacia dónde dirigís tu vida. No dejes que el acelere de este ritmo de vida que llevas te haga perder el rumbo. Volvé a poner tu mirada en las cosas esenciales de tu vida. Con el tiempo me fui dando cuenta que le dediqué momentos de mi vida a cosas y personas que no me ayudaban a dar fruto, sino que me llevaban a secarme y sin frutos.

3) Servidor: Uno puede conocer muchas cosas de Dios, pero capaz que no el corazón de Dios. Eso lleva a no usar el talento para Dios, el talento que Dios te ha dado. Vos o yo podemos ser unos servidores inútiles cuando nos quedamos en solo conocer a Dios, pero no arriesgarnos a experimentar su amor. Ese amor se logra dando y entregando. Hay veces que creemos que Dios está pendiente de que si caemos en pecado o que nos está controlando si hacemos bien o mal, o como una caja de puntajes. Hay gente capacitada que no hace cosas por miedo a no contaminarse con los “mundanos”, o por miedo a “si me junto con gente no cristiana me van a contaminar a mi”, o “no voy a visitar al padre tal porque me contaron que está llevando una vida pecaminosa”, o “no visito a ese enfermo porque me contaron que hizo yoga”. Mira, siento que no me he contaminado y eso que traté con drogadictos, prostitutas y hasta con curas alcohólicos y me comprometí a ayudarlos. Recordá que mayor es el que está con nosotros que quien está en el mundo, y lo tenemos a nuestro lado, que es Jesús. Si lo tenés a Dios todo lo podés transformar. Podemos estar trabajando para las cosas de Dios, pero sin tener el corazón ahí y el servicio implica el riesgo de ir a ensuciarse las manos para sacar al que está ensangrentado, sucio por la vida. Algunos por temor a cometer un error no hacen nada y otros por temor a tomar una decisión equivocada no toman ninguna. Lo triste es que algunos pierden la oportunidad y solo ofrecen “excusas”. Somos tan duros y nos olvidamos de cómo nos ama el Señor. Ser serviciales en esta vida es llevar un poco de ese amor. Ruego a Dios de que nos dé el don de ser una Iglesia más humana, porque creo que por dedicarnos a hablar y estudiar tanto del reino nos hemos olvidado del simple gesto humano de preguntar al otro “¿Cómo estás?”. Algo bueno está por venir.


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