«En cada cruz de nuestra vida está Jesús»
Evangelio según San Mateo 16, 21-27
EN aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta».
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 30 de Agosto de 2026
Este es el último domingo del mes de agosto. El mes ha llegado con una prueba durísima en el comienzo, en las primeras semanas, y Colombia sigue viviendo este momento de dolor, pero seguimos acompañándonos unos a otros en el nombre de Cristo y ayudándonos.
Y precisamente hoy es la campaña Donanobis de la Conferencia Episcopal Colombiana, para que todos seamos generosos y nos ayudemos.
Salmo
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
Este Evangelio que acabamos de escuchar es el capítulo 16 de san Mateo. Jesús va con sus discípulos y Él es consciente de que la misión que Dios Padre le ha confiado pasa por el camino de la cruz.
Él lo tiene claro: va a sufrir, va a ser rechazado, va a ser condenado, va a ser crucificado, pero anuncia y preanuncia a los discípulos que va a resucitar. Es decir, que la muerte no va a triunfar, que va a triunfar la vida.
Esto lo debemos tener muy claro todos los seguidores del Señor. La misión de cada uno de nosotros tiene cruz. Y por eso Jesús le dice a sus discípulos con toda sinceridad:
—El que quiera venirse conmigo, que tome la cruz, que se niegue a sí mismo y que me siga.
Seguir a Jesús es un seguimiento con cruz. Por lo tanto, cuando nosotros tenemos cruces en nuestra vida, debemos mirar a Jesús.
Él sabe que la cruz pesa, que la cruz duele, que la cruz es además signo de amor, pero que la cruz es una puerta abierta a la vida plena por amor, por la esperanza y por la entrega en la misión.
Hoy, estamos reunidos en el nombre del Señor en cada una de las parroquias y estamos recordando que hay templos que el terremoto destruyó y que las familias se reúnen de una manera particular en escenarios improvisados: debajo de una carpa, en un parque o en un salón comunal, porque están llevando la cruz que les dejó el terremoto, pero lo hacen con fe.
Asumen la existencia con esperanza y saben que Jesucristo, el Señor, los acompaña. En cada cruz de nuestra vida está Jesús, el Crucificado, el que resucitó para darnos la fuerza de la salvación.
Quiero recordarles que estamos cuidando la casa común. Quiero recordarles que es muy importante que evitemos las quemas. El cambio climático nos pone a prueba y, si usted ama su tierra, cuídela.
Evitemos todas las quemas y los incendios forestales.
Que el Señor nos bendiga en este mes que comienza.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
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