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Meditación del día 6 de agosto

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Mateo 17,1-9

Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado.
Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.
De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo”.
Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.
Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”.
Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.

La transfiguración

1) Aparte: A veces permitimos que nuestros miedos dicten nuestras decisiones. Tenemos tanto miedo a tomar una decisión incorrecta que, para estar seguros mejor no tomamos ninguna decisión. Leí incluso una estadística que dice que muchos de nuestros jóvenes no se han casado, no porque no amen a la otra persona, sino porque tienen miedo a casarse y cuando se casan, después, tienen miedo a ser padres. Hay veces que usamos la excusa de “Dios dame una señal”, pero la vida sin riesgos no tiene ganancias y eso lo vemos en el Evangelio de hoy. El que pide confirmación puede que se le pase toda la vida. Yo me crié en una Iglesia que era el sistema de la confirmación: “Dios, confirmame si aparece tal cosa”, “Si entra tal persona vestida de tal modo, eso me está diciendo que Dios me dice…”. En el mismo seminario me apuntaban a ello. Parecía que Dios era como un horóscopo en donde, si pasa tal cosa, entonces Dios me está diciendo… Y no. Por eso tuve hasta compañeros que estuvieron años sin decidir ser cura o no. No llegamos a entender que la indecisión ES una decisión. Creo que lo que más nos falta en la Iglesia no es más recursos, estudios o capacidades, sino más escucha y obediencia al Espíritu, como lo vemos hoy, cuando vemos en el Evangelio que dice: “Escúchenlo”.

2) Estamos: “No todos los que han muerto realmente han vivido”. Acordate de esa frase porque te puede cambiar la mirada de tu vida, porque no todo el que baja al sepulcro realmente ha estado vivo. Hasta vi gente que vive para probar algo a alguien que ya no está en su vida o demostrar algo a quien ya no está. Hay gente que vive para sobrevivir y demostrarle lo que hace a alguien que ya no está. “Yo quiero que mi ex me vea para que comprenda lo que se perdió”. “Cómo quisiera que mi papá vea lo que yo soy hoy, tanto que él me criticaba”. Hay gente que vive para las redes sociales, incluso, para que gente a quien no le importa le ponga “like”. Vivir para hacer cosas para gente que no le importas, no sirve. Te aseguro que, de los 4000 seguidores que tienes no sé si encontrarás 4 que lleven tu ataúd. Ese que te pone “like” a tu foto con filtro (seguro) es difícil que te cuide cuando estés internado o internada. No sirve vivir buscando identidad o definiendo tu vida desde el qué dirá. Hay gente que vive solo para ser aprobado por su padre o su madre; ya tiene 50 años y sigue esperando la aprobación de su papá o mamá. Por eso, pon tu mirada en el Salvador y recordá que se necesita ver y escuchar para creer, como Pedro, Santiago y Juan.

3) Tocándolo: Hoy celebramos una fiesta que nos consuela. Es tener una mirada hacia el cielo y saberse digno de Dios por su gracia. Hace unos años hacía boxeo, como una manera de distraer mi mente. Mi profesor me dijo “Luis, la toalla no te la doy cuando pelees” y le dije por qué, a lo cual me contestó: “La toalla no la tiene el boxeador para que no la tire, la tiene alguien fuera del ring, porque si la toalla se la dan al boxeador cuando le golpean el ojo o le parten la boca se rendiría, tiraría la toalla y se terminaría la pelea. Entonces no le dan la toalla”. Por eso hoy te digo a vos: “No te dieron la toalla, Dios no nos llama a rendirnos sino a permanecer”. Acordate que, a quien permanece fiel hasta la muerte, Dios no lo suelta. El deseo de rendirte siempre está presente, a mi me pasó muchas veces, pero no tenía la toalla para tirarla y miré la cruz y seguí. Hoy anímate a seguir, porque no tenés la toalla, y Jesús hoy te vuelve a recordar que después de la muerte hay vida. Algo bueno está por venir.


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