Evangelio según san Lucas 6, 6-11
Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo.
Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: “Levántate y quédate de pie delante de todos”. El se levantó y permaneció de pie.
Luego les dijo: “Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?”.
Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: “Extiende tu mano”. El la extendió y su mano quedó curada.
Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús.
Mano paralizada
1) Observaban: Cuenta la leyenda que en la ciudad de Gordio había un nudo gigante y difícil de desatar. La profecía decía que, quien desatare ese nudo gordiano, iba a gobernar toda Asia. Durante siglos los hombres más sabios de todos los reinos intentaron desatar este nudo por días y por meses. Todos los que lo intentaron fallaron. Cuando Alejandro Magno llegó a Gordio se le acercaron los sacerdotes y le dijeron: “Solamente un sabio con paciencia infinita va a poder desatar este nudo”. Alejandro Magno contempló el nudo un segundo, sacó su espada y de un solo tajo cortó el nudo. Miró a los sacerdotes, les tiró una sonrisa sútil y les dijo: “El nudo está desatado”. Por lo tanto, la enseñanza es que hay cosas que estás sufriendo por años, a las que venís dando vueltas y vueltas todo el tiempo y hasta sobrepensando todo esto, pero los problemas complejos pueden tener soluciones sencillas. La próxima vez que te sientas atorado, deja de buscarle la punta a la cuerda, y toma una decisión, actúa rápido y corta ese problema de raíz.
2) Acusarlo: Todos estamos dañados, pero no podemos andar fingiendo siempre. Por eso, es bueno parar y dar un vistazo para ver qué ocurre en el interior. Presta atención a tu interior, porque comprendí que la gente herida termina hiriendo. Hay gente que ofende y no se da cuenta que ofende y hace comentarios sobre el cuerpo ajeno: “te queda bien esto o aquello”. Pero siempre el hiriente hiere y muchas de estas heridas comienzan en la familia misma. Incluso heridas no sanadas durante muchos años que pueden transferirse a nuestros hijos. Porque lo que no permitimos que Dios sane, lo podemos transferir.
3) Levantó: Siempre hay que ser buena persona, aunque no vuelva nada o aunque no te lo agradezcan o aunque al otro le dé igual o aunque nadie lo vea. Porque ser amable no es una estrategia y mucho menos “para quedar bien”. No es para recibir nada a cambio, sino que es una decisión. Es quién se elige ser cuando no hay aplausos, cuando no hay cámaras ni celulares, cuando no hay testigos. Algo que aprendí es que cualquiera puede actuar bien cuando lo están mirando, pero el carácter verdadero se muestra en silencio. Las recompensas van y vienen, la gente cambia, las circunstancias cambian, pero tu carácter permanece y, al final del día, lo único que te acompaña es la persona que eres. Así que sigue siendo amable, sigue haciendo lo correcto. No porque el mundo lo merezca, sino porque tú decides ser así. Eso nadie te lo puede quitar y eso vale más que cualquier reconocimiento. Algo bueno está por venir.
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