Señor Jesús, aquí estoy frente a Ti, reconociendo tu presencia real y viva en esta Hostia Santa. En el silencio del sagrario, mi corazón encuentra su descanso y se atreve a decirte:
“Mi buen Jesús, mi Redentor y amigo.” Eres mi Redentor, porque me rescataste con tu vida; y mi amigo, porque me conoces, caminas conmigo y nunca me dejas solo.
Vengo tal como soy, con mis luces y mis sombras, y te pido desde el fondo de mi corazón: “Pon tus ojos, Señor, en mí, y ten misericordia de mí.” Mírame con esa mirada que transforma, sana, perdona y fortalece.
Jesús, que al salir de este tiempo de adoración, pueda llevar tu paz y tu amor a los demás.
Amén
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