Señor Jesús, presente aquí en el Santísimo Sacramento: te adoro y te reconozco como mi único Salvador.
Ante Ti, Pan de Vida, me presento de la mano de Nuestra Madre de la Merced. Le pido su intercesión para alcanzar de Ti la verdadera libertad.
Pongo en tus manos, Jesús, mis ataduras, mis miedos y mis pecados. Que tu amor eucarístico me sane, me restaure y me libere.
Jesús, al alimentarme de Ti, enséñame a vivir como tu Madre: llevando tu misericordia y tu consuelo a quienes viven cautivos del dolor o la desesperanza.
Amén
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