Evangelio según san Lucas 9,46-50
Entonces se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande.
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo,
les dijo: “El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande”.
Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros”.
Pero Jesús le dijo: “No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes”.
¿Quién es el más grande?
1) Pensamientos: Dios quiere sanarnos, quiere que nos reconciliemos con nosotros. Por eso, cuando unos se ve como un ser insignificante está propenso a una vida de abusos, porque la gente huele que te ves insignificante y se aprovecha. Cuando uno se ve insignificante atrae a personas que acentúan tu imagen desvalorizada. Hay gente que anda oliendo quién se desvaloriza y le pone un pie encima. Hay mujeres que huelen a hombres que se sienten insignificantes y los toman y les gusta usarlos; como así también hombres con mujeres, gerentes o encargados y me animo a decir curas o monjas o hasta incluso pastores o rabinos. Porque no es por oficio o creencia, es algo de la humanidad. Una vez escuché a un compañero de la escuela que nos decía “Yo cuando me case quiero una mujer que solo pida comida, cama y casa”. Era una persona que quería tener alguien para abusar psicológicamente. Por eso, cuando una mujer se sana de este tipo de persona encontrará que descubre su identidad en Dios y es libre de la cautividad de la mente. Hay mujeres que intentan rebajarse a lo que piden estos hombres para que las amen, pero esos tipos vieron el precio y no lo pueden pagar, por eso las buscan rebajar.
2) Niño: Hay dos tipos de riquezas en la vida: la riqueza del tener y la riqueza del ser. La riqueza del tener es una circunstancia externa, como decía mi papá “La plata va y viene”. La riqueza del ser, es una experiencia interna, pero nosotros nos centramos casi siempre en la riqueza del tener, porque nos rodea y es el entorno. Pensamos que la felicidad verdadera reside allí y nos hace la vida más cómoda. Corremos tras la riqueza del tener, porque pensamos que eso nos va a producir la riqueza del ser. Con el tiempo te das cuenta de que no, porque podés tener una riqueza en el granero, tener tremenda facha y, aún así, ser pobre. El pozo sin fondo de nuestros deseos, nunca va a quedar satisfecho. Por otra parte, podemos tener muy poco y ser ricos. Pobre no es aquel que tiene poco, sino más bien aquel que carece de mucho.
3) Nuestros: El falso yo busca presentar una imagen tuya siempre perfecta. Nos mostramos que en todo nos va bien, que nunca estamos enfermos, buscamos que el mundo nos admire y que nadie reconozca cómo verdaderamente somos. La vida del impostor necesita experiencias externas para proporcionar una fuente personal de significado. El impostor es siempre lo que hace y nunca quien es. Aquel que se crea un falso yo siempre su valía es desde todo lo que hace y no desde quién es ante el Señor. Son aquellos que se siente que, si no están sirviendo a Dios, creen que no tienen valor o que Dios ya no los ama. Incluso los curas u obispos muchas veces creemos que si no están en un grupo parroquial o movimiento no es buen cristiano. Hay gente que toma valor de lo que hace y no de lo que es. Hay gente que, cuando tiene un puesto se siente bien, y, cuando ya no tienen un puesto público, hasta pierde la fe. El falso yo siempre trata de encontrar contra su identidad haciendo para el Señor, en lugar de simplemente estando con el Señor. Yo la verdad que me escondí durante muchos años de mi verdadera identidad y de mi verdadero yo a través del desempeño en mi ministerio sacerdotal. Construí una identidad a través de los audios o de la televisión o de las redes, de libros que escribí y de una agenda repleta de invitaciones. Creía que, que Dios me usara, significaba que tenía invitaciones todo el año y yo llegué a la conclusión que si la mayoría de los cristianos pensaban bien de mí, entonces no había nada malo en mí. Finalmente, me querían, no como en mi casa que, cuando era chiquito, sentía que no me amaban. Eso me llevó a buscar la valía en el mundo cristiano y el falso yo me hizo vivir por mucho tiempo en un mundo de engaño y eso hace que no podamos reconocer el vacio de nosotros, porque cualquier cosa que sea negada no se puede curar. Las heridas tapadas no curan. Algo bueno está por venir.
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