«Ánimo, soy yo; no tengan miedo» - Misioneros Digitales Católicos MDC
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«Ánimo, soy yo; no tengan miedo»

por Mons. Luis José Rueda Aparicio
Señor sálvame

«¡Señor, sálvame!»

Evangelio según san Mateo 14, 22-33

Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.

Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar.

Los discípulos, al verlo caminar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida:

«Ánimo, soy yo; no tengan miedo.»

Pedro le contestó:

«Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua.»

Él le dijo:

«Ven.»

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús. Pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo; empezó a hundirse y gritó:

«¡Señor, sálvame!»

Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:

«Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?»

En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los que estaban en la barca se postraron ante él, diciendo:

«Realmente eres Hijo de Dios.»

Palabra del Señor

Transcripción de La Voz del Pastor del 9 de Agosto de 2026

El domingo nos llena de alegría, de esperanza y de fe en el encuentro con Cristo.

Desde ya quiero invitarlos para que mañana, lunes 10, oremos por todos los diáconos permanentes de nuestro país. Mañana celebraremos a San Lorenzo, diácono y mártir, patrono de ellos y de sus familias.

Oremos también y pongamos el corazón en la Santísima Virgen María, porque el próximo sábado 15 celebraremos la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, que es asunta al cielo.

“La misericordia y
la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo”

Reflexión

Los discípulos van en la barca. Están solos. Es de noche. La tormenta se aproxima. Tienen miedo y están allí, en medio de la tempestad.

Jesús se ha quedado solo, orando con el Padre, contemplándolo, hablándole, amándolo y poniendo la vida de cada uno de nosotros en el corazón del Padre celestial, porque esa es la misión de Jesús.

Mientras tanto, los discípulos permanecen solos en la barca y la tormenta, unida a la noche, llena sus corazones de miedo.

¡Cuántas veces nos ha pasado así en la familia! ¡Cuántas veces nos sentimos en una barca, solitarios, abandonados, en medio de la tormenta y de la oscuridad! Entonces el horizonte se oscurece y parece hacerse cada vez más pequeño.

Pero Jesús se acerca a ellos y les dice:

«Ánimo, soy yo; no tengan miedo.»

Después tiende la mano a Pedro, porque Pedro quiso caminar sobre las aguas e ir al encuentro de Jesús.

En medio de la tormenta queremos caminar hacia Jesús, pero es Jesús quien camina en medio de la tormenta hacia nosotros y nos tiende la mano, como a Pedro.

Cristo tiende la mano a la Iglesia. Cristo tiende la mano a su familia y a toda la humanidad, porque solos no somos capaces.

Gracias, Señor, porque en medio de la tormenta tú te acercas y nos tiendes la mano.

Que el Señor nos bendiga y nos acompañe, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.


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