Madre buena, tómanos de la mano y llévanos siempre hacia Jesús
María, esta tarde vengo a encontrarte con el corazón dispuesto. Como un niño que busca refugio en los brazos de su madre, así llego a ti, llevando mis alegrías, mis sueños y también las preocupaciones que a veces pesan en el alma.
Dicen que una madre reconoce la voz de sus hijos aun entre miles de voces. Por eso sé que tú escuchas cada oración, incluso aquellas que nunca llegan a convertirse en palabras. Tú conoces nuestras luchas, nuestros esfuerzos y los anhelos más profundos que guardamos en silencio.
Hoy te pedimos que nos enseñes a confiar cuando el camino sea incierto, a sonreír cuando la esperanza parezca pequeña y a seguir adelante cuando las fuerzas falten.
Madre buena, tómanos de la mano y llévanos siempre hacia Jesús. Que bajo tu manto encontremos paz, consuelo y la certeza de que nunca caminamos solos.
Amén
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