Él hace los milagros y sólo necesita que yo diga que sí - Misioneros Digitales Católicos MDC
Portada » Él hace los milagros y sólo necesita que yo diga que sí

Él hace los milagros y sólo necesita que yo diga que sí

por Pbro. Carlos Padilla E.
Ofrecer pan

«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida. Jesús les replicó: – No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer»

Jesús me pide que le entregue a Él todo lo que tengo. No me pide que le dé lo que no hay en mi corazón. Quiere que me regale a mí mismo, que me dé, que me rompa pero desde mi realidad, desde lo que hay en mí: «Traédmelos. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños». Los milagros suceden. Cuando algo extraordinario, inesperado, tiene lugar, me asombro. Hay ese tipo de milagros sorprendentes que impresionan. Quizás la fe no aumenta siempre con ellos, o tal vez sí. Luego hace falta algo más. Que lo extraordinario suceda en lo ordinario, que la vida llene el corazón de esperanza no un solo día, sino todos los días de mi vida. He sido testigo de milagros impresionantes que suceden en la vida diaria. Milagros que cambian el corazón.

El corazón siente esa presencia salvadora de Dios que describe el salmo: «Abres tú la mano, Señor, y nos sacias. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente. El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente». Dios multiplica el pan y los peces en mi vida. Llena de esperanza mi camino en medio de las dificultades y me hace creer que lo imposible puede ser posible. Ese es el Dios en el que creo. Un Dios compasivo y misericordioso que se abaja sobre mí y sacia mi ansia, mi necesidad de salvación. Cuando me enamoro de ese Dios que me quiere como soy, ese es el verdadero milagro. Saberme amado cambia todo en mi vida. Porque comprendo que no estoy solo. Dios va conmigo, por eso hago mías las palabras del apóstol: «¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor». Nada podrá separarme de ese Dios que me levanta cada mañana y me dice que mi vida merece la pena y tiene sentido. Ese amor me levanta y sostiene. Entonces ningún peligro podrá minar mi corazón. Todo lo puedo en aquel que me conforta y me recuerda que merece la pena vivir, luchar y soñar con lo más grande.

Los milagros diarios son los que vive aquel que está enamorado de Dios. Porque no habrá dolor, separación, renuncia que me quite la alegría. Así quiero vivir yo cada día. ¿Quién puede alejarme del amor de Dios? Nadie, nada. No es posible porque me ha amado primero y eso le da sentido a todo. En los momentos de dolor corro el peligro de alejarme de Dios. Porque me duele su aparente indiferencia y pienso que se ha olvidado de mí. Pero no es así. Por eso es tan importante cuidar la memoria y no olvidar el amor. Porque recordar es lo que me salva. Nada podrá alejarme del amor de Dios porque ese amor es para siempre. Me salva en mis pesares, me levanta cuando vivo en soledad y me angustia la vida. Cuando todo parece oscurecerse ante mis ojos, cuando el miedo se apodera de mis entrañas. Quisiera luchar siempre, confiar siempre. Nada puede alejarme del amor de Dios. Él hace los milagros y sólo necesita que yo diga que sí, que estoy dispuesto a obedecer, a caminar a su lado cada día. Él sabrá lo que hará con mi vida aun cuando no entienda muy bien lo que quiere de mí. Sus caminos serán mis caminos. Sus noches serán claras como el día porque está conmigo. Dará de comer a multitudes con mi presencia, cuando a mí me parece algo tan insignificante.


Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumimos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no aceptarlas si lo desea. Acceptar Leer más

Privacidad & Políticas de Cookies

Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading