«Tarde te amé y tarde te conocí»
Evangelio según San Mateo 20,1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: «Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo debido». Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: «¿Cómo es que están aquí el día entero sin trabajar?».
Le respondieron: «Nadie nos ha contratado».
Él les dijo: «Vayan también ustedes a mi viña».
Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: «Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros».
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.
Al recibirlo, se pusieron a protestar contra el amo:
«Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno».
Él replicó a uno de ellos:
«Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?»
Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 20 de Septiembre de 2026
En este domingo dejemos que la Palabra de Dios ilumine la vida de nuestras familias. Recordemos, además, que este es el mes de la paz, para que nos comprometamos unos a otros en la reconciliación y oremos por los privados de la libertad, porque el próximo jueves celebraremos a Nuestra Señora de las Mercedes.
Cerca está el Señor de los que lo invocan.
Día tras día, te bendeciré y
alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza.
Es incalculable su grandeza.
Hace unos días alguien me preguntaba: ¿Tiene el mismo valor una persona que desde niña conoció al Señor y lo sigue con amor, y una persona que ya en la vejez recibe los sacramentos, recibe el sacramento del bautismo y por primera vez empieza a seguir a Jesucristo?
La pregunta es válida porque algunos dicen: «Yo empecé desde niño en mi casa a conocer al Señor». Otros dicen, como san Agustín: «Tarde te amé y tarde te conocí».
Pues el capítulo 20 de san Mateo nos está diciendo que, en las distintas horas del día, el Señor sale. Es el Señor que sale a buscarnos con su amor, a buscar a hombres y mujeres. Y nos está buscando a nosotros, pero está buscando a otros a través del testimonio nuestro.
Y dice: «No vayamos a sentir envidia por aquellos que reciben el Reino de Dios, la bendición y la alegría de la fe, aunque hayan llegado a la última hora de la tarde y les pague a ellos primero».
Es importante que nosotros reconozcamos que, si tuvimos la gracia de empezar desde niños el seguimiento de Cristo, es una bendición de Dios, porque lo hemos disfrutado durante más tiempo.
Pero alegrémonos con aquellos que tardíamente han conocido al Señor. En la presencia del Señor es un hoy permanente y cada momento es un momento para encontrarnos con el Señor. Ayudemos a otros a encontrarlo.
Y seguimos diciendo que en este tiempo tenemos un compromiso con la casa común. Por favor, evitemos contaminaciones. No malgastemos el agua. Cuidemos los bosques. Cuidemos los campos. Cuidemos la casa común tan bella que el Señor nos ha regalado.
Que el Señor nos bendiga y acompañe, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
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