San Simón Stock nos relata el día en que la Virgen María le entregó el escapulario, un regalo que nos recuerda su amor de Madre y su constante protección.
¡Queridos niños!
Soy san Simón Stock, quiero contarles que, en el año 1251, siendo superior de la Orden Carmelita, mientras oraba por mi orden que sufría persecución en Tierra Santa, ¡de pronto la Virgen María apareció ante mí!
Vestida con el hábito carmelita, sostenía al Niño Jesús en sus brazos y en su mano un escapulario, prenda tejida en el cielo, que con ternura me entregó, diciendo:
“Recibe, hijo mío, este escapulario de tu orden, señal de mi amistad, privilegio para ti y todos los que lo vistan. Quien muera con él, no sufrirá el fuego eterno, se salvará”.
Prometió también, al Papa Juan XXIII, sacar del purgatorio el sábado después de la muerte al que muriese usándolo.
El escapulario está formado por dos pequeñas piezas de tela color café, unidas por un cordón, como sacramental, representa nuestro hábito. Una lleva la imagen de la Virgen y el escudo de la Orden Carmelita, la otra lleva el Sagrado Corazón de Jesús.
Recordando aquel día y sus promesas, cada 16 de julio, la Iglesia celebra la fiesta de la Virgen del Carmen patrona de los marineros, pescadores, navegantes, por ello es llamada Estrella del Mar.
Recuerden: ¡El escapulario, es un signo de amor y protección que nos une a María! Simboliza el yugo que Jesús nos invita a cargar y que María, como madre, nos ayuda a llevar.
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